A los pocos días tuvo lugar el conocido y muy comentado incidente de “escrache” en la playa Bondi, en Australia, seguido días después por otros similares dentro y fuera de nuestras fronteras.
La carta acusaba a Israel de mentir para crear un estado de emergencia, de realizar una “masacre”, y de “aterrorizar y dañar el alma y el cuerpo” de los habitantes de Gaza.
Desde el brote de la guerra fratricida en Siria, cuyas víctimas son principalmente civiles, todas las partes en conflicto son responsables de usar agentes tóxicos de cloro, gas sarín y gas mostaza.
En septiembre pasado, una pareja del pueblo de Sorges, en el sur de Francia, recibió un homenaje póstumo como “Justos entre las Naciones”, el más alto reconocimiento civil del Estado de Israel, por haber escondido durante cuatro años a dos niños judíos que lograron así escapar a la barbarie nazi.
Lamentablemente, nos equivocamos al pensar que después de ese horror que significó la Shoá iba a desaparecer o minimizarse el antisemitismo en el mundo.