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    1 septiembre, 2026

    Perspectivas

    La depravación moral del Reino Unido al querer imponer la política de Israel

    Published by Yossi Bentolila on 1 septiembre, 2026
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    • Solución de dos Estados

    La campaña contra los “colonos israelíes” equivale a una limpieza étnica racista

    Melanie Phillips*

    Resulta asombroso que el gobierno británico no solo exija a Israel que lleve a cabo una limpieza étnica contra su propia población en su tierra ancestral, sino que además se proponga castigarlo por negarse a hacerlo.

    El nuevo primer ministro, Andy Burnham, está a punto de anunciar sanciones contundentes contra el comercio con los asentamientos israelíes en los territorios en disputa de Judea y Samaria, así como contra los israelíes vinculados a empresas de la zona. El ministro de Asuntos Exteriores, Ed Miliband, se opone a la licitación del gobierno israelí para la construcción de miles de nuevas viviendas en el corredor E1, que conecta Jerusalén con la ciudad israelí de Maalé Adumim, en Judea, calificándola de «acto inaceptable y destructivo». Convocó al encargado de negocios israelí para exigir «la revocación inmediata» del proyecto.

    Resulta, sin duda, extraordinario que el ministro de Asuntos Exteriores de un país ordene al gobierno de otro modificar su política simplemente porque la desaprueba. Miliband justifica su postura argumentando que «el impacto de la violencia y el terrorismo de los colonos ha sido catastrófico para las comunidades palestinas».

    Andy Burnham sigue el mismo camino arrogante y de desprecio hacia los judíos de sus antecesores durante el Mandato Británico
    (Foto: 10 Downing Street)

    La «violencia de los colonos» es, sin duda, una herida abierta que debe ser erradicada con urgencia. Sin embargo, es perpetrada por una ínfima minoría de residentes judíos extremistas en esos territorios. Muchos incidentes que se presentan como «violencia de los colonos» son fabricados por actores malintencionados, tanto israelíes como de extrema izquierda. Y los incidentes que sí ocurren, por muy vergonzosos que sean, quedan totalmente eclipsados en magnitud por los miles de ataques asesinos perpetrados por árabes contra los residentes judíos, en su inmensa mayoría respetuosos de la ley. Ni Miliband ni los medios de comunicación mencionan jamás las agresiones contra esos judíos. En cambio, ahora que la mentira del «genocidio israelí» ha quedado al descubierto como una falsedad flagrante en todos los sentidos, quienes odian a Israel han pasado sin problema a crear la «violencia de los colonos» como el siguiente pretexto para la demonización, la deslegitimación y la eventual destrucción de Israel.

    El verdadero objetivo de Miliband es contra cada judío que viva en Judea y Samaria, ya que afirma que todos los asentamientos constituyen una «flagrante violación del derecho internacional». La expansión de los asentamientos y los intentos de crear «divisiones irreversibles sobre el terreno», afirma, «amenazan la paz, la seguridad y las perspectivas de un Estado palestino viable. El Reino Unido no se quedará de brazos cruzados y no aceptará la destrucción de la solución de dos Estados».

    Ahora que la mentira del «genocidio israelí» ha quedado al descubierto como una falsedad flagrante en todos los sentidos, quienes odian a Israel han pasado sin problema a crear la «violencia de los colonos» como el siguiente pretexto para la demonización, la deslegitimación y la eventual destrucción de Israel

    Más allá de la arrogancia colonialista, ¡qué revoltijo absoluto de falsedades, intolerancia e ignorancia histórica y jurídica!

    La construcción de viviendas israelíes en E1, una extensión natural de Maalé Adumim y Jerusalén, no impide la creación de un Estado palestino. Durante el proceso de paz, siempre se entendió que Maalé Adumim, junto con otros dos bloques israelíes en los territorios en disputa —Ariel y Gush Etzión—, seguirían formando parte de Israel bajo cualquier división territorial.

    Aproximadamente el 20% de la población de Israel es árabe. No hay razón para que Palestina no pueda tener un 20% de población judía. Considerar a los “colonos” un obstáculo para un Estado palestino implica que Miliband, Burnham y todos los que comparten esta opinión exigen la limpieza étnica de los judíos de dicho Estado. Son fanáticos racistas.

    Gran Bretaña siempre ha afirmado que los asentamientos israelíes son ilegales según el derecho internacional, y que sus habitantes ocupan ilegalmente territorio palestino. Eso es falso. “Cisjordania” no es, y nunca ha sido, tierra palestina, porque nunca hubo tierra palestina. Nunca ha habido un Estado palestino. Palestina fue el nombre que le dieron a Judea los conquistadores romanos que querían borrar su carácter judío. Los judíos son el único pueblo para quien la Tierra Santa ha sido siempre su reino nacional.

    “Cisjordania” no es, y nunca ha sido, tierra palestina, porque nunca hubo tierra palestina. Nunca ha habido un Estado palestino. Palestina fue el nombre que le dieron a Judea los conquistadores romanos que querían borrar su carácter judío. Los judíos son el único pueblo para quien la Tierra Santa ha sido siempre su reino nacional

    En efecto, “Cisjordania” estuvo ocupada ilegalmente, pero por Jordania, después de que se establecieran las líneas de alto el fuego en 1948, cuando el incipiente Estado de Israel derrotó a los ejércitos árabes que habían intentado destruirlo en su nacimiento. La afirmación británica de que Israel está ocupando ilegalmente “Cisjordania” se basa, entre otros errores, en una grave y equivocada interpretación de los Convenios de Ginebra.

    Israel obtuvo derechos sobre esos territorios bajo la ley internacional en múltiples ocasiones, remontándose a los términos del Mandato de 1922 bajo el cual Gran Bretaña estaba obligada a asentar a los judíos y restaurar su antigua patria en lo que hoy son tanto Israel como “Cisjordania” y Gaza, una obligación legal que nunca ha sido derogada. Sí, esa misma Gran Bretaña que ahora afirma que los judíos están haciendo una “ocupación” ilegal de “Cisjordania”.

    Lejos de ser la “única” solución al impasse árabe-israelí-palestino, como tantos afirman, la solución de dos Estados sería una nueva Solución Final. Como siempre han dicho los árabes palestinos, su objetivo es destruir a Israel, y un Estado palestino sería solo una “etapa” hacia la realización de ese objetivo infernal. Esto se debe a que el problema para el cual se supone que “dos Estados” sería la solución no es, como se supone tan ampliamente, la necesidad de dividir un territorio entre dos pueblos que poseen un reclamo legítimo sobre él. El problema es que los árabes palestinos se han pasado todo el siglo pasado intentando destruir por completo la patria judía.

    Israel tiene derecho, por ley y en cualquier universo moral, a determinar sus propias fronteras contra un enemigo que está decidido a destruirlo.

    El problema para el cual se supone que “dos Estados” sería la solución no es, como se supone tan ampliamente, la necesidad de dividir un territorio entre dos pueblos que poseen un reclamo legítimo sobre él. El problema es que los árabes palestinos se han pasado todo el siglo pasado intentando destruir por completo la patria judía

    Es indignante señalar únicamente a Israel y darle ese trato imperioso y punitivo. No se emprende tal campaña contra, digamos, Turquía por haber invadido Chipre, y haber dividido esa isla mediante una ocupación turca. Es aún más escandaloso, dado que el Reino Unido es el principal responsable de toda la podrida historia del interminable conflicto del Medio Oriente. Esto se debe a que, cuando era la potencia del Mandato en la Palestina anterior a Israel, Gran Bretaña violó el derecho internacional. Se retractó de su compromiso vinculante de asentar a los judíos en la tierra de Israel y, en cambio, dividió el territorio ofreciendo la mayor parte a los árabes. Esa fue una de las primeras «soluciones de dos Estados», ideada por la pérfida Gran Bretaña como recompensa a los árabes por su agresión genocida al intentar exterminar la patria legítima del pueblo judío. Recompensar el terror solo lo incentiva aún más, y el Reino Unido ha seguido esa misma estrategia desde entonces, repetida ahora por el gobierno de Burnham.

    El Reino Unido se comporta como si aún fuera una potencia colonial, tratando a Israel con absoluto desprecio al ordenarle que destruya su herencia legítima y exponga a su pueblo a un ataque genocida, para luego castigarlo por negarse a someterse.

    Funcionarios británicos han advertido que, dado que los productos de los asentamientos serían prácticamente indistinguibles de otros productos israelíes, esto inevitablemente se trasformaría en un boicot total a Israel. Como Burnham y Miliband se están sumando a la narrativa histérica de la izquierda sobre un Israel demoníaco, que ha consumido no solo a gran parte de su partido sino también a la mayor parte de la opinión “progresista”, es poco probable que esto les preocupe.

    Sin embargo, están cometiendo un grave error al pasar por alto un punto crucial: el Reino Unido depende en gran medida de Israel para su propia seguridad. Ese país se ha debilitado tanto que ya no posee fuerzas armadas capaces de defenderlo. De Israel obtiene inteligencia invaluable —vital para defender a su población de los ataques islamistas— y tecnología militar de vanguardia.

    Israel podría sugerir cortésmente que, dado el aparente odio del Reino Unido hacia el Estado judío, seguramente no querrá seguir beneficiándose de la inteligencia ni del suministro de armas israelíes, que, en consecuencia, se reducirán drásticamente

    A pesar de ello, se proponen boicotear a su principal aliado militar y de seguridad en un momento en que el debilitado Reino Unido se enfrenta a amenazas sin precedentes, crecientes e inmediatas por parte de Rusia e Irán. Israel podría sugerir cortésmente que, dado el aparente odio del Reino Unido hacia el Estado judío, seguramente no querrá seguir beneficiándose de la inteligencia ni del suministro de armas israelíes, que, en consecuencia, se reducirán drásticamente.

    Israel también debería decir que la preciada «solución de dos Estados» es profundamente inmoral. Quienes llevan a cabo una campaña centenaria de asesinatos en masa para impedir el surgimiento y luego exterminar a un país legítimo, rechazando reiteradas ofertas de un Estado propio porque desean asesinar a más personas y destruir a ese país, y además adoctrinan a sus propios hijos para que continúen haciéndolo perpetuamente, no merecen absolutamente nada.

    Aquellos como el gobierno británico, que durante el último siglo han recompensado semejante programa y ahora castigan a sus víctimas, pueden describirse con dos palabras: moralmente depravados.

    *Periodista, locutora y autora británica, columnista de The Times de Londres.
    Fuente: Jewish News Syndicate (jns.org).
    Traducción Sami Rozenbaum / Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
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