Mientras se celebran los 69 años del Estado de Israel, podemos adquirir mayor perspectiva histórica al recordar las épocas anteriores en que los judíos vivieron como mayoría en su tierra ancestral.
Año tras año, la noche precedente al séder, el padre recorre la casa alumbrado por la luz de una vela, los hijos caminan tras él, buscan diez pedazos de jametz escondidos previamente por la madre de los niños.
Cierto, el Todopoderoso liberó hace ya siglos a nuestros antepasados, pero uno se pregunta: ¿También a nosotros y a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros hijos?
Quisiera enfocarme en un mensaje en particular. Sabemos que la noche del séder está llena de simbolismos que nos ayudan a recordar y recrear la salida de Egipto.
La exploración y utilización del espacio ha sido el logro tecnológico más complejo de nuestra época, y a la vez el que genera un mayor impacto emocional.
Aunque de joven cambiaba frecuentemente de residencia debido a los trabajos de su padre, en líneas generales el joven Jacob creció alrededor del distrito idish, por lo que no era ajeno a sus teatros, en los que ocasionalmente aparecía en escena como extra.