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    29 junio, 2026

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    Análisis de Forward: para la comunidad judía de Venezuela, el terremoto representa una crisis incosteable

    Published by Yossi Bentolila on 29 junio, 2026
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    • Terremoto de Caracas 2026

    Los líderes comunitarios trasformaron un centro judío en refugio tan solo 90 minutos después del sismo. Ahora deben reconstruir en medio de una situación económica ya precaria

    Simone Saidmehr*

    Menos de dos horas después de que dos potentes terremotos dejaran cientos de muertos y miles de desaparecidos en el norte de Venezuela, incluyendo la capital, Caracas, familias cuyos hogares quedaron inhabitables comenzaron a dirigirse a Hebraica, el centro comunitario judío de Caracas, donde pasaron la noche durmiendo en sillas de playa y en autos estacionados en el campo de fútbol. Esa noche, más de 400 personas buscaron refugio.

    “Tras años de dificultades —apagones masivos y otros problemas— la comunidad ya sabe adónde acudir si ocurre algo”, afirma Roberto Mishkin, presidente de la Unión Israelita de Caracas, la mayor congregación judía asquenazí del país, añadiendo que las réplicas aún sacuden la zona. “Mucha gente no quiere regresar porque vive en pisos altos. Tienen miedo”.

    El extenso campus de Hebraica, construido hace décadas cuando la población judía de Venezuela rondaba los 30.000 miembros, se ha convertido en un refugio de emergencia, con colchones, atención médica, comidas comunitarias y preparativos para el Shabat.

    Según los dirigentes comunitarios, se ha confirmado la muerte de dos miembros de la comunidad judía venezolana y varios más permanecen desaparecidos. Cientos de personas están desplazadas: sus casas han sido destruidas o gravemente dañadas.

    “La gente está preocupada, muy preocupada, muy angustiada, y muchos no saben si podrán regresar a sus hogares”, comenta Elías Farache, expresidente de la comunidad sefardí de Venezuela y exlíder de la Federación Sionista Venezolana. “Es el club, así que la gente se siente muy cómoda aquí”, añade, explicando que la comunidad, que es muy unida, ha encontrado consuelo al congregarse.

    Colchones, almohadas y otros bienes recabados en el centro de acopio establecido por Hebraica
    (Foto: Roberto Mishkin)

    Mishkin afirma que los judíos de Venezuela llevan años en una situación desesperada. Antes del terremoto, más de 300 familias judías recibían alimentos y medicinas a través de organizaciones judías locales como Keren Ezra, que cuenta con apoyo de socios internacionales, incluido el American Jewish Joint Distribution Committee,, conocido comúnmente como el Joint.

    En circunstancias normales, Keren Ezra distribuye alimentos básicos como pollo, arroz y otros víveres. Ahora muchas familias se han quedado sin cocina, por lo que Keren Ezra ha estado distribuyendo atún, arroz, galletas, café y otros suministros de emergencia a las personas que buscan refugio en Hebraica. Cientos de personas desplazadas dependen de las reservas de esta organización.

    “Estamos tratando de gestionar los problemas a medida que surgen, porque entrar en pánico no ayuda”, dijo Syma Farache, directora de Keren Ezra. “Tenemos productos en depósito para emergencias. Los compramos con cuatro meses de anticipación, pero ahora nos damos cuenta de que no es suficiente porque no esperábamos esto”.

    Varias organizaciones judías israelíes e internacionales están trabajando para enviar ayuda y equipos de rescate a Venezuela. Dado que Israel no mantiene embajada ni consulado en Venezuela (el expresidente Hugo Chávez rompió relaciones diplomáticas con Israel en 2009), los líderes de la comunidad judía también están coordinando con las autoridades venezolanas para facilitar la entrada de este personal. Las primeras organizaciones comenzaron a llegar el viernes, como la organización humanitaria judía CADENA, y se espera a un equipo de rescate y salvamento israelí. Otras, como IsraAID y el Joint, permanecen en espera hasta que se reabra el aeropuerto de Caracas.

    Farache señala que, si bien aún no hay escasez de suministros, podría haberla si el aeropuerto no abre pronto.

    Por ahora, los líderes comunitarios se esfuerzan por mantener una cierta normalidad. El viernes compraron colchones para que los evacuados ya no tuvieran que dormir en sus autos o en sillas de playa. Un rabino pasó el Shabat en el centro comunitario mientras voluntarios preparaban cholent, el guiso tradicional de Shabat, para alimentar a los desplazados. A principios de la próxima semana, los organizadores esperan abrir una cocina comunitaria para quienes no pueden costearse la comida.

    Pero abordar las consecuencias inmediatas es solo el comienzo. Cientos de personas desplazadas necesitarán vivienda. “Ahora todos están a salvo aquí”, dice Mishkin. “Estamos alimentando a algunas familias y tratando de salir adelante, pero esta es una comunidad muy pobre”.

    Recuerda que la comunidad judía de Venezuela alguna vez fue una de las más prósperas de América Latina. Su población ha disminuido drásticamente en las últimas dos décadas, desde su máximo de 30.000 integrantes, como parte de un éxodo que vio a 7 millones de personas abandonar el país debido a los desafíos políticos, económicos y sociales, incluido el antisemitismo.

    La economía ha experimentado una leve recuperación desde que las fuerzas estadounidenses derrocaron al líder venezolano Nicolás Maduro en enero, pero la vida cotidiana para la mayoría de los residentes sigue siendo un desafío. Las instituciones comunitarias han continuado sirviendo a sus miembros y adaptándose a la nueva realidad, mientras luchan por recaudar fondos para los servicios sociales. “Antes éramos una comunidad donante. Enviábamos dinero a todo el mundo”, cuenta Mishkin. “Después de 25 años de un país complejo, tenemos una comunidad anciana y con dificultades económicas. La mayoría de las personas cuyas casas están gravemente dañadas no podrán costear las reparaciones”.

    Sin seguro de propiedad, muchas familias tendrán pocas opciones. Otras perdieron también sus negocios. “No pueden vivir en un colchón para siempre. No pueden costear, por sí solos, las reparaciones ni una nueva vivienda. Esa es nuestra principal preocupación: cómo ayudar a estas familias a tener un lugar digno donde vivir”.

    *Licenciada en Ciencias Políticas y Estudios del Medio Oriente.
    Fuente: Forward (forward.com).
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
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