En el ciclo del calendario hebreo, el período comprendido entre las festividades de Pésaj y Shavuot se conoce como la Cuenta del Ómer (Sefirat HaOmer). Son siete semanas de introspección y preparación espiritual que, sin embargo, están marcadas por un tono de duelo y sobriedad. Pero al llegar el día 33 de esta cuenta —el 18 de Iyar—, la atmósfera de tristeza se interrumpe abruptamente para dar paso a una de las celebraciones más alegres y místicas del judaísmo: Lag Baomer.
Para comprender la relevancia de Lag Baomer, es necesario remontarse a la época de la Mishná, bajo el dominio del Imperio Romano en Éretz Israel. En aquella época, el gran sabio Rabí Akiva contaba con 24.000 discípulos. Estos eran hombres eruditos y virtuosos, pero la tradición señala que sufrieron una epidemia catastrófica enviada por Hashem debido a una falta ética fundamental: no se demostraban el respeto y afecto adecuados entre sí.
Esta plaga, que cobró la vida de miles de sabios, cesó precisamente en el día 33 del Ómer. Por esta razón, Lag Baomer se convierte en un Moed Katán (festividad menor), en la que se suspenden las leyes del duelo. Se retoman las celebraciones de bodas, los cortes de cabello y la música instrumental, recordándonos que el respeto al prójimo (Ahavat Israel) es el pilar sobre el cual se sostiene la trasmisión de la Torá.
(Foto: memglobal.org)
Lag Baomer es también el día de la Hilulá (aniversario de fallecimiento) de Rabí Shimón bar Yojai (Rashbi), uno de los cinco discípulos que sobrevivieron a la plaga y que se encargaron de reconstruir la cadena de trasmisión de la sabiduría judía.
La figura del Rashbi es central en esta fecha. Perseguido por los romanos por sus críticas al imperio, se refugió en una cueva durante trece años junto a su hijo, donde se alimentaron milagrosamente de un algarrobo y un manantial. Fue en ese aislamiento donde profundizó en los secretos más recónditos de la Creación, que luego se plasmarían en el Zohar, el libro fundacional de la Cabalá o misticismo judío.
El día de su deceso, Rabí Shimón reveló a sus alumnos los secretos más elevados de la Torá. La tradición cuenta que su casa se llenó de un fuego tan intenso que nadie podía acercarse, simbolizando la luz espiritual que estaba dejando como legado. Por ello, Lag Baomer no se celebra con tristeza por su partida, sino con la alegría de la revelación de la «Torá Interna».
La celebración de Lag Baomer es visualmente impactante y rica en simbolismos que conectan el pasado con el presente:
La herencia de Rabí Akiva y Rabí Shimón bar Yojai subraya una lección vital: la Torá que hoy estudiamos es la que nos llegó a través de esos pocos supervivientes. Si los 24.000 discípulos hubiesen sobrevivido, el volumen de sabiduría disponible sería inimaginable; sin embargo, lo que poseemos es suficiente para iluminar nuestras vidas si lo hacemos con el respeto y la unidad que ellos, en su momento, omitieron.
Lag Baomer nos invita a encender nuestra propia «llama interna», a valorar la sabiduría mística que da sentido a la existencia y, sobre todo, a recordar que la verdadera luz solo puede brillar cuando hay armonía entre los seres humanos. Es un día para celebrar la supervivencia espiritual de un pueblo que, a pesar de las persecuciones y las plagas, sigue bailando alrededor del fuego de su tradición eterna.
Redacción NMI.