

El martes 8 de septiembre se cierra el lapso para la presentación de las listas de los candidatos al Parlamento de Israel, con miras a las elecciones del 27 de octubre. El tenso clima de la misma elaboración y presentación de las listas, las presiones internas de cada grupo y partido, los intentos de fusiones para evitar perder votos o no pasar el umbral electoral, auguran una campaña muy intensa. De la coalición resultante se tendrá un primer ministro.
Israel va a unas elecciones en medio de guerras no terminadas, de tensiones en todos los frentes bélicos y con una tarea diplomática que debe hacerse cada vez con más fuerza y paciencia. A pesar de las intenciones y acciones reveladas y comprobadas de los enemigos de Israel, de todo lo ocurrido el 7 de octubre de 2023 y sus consecuencias, persiste una permanente crítica que demoniza a Israel de manera a veces inexplicable con algún argumento lógico.
Israel ha sido sometido a una presión indescriptible desde el 7 de octubre de 2023. El balance en términos reales es favorable. En las guerras todos pierden, también los vencedores. Pero siendo objetivos, Israel logró dominar a Hamás en Gaza, devolver a todos los rehenes capturados, vivos y muertos en una cuenta que no resulta nada agradable. Desfiguró a Hezbolá con su arsenal casi infinito de cohetes apuntando a Israel. Enfrentó a Irán en una guerra de aviones contra drones y misiles balísticos. El Medio Oriente es un lugar muy diferente al del 6 de octubre de 2023, y ciertamente Israel libró batallas duras con muchas bajas, pero con victorias sentidas sin derrotas confesas de sus enemigos.
La campaña para las elecciones a la Knesset del 27 de octubre de 2026 gira, en buena parte, alrededor de las responsabilidades por lo ocurrido el 7 de octubre de 2023
(Foto: EFE)
Los relatos de las hazañas de los involucrados en los rescates de Gaza, las acciones en todos los terrenos, los sacrificios de toda una población resistiendo los amargos días de rehenes perdidos, las bajas diarias de jovencitos caídos en el frente, con los entierros inmediatos, la cantidad de heridos, los dramas de las familias que han perdido un ser querido, todas estas experiencias y circunstancias nos hablan de una sociedad cuyo comportamiento es una muestra permanente de heroísmo. Sobrevivir y ser exitosos, con un país pujante en medio de las mayores adversidades.
Hasta hace unos años, la historia del moderno y joven Estado de Israel era vista con los ojos de la admiración. Siempre hubo mucha polémica, muchas discusiones. David Ben Gurion y Menajem Beguin fueron rivales políticos e ideológicos acérrimos; las diferencias de enfoque respecto a temas de paz y guerra, de concesiones territoriales o anexiones, fueron muchas veces subidas de tono. Pero siempre privó el respeto y la admiración por aquellos israelíes que vivían en Israel, y daban su vida por el país, independientemente de su tendencia o posición ideológica. La buena marcha del país, con todos los contratiempos asociados a un país tan complicado, era considerada la tarea y la responsabilidad de todos. También un logro de todos.
En los actuales momentos, el clima de confrontación entre todos es evidente y muy subido de tono. Las elecciones pautadas para el 27 de octubre han de significar una campaña muy destructiva de unos contra otros. Están las propuestas para un futuro inmediato de cada grupo, partido, bloque y persona. Pero parece que, con más fuerza, se presentarán los reclamos e inculpaciones de unos a otros. La animadversión se hace presente en la prensa, en los interminables y virulentos paneles de los programas de televisión de todos los días, varias horas al día.
La responsabilidad no es lo mismo que la culpa, y el problema de una campaña electoral muy subida de tono es que se abran nuevas heridas y no se cierren otras
El ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023, y luego todo lo que vino, ha sido traumático para todo Israel. En primer lugar, hubo una falla de los mecanismos de seguridad y reacción. Pero es que también hubo una acción muy atrevida, cruel y violenta de un enemigo letal. ¿Es lo propio asumir la culpa de lo ocurrido y atribuírsela a alguien o algunos en específico? La responsabilidad no es lo mismo que la culpa, y el problema de una campaña electoral muy subida de tono es que se abran nuevas heridas y no se cierren otras.
El tema de la “concepción” será muy debatido. Israel llegó a creer que sus enemigos estaban disuadidos, que no intentarían una acción como la del 7 de octubre de 2023 porque estarían conscientes de la superioridad militar y capacidad de reacción de Israel, porque no sacrificarían cierto bienestar y desarrollo económico. En definitiva, porque no resultaba lógico ir a una guerra para perderla. Un ejército pequeño e inteligente, mejor que uno grande y menos tecnológico. Esto, y otros conceptos más quedaron en desuso.
En medio de lo anterior, una sufrida población lleva un día a día de mucho trabajo, alto costo de la vida, una imagen en el exterior que resulta tan deprimente como insultante, y la sensación cierta de un conflicto que no termina. Que en cualquier momento pueden venir los cohetes y tener que volver a la devastadora rutina de esconderse en refugios. Además, los próximos dos meses de intensa campaña electoral pueden ser seguidos por otro buen e intenso lapso para formar gobierno.
Un país que sufre y gana guerras, sigue adelante y progresa, es uno donde hay mucho heroísmo. En la práctica, no se reconoce ningún héroe. Heroísmo sin héroes, quizá esta es la verdadera heroicidad.