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    4 septiembre, 2026

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    Bajo el mismo techo: Vaad Neemán, la gran alianza que reconstruye 200 hogares

    Published by Yossi Bentolila on 4 septiembre, 2026
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    • Comisión Lev
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    Frente al impacto del sismo, una sólida alianza comunitaria e internacional desplegó un plan integral de reconstrucción de viviendas con 200 familias atendidas, 100 viviendas en plena ejecución y más de 50 hogares ya culminados, combinando rigor técnico, trasparencia y un profundo sentido humano

    El impacto del doble terremoto del 24 de junio trasformó de inmediato la cotidianidad de decenas de hogares, abriendo una etapa crítica donde la seguridad familiar pasó a ser la prioridad absoluta. Frente al daño estructural y la incertidumbre, la respuesta comunitaria no se limitó a la contención inicial: se articuló un plan integral riguroso de reconstrucción habitacional, supervisado por una comisión especial denominada Vaad Neemán, “mesa de la confianza”, con el fin de articular esfuerzos y devolver la estabilidad y la tranquilidad a 200 familias afectadas.

    El Vaad Neemán durante una reunión de trabajo

    Solidaridad internacional y el fondo de reconstrucción

    Para Isaac Benjamín, presidente del Vaad Hakehilot y del Vaad Neemán, la magnitud del evento activó una inmediata ola de apoyo que trascendió fronteras: Gracias a las donaciones recibidas desde decenas de países, se logró consolidar un fondo extraordinario destinado exclusivamente a la rehabilitación y el reforzamiento de las viviendas comprometidas. Para canalizar estos recursos y garantizar una administración impecable, se conformó el Vaad Neeman, concebido como un órgano colegiado no solo de contraloría comunitaria, sino también de diseño normativo y supervisión continua, encargado de velar por la absoluta transparencia y la trazabilidad en el uso de cada aporte.

    Nada de este esfuerzo hubiera sido posible sin el respaldo decisivo de dos grandes pilares financieros a partir de los cuales se manejaron las donaciones: por un lado, el fondo proveniente de la comunidad de Panamá, comunidad ésta que se activó de manera inmediata y voluntaria para crear un fondo único, ofreciendo un apoyo sin precedentes para dar una respuesta contundente a la reconstrucción habitacional. Se formó un Comité en nombre de los correligionarios que donaron, representado por Mayer Cherem, Jack Darwich, Simón Tache y Harry Tawil. Por otro lado, contamos con el soporte financiero obtenido de miles de personas que hicieron su aporte a través de Friends of Yajad, el cual concentra las contribuciones provenientes de Israel y las siempre presentes organizaciones del mundo judío como JOINT, Keren Hayesod y Keren Kayemet. Este fondo concilia de manera sin igual, también, la sensibilidad de comunitarios en el extranjero con el de comunidades judías del mundo. Este fondo ha contado con el compromiso y entrega de David Bassan, Moises Azerraf, Bernie Landau y Dana Guenun; quienes se encargan de impulsar y promover la recaudación permanente que apoya y sostiene programas de bienestar de la comunidad judía de Venezuela.

    Arquitectura institucional de la confianza y la trazabilidad

    Explica Roberto Mishkin, vicepresidente del Vaad Hakehilot y del Vaad Neemán, que este último está integrado por los garantes directos de los recursos obtenidos por las donaciones, y por comisiones técnicas multidisciplinarias: la Comisión de Bienestar, la Comisión de Infraestructura y la Comisión de Finanzas.

    “La estructura operativa del Vaad Neemán se fortalece con voluntarios dedicados en áreas estratégicas. En la gestión financiera, Samuel Bentolila, David Mishkin, Roberto Cohen y Abraham Wainberg; en la Comisión de Infraestructura, Alexander Fincheltub y Eduardo Milgram; y en la Comisión de Bienestar, Francis Krivoy. Para la trazabilidad del proceso, se integró como garantes a algunos miembros de la kehilá de intachable trayectoria: Bernardo Roizental, Benjamín Bentolila, David Bernal y Alan Gartner. Por su parte, Boris Fincheltub se desempeña como enlace entre Venezuela y el Comité de Aprobaciones de Panamá, haciendo que los presupuestos y su justificación queden claros para ser aprobados. La Comisión de Finanzas revisa y autoriza los pagos y es vigilante de su trasparencia, efectivizando los procesos para hacerlos más auditables y transparentes”.

    Uno de los edificios más afectados, que perdió varias paredes externas, aquí en proceso de restauración

    Comenta Bernardo Roizental que se diseñó un sistema financiero para registrar cada donación y asignarla al expediente de una vivienda específica, autorizando los desembolsos de forma progresiva según la verificación de los trabajos realizados.

    “Desde el primer día de la emergencia, la reacción fue inmediata y humana”, dice Francis Krivoy, directora de la Comisión de Bienestar del Vaad Neemán. “La red de Bienestar y Desarrollo Comunitario Yájad, junto a su equipo de trabajadoras sociales, se abocó a contactar telefónicamente y de manera directa a todas las personas que forman parte de esta red para verificar cómo se encontraban, constatar su situación de seguridad física, saber si requerían auxilio urgente y precisar su estatus habitacional. Asimismo, se articuló la evaluación de las familias afectadas cumpliendo estrictos protocolos humanitarios que cuidaron la confidencialidad, la equidad y el trato digno y justo que merecen”.

    Para traducir las directrices estratégicas en una ejecución rigurosa sobre el terreno, se contrató a un equipo profesional multidisciplinario responsable del diseño y la puesta en marcha del plan, abordando la planificación desde una visión general hasta el detalle milimétrico de cada obra. Este equipo operativo cuenta con Raquel Nuchi en la gerencia del proyecto; el ingeniero Jorge Barroeta Mizrahi como gerente de operaciones; el arquitecto Gabriel Pirela en la supervisión de obra; y el acompañamiento de las trabajadoras sociales Indira Castro, Raiza Aguilera y Evelyn Ascanio, todas bajo la coordinación de la directora de Yájad, Teresita Bimblich. El proyecto cuenta con el soporte administrativo del Departamento de Finanzas de Hebraica, conducido por su gerente, Michael Elberg, y Moisés Moscovici bajo su cargo.

    El pulso del terreno, censo y tecnología al servicio de la gente

    En medio de la urgencia, el proyecto cobró viabilidad gracias a Jonathan Mishkin, especialista en Ciencia de Datos. Con rapidez técnica, empatía y siguiendo la vocación comunitaria familiar, Jonathan diseñó en tiempo récord una aplicación intuitiva para gestionar con absoluta precisión el flujo de los 200 expedientes. Su desarrollo permitió cumplir un principio ético esencial: escuchar, registrar y atender a todas las familias solicitantes sin excepción. El proyecto no habría tenido la posibilidad de implementarse si no hubiésemos contado con esta aplicación.

    Raquel Nuchi explica que, para el momento de la redacción de este reportaje, en el proyecto se habían inscrito formalmente 200 familias, de las cuales se identificaron prioritariamente 26 casos con daños severos y fallas estructurales críticas, que constituyeron la primera etapa del proyecto. Luego se avanzó de forma progresiva sumando expedientes técnicos detallados, de una forma que permitió registrar el alcance de las obras necesarias, clasificando los inmuebles de acuerdo a los riesgos. Este diagnóstico preliminar facilitó atender con celeridad los casos de mayor vulnerabilidad, combinando el rigor técnico con una escucha activa y constante hacia cada familia. Hasta el momento 100 viviendas están en obra y más de 50 han sido terminadas.

    Alineadas con los estándares y criterios del ámbito humanitario, las acciones se fundamentaron en el principio de equidad. “A partir del diagnóstico sociohabitacional, cada familia recibió una atención digna y personalizada”, destaca Teresita Bimblich. “Ante el alto volumen de solicitudes, Sarit Ezagry y Mercedes Bentolila de Ezagury organizaron y clasificaron el registro fotográfico, lo que permitió al equipo de Infraestructura priorizar las intervenciones con agilidad. El proceso avanzó de manera fluida, pues conocemos a la mayoría de las familias y esto facilitó la toma de decisiones. Contamos con el apoyo de Fortuna Behar y Jacqueline Benaim, quienes ofrecieron una cara amable y empática a las familias afectadas, a quienes se les solicitó la firma del acuerdo de prestación de ayuda”.

    Más allá de los balances técnicos y administrativos, el verdadero impacto del programa se mide en la serenidad devuelta a cada hogar. El panorama inicial tras el sismo fue desolador para decenas de familias que enfrentaban apartamentos severamente dañados, frisos caídos, paredes fracturadas y acumulación de escombros, un escenario crítico que forzó a varios residentes a abandonar temporalmente sus viviendas por condiciones de inhabitabilidad. En medio de esa angustia, la respuesta comunitaria trazó una ruta clara, humana y ordenada para trasformar la incertidumbre en soluciones definitivas.

    Se reubicó a aquellas familias cuyos edificios recibieron etiqueta roja de inhabitabilidad. Para resguardarlas, la comunidad dispuso de apartamentos de su propiedad donde hoy se hospedan temporalmente, siendo en su gran mayoría personas de la tercera edad que cuentan con acompañamiento y atención continua. Asimismo, en los cuatro casos en que se produjo la pérdida total de la vivienda, se actuó con absoluta prioridad, garantizándoles un techo seguro y resguardo, así como un seguimiento cercano a cada familia.

    Se implementó también una comisión legal que permite respaldar todos los procesos con acuerdos y documentos firmados en los casos que se requiere. El acompañamiento legal estuvo a cargo inicialmente de la asesoría de Daniel Zaibert, y posteriormente de las abogadas Lily Belilty y Sara Belilty.

    De la emergencia al hogar: cercanía, confianza y reconstrucción integral

    El funcionamiento y los mecanismos de rendición de cuentas del comité se estructuraron sobre directrices precisas y criterios técnicos. En primer lugar, se estableció un marco normativo con baremos comunitarios para determinar los costos de cada daño, priorizando el nivel de riesgo estructural del inmueble (daños en muros de carga, cubiertas y fundaciones), bajo techos presupuestarios definidos por categoría de reparación.

    Esta labor se complementa con una auditoría técnica continua, basada en inspecciones fotográficas periódicas y en la conciliación estricta entre las cotizaciones aprobadas, los insumos entregados y los trabajos ejecutados por las cuadrillas. Finalmente, la rendición de cuentas se formaliza mediante reportes periódicos de balance y el cierre de expedientes, a través de actas de entrega suscritas en conjunto por la supervisión técnica y los jefes de hogar.

    “El proceso comenzó directamente en el terreno”, señala Alexander Fincheltub, quien encabeza junto con Eduardo Milgram la Comisión de Infraestructura. “Alrededor de 26 voluntarios recorrieron cada domicilio para hacer los levantamientos, tomar mediciones y diagnosticar las estructuras. Con esa base técnica, los contratistas evaluaron los daños para estructurar las cotizaciones, permitiendo negociar y ajustar los presupuestos bajo criterios de estricta optimización de recursos. Una vez definidos los alcances, las obras se coordinaron directamente con cada familia bajo un esquema de llave en mano, evitando que los propietarios tuvieran que asumir la pesada carga de gestionar materiales, traslados o la supervisión diaria de los trabajos”.

    Uno de los factores determinantes para el éxito del plan, señalan Fincheltub y Milgram, fue la confianza y el sentido de pertenencia. La gran mayoría de los contratistas y operarios pertenecen a la propia comunidad, lo que brinda una profunda tranquilidad a las familias al momento de abrir las puertas de sus casas en una circunstancia de tanta vulnerabilidad. Los equipos no se limitan a cumplir una labor técnica u operativa; ejecutan cada reparación con el cuidado, el esmero y el respeto con que atenderían la casa de su propia familia.

    En el plano operativo, el ciclo de cada vivienda está estrictamente protocolizado: desde el arranque de los trabajos, el supervisor de obra abre un acta de inicio formal junto al acuerdo que suscribe el beneficiario. Al concluir las reparaciones, el mismo supervisor realiza una inspección exhaustiva en sitio para certificar que todo lo presupuestado se ejecutó fielmente, que el contratista cumplió a cabalidad con los estándares exigidos, que los espacios quedaron en perfecto orden y que el beneficiario manifiesta su total conformidad y satisfacción. Cumplido este riguroso proceso, se declara el cierre técnico formal del expediente.

    Una etapa posterior del proyecto atenderá los daños sufridos por las instituciones comunitarias durante el terremoto. En este sentido, cada una de ellas hará su propia evaluación, a fin de dar respuesta oportuna a cada una de las necesidades.

    Comisión Lev: el corazón comunitario en un solo gesto

    Inmediatamente después de este aval técnico, la culminación de cada intervención se corona con un acto de profundo significado humano y espiritual a cargo de la Comisión Lev (“Corazón”). Esta comisión se encarga de dar por cerrado el proceso de manera simbólica y cercana, entregando a cada familia un ramo de flores y jalot. Es una manera sensible y comunitaria de reafirmar el lema central del programa: Hineni, que en hebreo significa «aquí estamos». Esta labor cuenta con el apoyo de las voluntarias del grupo Nehama, encabezado por Valerie Chocrón, asegurando que la culminación de los trabajos técnicos se traduzca también en un abrazo cálido y fraterno a cada hogar.

    Documentar este proceso para la historia comunitaria

    Para documentar y preservar la memoria de este esfuerzo colectivo, el programa sumó la colaboración estratégica de la Gerencia de Comunicaciones de Hebraica, bajo la dirección de Carolina Rosenthal, y la agencia Sushi Design Comunicación Visual de Sasha Bograd. Ambos equipos asumieron la tarea de registrar paso a paso la evolución del proyecto y la puesta en marcha de las obras, compilando los testimonios en primera persona y construyendo el registro audiovisual del antes y después de algunas de las viviendas, como un testimonio gráfico y humano que refleja con fidelidad la magnitud de la trasformación lograda en cada hogar.

    Redacción y fotos: Vaad Neemán.

    Reconocimiento al compromiso: voluntarios y contratistas

    El motor indispensable que hizo posible trasformar la planificación en hechos tangibles sobre el terreno estuvo conformado por el valioso grupo de 26 voluntarios y contratistas, que entregaron su tiempo, conocimiento técnico y vocación comunitaria desde el primer instante:

    Grupo 1
    Voluntarios: Nelson Cohen, Cirly Szomstein de Beker.
    Contratista: Luis Alfredo Blanco.

    Grupo 2
    Voluntarios Eduardo Solar, David Cohen, John Gartner.
    Contratista: G2 Gerencia de Obras.

    Grupo 3
    Voluntarios: Lía Bentolila, Andrés Cohen.
    Contratista: Endinson Estremor.

    Grupo 4 
    Voluntarios: Alan Shneiderman, Daniela Sadovnik.
    Contratista: Coning 22

    Grupo 5 
    Voluntarios: Eran Abayov, Alberto Moryusef
    Contratistas: Perfect Home TPH, Eran Abayov, Dana Ingeniería, Alberto Moryusef.

    Grupo 6 
    Voluntarios: Alex Cohen, Carolina Israel.
    Contratista: ALFI, Alex Cohen.

    Grupo 7 
    Voluntarios: Víctor Rodríguez Cordido, Jack Hartman.
    Contratista: VRC, Victor Rodríguez.

    Grupo 8
    Voluntarios: Mimón Serruya, Abraham Benarroch.
    Contratistas: Mimón Serruya, Jacobo Cohen.

    Grupo 9
    Voluntaria: Carolina Israel.
    Contratista: Carolina Israel.

    Comisión Lev
    Carolina Wahnon, Perlita Chocrón, Ruthy Levy, Dalia Mattout, Hanna Harel, Nora Nemirovsky, Sandy Abayov, Silvia Benzaquén, Tair Beraja, Vicky Benzaquén.

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