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    Puro simbolismo, nada de sustancia: el fracaso del BDS

    Published by Yossi Bentolila on 5 mayo, 2026
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    El movimiento de boicot antiisraelí acaparó titulares tras el 7 de octubre, pero no tuvo ningún impacto en la economía del país

    Boaz Golany*

    Desde octubre de 2023, el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) intensificó su campaña para aislar económicamente a Israel. Utilizando la guerra de Gaza como punto focal, los activistas intentaron persuadir a los consumidores para que rechazaran los productos israelíes, presionar a los inversores institucionales para que retiraran sus capitales, y obligar a las multinacionales a reducir o eliminar su presencia en Israel.

    Dado el impacto emocional de las imágenes surgidas del conflicto y la magnitud de las protestas globales, muchos esperaban graves consecuencias económicas. Sin embargo, tras aproximadamente dos años y medio, la evidencia sugiere que estos esfuerzos no han logrado sus objetivos económicos principales.

    La primera y más importante evidencia es la resiliencia macroeconómica. A pesar del impacto de la guerra, la movilización de las reservas y la inestabilidad regional, la economía israelí continuó funcionando y adaptándose. El crecimiento se ralentizó durante la crisis inmediata, como era de esperar en tiempos de guerra, pero la economía en general no colapsó ni entró en un estancamiento prolongado.

    (Imagen: Freepik)

    Israel conservó sus sólidos fundamentos: una fuerza laboral altamente calificada, infraestructura avanzada, un sistema financiero sofisticado y sectores de innovación competitivos a nivel mundial. Estas ventajas estructurales resultaron mucho más decisivas que el activismo del boicot.

    En segundo lugar, la inversión extranjera en Israel no desapareció. Por el contrario, si bien algunos inversores interrumpieron temporalmente sus inversiones o reevaluaron su exposición debido a la incertidumbre, el capital siguió fluyendo hacia empresas israelíes de tecnología, ciberseguridad, salud, defensa e inteligencia artificial. La reputación de Israel como centro global de innovación se mantuvo intacta.

    Las empresas de capital de riesgo, los grupos de capital privado y los inversores estratégicos suelen tomar decisiones basadas en la rentabilidad a largo plazo, la propiedad intelectual, la concentración de talento y las oportunidades de mercado. En estos ámbitos, Israel siguió obteniendo excelentes resultados. Muchos inversores supieron distinguir entre la turbulencia política a corto plazo y el valor económico a largo plazo.

    En tercer lugar, las corporaciones multinacionales mantuvieron su presencia. Los defensores del BDS han tenido como objetivo durante mucho tiempo a las empresas globales que operan en Israel, con la esperanza de que la presión sobre su reputación las obligara a cerrar o reubicarse. Sin embargo, a menudo prevaleció la tendencia contraria. Las principales empresas tecnológicas, de semiconductores, farmacéuticas, consultoras y empresas industriales continuaron operando centros de investigación, plantas de fabricación u oficinas comerciales en Israel.

    Para muchas de estas empresas, Israel no es un puesto de avanzada simbólico, sino un centro estratégico de gran valor para el talento en ingeniería, la experiencia en ciberseguridad y la I+D avanzada. Cerrar dichas operaciones supondría costes empresariales reales, que el activismo por sí solo no podría justificar.

    En cuarto lugar, el motor exportador de Israel se mantuvo operativo. Si bien algunas cadenas de suministro sufrieron interrupciones —especialmente durante los ataques con misiles, la inseguridad marítima en el Mar Rojo y la escasez de mano de obra—, las empresas israelíes se adaptaron rápidamente. Se desarrollaron rutas logísticas alternativas, se ajustaron los calendarios de producción y las exportaciones digitales continuaron con interrupciones relativamente limitadas.

    Las economías basadas en la innovación, la especialización y las redes globales son difíciles de aislar mediante meras campañas políticas. Israel ocupa nichos en ciberseguridad, semiconductores, dispositivos médicos, tecnología del agua, agricultura, sistemas de defensa e inteligencia artificial que muchos socios globales consideran valiosos, o incluso insustituibles

    Las exportaciones de servicios, especialmente el software y las soluciones tecnológicas de alto valor, son menos vulnerables a los métodos de boicot tradicionales que los bienes de consumo físicos. En una economía moderna cada vez más impulsada por el código, las patentes y la experiencia, el aislamiento económico es más difícil de imponer de lo que suelen suponer los activistas.

    Esto no niega la existencia de presiones. Algunos consumidores boicotearon marcas asociadas con Israel. Algunas campañas de contratación pública buscaron exclusiones. Algunos clientes extranjeros optaron por proveedores alternativos. El turismo se vio afectado durante ciertos períodos del conflicto. Los costos de seguros y trasporte aumentaron. Estas fueron fricciones reales. Pero la fricción no es lo mismo que el éxito estratégico.

    La principal ambición del BDS no era simplemente crear inconvenientes; era provocar un repliegue económico sostenido y desencadenar la desvinculación empresarial. Ese resultado no se materializó.

    De hecho, existe una razón más profunda para este fracaso. Las economías basadas en la innovación, la especialización y las redes globales son difíciles de aislar mediante meras campañas políticas. Israel ocupa nichos en ciberseguridad, semiconductores, dispositivos médicos, tecnología del agua, agricultura, sistemas de defensa e inteligencia artificial que muchos socios globales consideran valiosos, o incluso insustituibles. Cuando el interés económico mutuo es fuerte, los llamados a la desvinculación a menudo encuentran límites prácticos.

    Tras dos años y medio de intensa presión, el veredicto es claro: el movimiento BDS logró generar titulares, protestas y perturbaciones selectivas, pero no pudo romper los lazos económicos de Israel con el resto del mundo. La inversión continuó, las multinacionales se mantuvieron en gran medida, las exportaciones se adaptaron y la economía en general demostró resiliencia. Independientemente de las opiniones políticas, la campaña económica hasta el momento no ha alcanzado sus objetivos previstos.

    *Docente y exvicepresidente ejecutivo del Tejnión, Instituto de Tecnología de Israel.
    Fuente: The Times of Israel.
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
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