Novedad: no cesa el amor de ser realidad y ficción compartida
Faitha Nahmens Larrazábal*
Los libros se oyen, a veces antes de escribirse. Y no solo las palabras que podrán ser convertidas en tinta susurran coquetas la posibilidad de una historia. Cesia Hirshbein, melómana y fascinada por el ritmo de una sinfonía y el que contiene toda narración según se ordenen el verbo con sus comas y puntos, comenzó esta novela cuando redescubrió al compositor Anton Bruckner.
Oírlo fue un flechazo literario. Regresar una y otra vez a la narrativa de su música se volvió necesidad, adicción, devoción. Quedó fascinada y conmovida. Tanto que esas piezas en su alma se volvieron eco y tema para tejer. Sugerencia y materia prima para el barro de la hoja en blanco.
Así, aquellos tonos y compases se convirtieron entonces en obsesivo tema no solo musical sino latido, impulso y génesis creativo, que había que traducir en letras. Fue la música inspiración para una novela de amores que la contiene como leit motiv, de la misma manera como atrapa las circunstancias decimonónicas y es recreación a su albedrío de aquellos tiempos en que colonizar dejaba de ser sueño y se volvía pesadilla. He aquí una novela de amor y de época que también incluye desamor y perennidad.
La obra cuenta cómo se fue tramando un romance impensado entre dos tan distintos y distantes. Un músico (tomado de la vida real) y la condesa (inventada) Henriette, viuda, embelesada por las interpretaciones del compositor de manos como pájaros, agitándose febriles y expresivas sobre un teclado convertido en maná de emociones. Vale arriesgar ¿y Cesia Hirshbein, mujer de donosuras, no será la condesa? Estampa tiene.
El libro cuya presentación tuvo como escenario la librería El Buscón, en el colmado patio central del caraqueño Trasnocho Cultural, fue de alguna manera un acontecimiento coral. Voces de distintos registros irán encontrando, como acopladas como complementando coloridos, la belleza de este nuevo trabajo de la profesora y ensayista que, tras tantos años habitando en los linderos de la investigación rigurosa, un buen día se zafó con el mayor gusto de las premisas recortadas con precisión de la realidad y sus hechos, para inventar, suponer, fantasear lo que no ha ocurrido, y quién sabe.
El cineasta Rodolfo Izaguirre y la poeta Marisol Marrero ayudaron a “bautizar” con pétalos la nueva obra
Quiso la profesora bucear en el fondo de las gavetas íntimas, donde anida la imaginación, y de tal forma comenzó a hacer conjeturas, propiciar cruces y trazar renglones sobre aquello nunca visto pero que pudo ser. Con el asidero de su inventiva, y anclada en ese punto de lo incierto y tan probable, lo cual es también asombroso, la también cuentista en esta ocasión construyó entornos, relaciones, amores, pesares y todo tipo de situaciones para atesorar. Esa es la verdad.
Tan creíble, asimismo, como verdadera la muerte anunciada del emperador Maximiliano de México, cuyo irrevocable destino, luego de su final, se ralentiza como suceso social, político y de la historia: los funerales y todos los protocolos luctuosos se demorarán siete, ocho meses hasta que por fin sus restos liberados llegan a la otra orilla del Atlántico para ser reconocidos, o no.
Convertido el aristócrata en un otro irreconocible para su madre, por los efectos de la muerte misma, también serán los restos del asesinado cuerpo del delito cometido por sus enemigos mexicanos. Llega por fin a Viena, y allí lloran todos al cuñado de la famosa emperatriz Sissi.
Marisol Marrero, sicóloga social, docente y poeta le toma el pulso a la narración con sabiduría y admiración. “También soy romántica, y valga esta imagen: empecé a leer la historia y a sumergirme en la vida de Maximiliano y Carlota teniendo en un florero un bastón del emperador”, desliza. “Cesia me trasladó con su verbo al mundo que reconstruyó y ese se superpuso a toda otra realidad, habité su paisaje de referencias, con música de fondo, una que es también protagonista, la del autor poco agraciado, feo y desproporcionado, que enamora con sus partituras de fe”.
Héctor Torres, narrador, hizo las preguntas: cómo te inspiraste, qué hay de ti en la obra, por qué te despediste de la realidad ¿molestaba el corsé? Rodolfo Izaguirre, intelectual caraqueño con bastón de príncipe, pidió la palabra, que siempre es suya, y, ducho en amores, alabó la nueva novela de Cesia, el desarrollo temático y su prosa seductora.
Encuentro de las mejores palabras, Cesia firmó y dedicó a sus primeros lectores el libro bautizado con pétalos. Que añadieron perfume al de los encajes en su tinta.
*Periodista.
La condesa y el organista está a la venta en las librerías El Buscón (Trasnocho Cultural) y Kalathos (Centro Cultural Los Galpones)