La práctica de un deporte tiene inmensas ventajas para el fortalecimiento de tu cuerpo y la sanidad mental, que no son poca cosa en un mundo cada vez más arrinconado en los polos, ataviados de prejuicios milenarios, que en la mayoría de los casos la juventud se los ha tropezado en las redes sociales, casi siempre con montajes falsos o fotos sacadas de contexto, para propagar odio, violencia y sobre todo antisemitismo.
Bueno vuelvo al inicio del artículo, algo más refrescante, siendo que seis meses atrás diseñamos, por las ocurrencias de mi yerno Jaime, correr el Maratón de Viena. Ante tal objetivo nos pusimos manos a la obra, que en este caso sería como pies a la obra, empezando a organizar el viaje, entrenando con disciplina y esmero.
Los que me conocen saben que me he dedicado al running los últimos 18 años de mi existencia, después de haber pasado por varias disciplinas deportivas. Lo bueno del deporte, además de sus ventajas de estilo de vida saludable, es que da la oportunidad de conocer otras culturas, sociedades, gastronomías, en fin conocer el mundo.
Así que al escribir estas líneas ya cumplimos con nosotros, nuestra familia y amigos que siguieron con detenimiento el desenlace del maratón, que como su nombre lo indica es una prueba realmente retadora, 42,195 kiolómetros en cualquier terreno, es algo que te desafía física y, sobre todo los últimos 10 kilómetros, mentalmente.
A decir verdad, salimos muy bien librados y satisfechos con los resultados obtenidos.
Viena es una ciudad única, fue el corazón del Imperio Austro-Húngaro, muy limpia y ordenada. Alberga palacios extraordinarios como el Schönbrunn y Hofburg, que fue la residencia de los Habsburgo que trazaron la historia del imperio. Como sabemos, Austria es la cuna de la música clásica, inclusive el maratón no se inició con un disparo sino con el vals El Danubio Azul de Johann Strauss hijo.
Viena es muy popular por su repostería, pero también por sus Schnitzel (milanesa), que sin lugar a dudas es su platillo más emblemático.
Antes de la Segunda Guerra Mundial vivían en Austria alrededor de 200.000 judíos, muchos de los cuales lograron huir después de la anexión de ese país por parte de Hitler. En marzo de 1938, es decir, antes de iniciar la conflagración, con suerte aproximadamente un 66% de los judíos austríacos pudieron emigrar, entre 1938 a 1941. Entre los afortunados que pudieron escapar al exterminio se encuentran figuras de renombre mundial como Sigmund Freud, ya que a partir de ese año 1941, la emigración fue prohibida, lo que trajo como consecuencia la deportación a campos de exterminio como Auschwitz, Sobibor o Majdanek, donde fueron asesinados más de 65.000 judíos austríacos.
De Austria viajamos en tren a Budapest (Hungría), donde pudimos visitar el Barrio Judío y su emblemática y extraordinaria sinagoga, la segunda más grande del mundo, que tiene una capacidad para albergar a 3000 correligionarios. Fue construida a mediados del siglo XIX, y tiene ciertas peculiaridades arquitectónicas que combinan elementos musulmanes y cristianos, que tuvieron como finalidad ser más cónsona y aceptada con el entorno poblacional de la ciudad.
Alrededor de 600.000 judíos húngaros fueron asesinados casi al final de la guerra, cuando Hungría decidió abandonar el Eje y apoyar a los Aliados, lo que ocasionó la furia de Hitler y la invasión de Hungría en marzo de 1944, llamada la Operación Margarethe; en pocos meses se produjo la aniquilación de esa cantidad abrumadora e inmensa de nuestros hermanos.
Recorrimos el río Danubio, el segundo más grande de Europa, que dividía las ciudades de Pest y Buda, recorre diez países y desemboca en el Mar Negro, y fue testigo de los fusilamientos de judíos a sus orillas; muchos eran amarrados para que cuando cayera el primero abaleado, arrastrara al resto a sus gélidas aguas.
El 16 de abril de 2005 se inauguró un memorial para recordar estos casi 15.000 judíos, entre otros grupos que tuvieron ese final, y para ello se colocaron zapatos vacíos de diferentes tamaños que simbolizan la diversidad de edades y la ausencia absoluta de humanidad que recorría Budapest y Europa en líneas generales. La foto del artículo está relacionada con este memorial.
En definitiva, este viaje, que hice en familia, representó el haber cumplido una meta deportiva importante, pero también conectarme con la historia de nuestros hermanos. Si hay algo que ha caracterizado al pueblo judío a través de los últimos 3000 años es su memoria, como recordatorio perenne de nuestro transitar histórico, de la cadena generacional en la trasmisión del mismo, lo que nos ha mantenido unidos y fuertes.
Hoy, ante el envilecimiento más abyecto que se le hace a nuestro pueblo y al Estado de Israel, nos compromete aún más con nuestra identidad y los valores que hemos atesorado con la vida misma, de generación en generación.
Am Israel Jai.