

Los esfuerzos de muchos países y empresas por independizarse de los combustibles fósiles han sido y son tremendos. El uso del carbón, la proliferación de centrales nucleares, el desarrollo de la energía solar y la aparición del automóvil eléctrico con mucho éxito, no han sido suficientes para destronar al petróleo y sus derivados como los reyes de un competido y delicado mercado.
Los avances en el campo de la energía nuclear con fines pacíficos han sumido al mundo en una crisis permanente de control de quienes la producen y para qué fines realmente tienen esas facilidades. El temor es lógico y sentido. De la luz necesaria y producida por un reactor nuclear, a la producción de un arma de potencia colosal, la distancia es muy poca. Es así como Estados Unidos se encuentra enfrascados en un conflicto sin fin con Irán, junto con Israel. Y se arrastra a todos quienes necesitan del petróleo que circula por el Estrecho de Ormuz, bien sea directamente o porque su escasez sube los precios en cualquier lugar del mundo.
(Foto: Google)
Justo al momento de escribir esta nota, siguiendo la tendencia de los domingos que generan titulares desde hace varios largos meses, en Israel se anuncia que el precio de la gasolina alcanzará un récord por lo elevado a partir de la medianoche. Un duro golpe para todos en un país que depende de este derivado para el trasporte, a pesar de todos los avances en materia de energías alternativas y el crecimiento del mercado de vehículos eléctricos.
El caso de Israel es un buen ejemplo de los efectos de la guerra en el Golfo. Israel es el primer interesado en que Irán no tenga capacidades nucleares, por razones obvias. Los sacrificios de la guerra sobre su población han sido y son inclementes. Desde el 7 de octubre de 2023, la sombra y la presencia cierta de Irán como su principal amenaza han sido descubiertas y confirmadas por todos, dentro y afuera de Israel, en izquierdas y derechas. La gasolina es uno más de los rubros que se encarecen, uno más de los frentes abiertos. Y este aumento ocurre en plena campaña electoral, uno de los procesos más delicados y decisivos en la breve y sacudida historia de un pequeño país.
El aumento de precios en general, y en particular el de la gasolina, es atribuible a una larga guerra. Una guerra que no fue opcional, fue obligada para sobrevivir. Es un buen punto para que la oposición ataque al gobierno por el manejo en general de la economía, pero todos entienden que, en el caso de la gasolina, no hay nada que hacer. Y como es algo que ocurre en todas partes, aplica lo de “mal de muchos, consuelo de tontos”. No mucho consuelo para quienes no son tan tontos.
Irán, con toda su debilidad, se presenta como la principal influencia en las elecciones de dos sólidas democracias que lo enfrentan: Estados Unidos e Israel. Irán vota en ambos países
El tema de los precios del combustible y las reservas de energía tiene una importancia vital para los grandes países, especialmente los Estados Unidos de América. En plena campaña electoral para las elecciones de medio término, el presidente de EEUU no logra mostrar en el terreno su victoria ante Irán. Destruidas las infraestructuras militares, sancionado el coloso persa, lo cierto es que el Estrecho de Ormuz es transitable con dificultad, y la libertad energética, por llamarla de alguna elegante manera, se ve amenazada. Irán, con toda su debilidad, se presenta como la principal influencia en las elecciones de dos sólidas democracias que lo enfrentan: Estados Unidos e Israel. Irán vota en ambos países.
Estados Unidos ha efectuado una audaz jugada al anunciar un acuerdo con Venezuela que le da acceso a vastas reservas de crudo, algo que seguramente pretende aliviar el impacto electoral de su debilidad aparente al respecto. Israel tiene que actuar con un aumento de precios por decreto gubernamental. El impacto se sentirá en las urnas electorales.
Los conflictos del Medio Oriente se trasladan a otras latitudes sin razón aparente, pero con una lógica inquebrantable: las consecuencias de enfrentar a ciertos países y las causas juradas dan para todo. Los precios de la energía, los accesos a ella y todo lo que gira alrededor de una complicada geopolítica se ponen en peligroso movimiento. Se tiene la muy aleccionadora experiencia del año 1973 en la Guerra de Yom Kipur y la escalada de precios del petróleo.
En pleno 2026, en medio de campañas electorales muy delicadas, en un mundo en conflicto, está la gasolina que aviva los fuegos. La del combustible, la de las causas explosivas.