En la mayoría de las circunstancias, aceptar dinero del enemigo en tiempo de guerra para elaborar propaganda contra tu propio bando se consideraría traición.
La pequeña comunidad judía existente en el Líbano se ha acostumbrado a mantener un perfil bajo, a menudo ocultando sus nombres y la religión con el fin de evitar el ostracismo o la hostilidad.