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    “Un informe revelador”, por Miguel Truzman
    10 junio, 2026

    Perspectivas

    Un ataque de Hezbolá como el del 7 de octubre fue frustrado hace tres meses

    Published by Yossi Bentolila on 10 junio, 2026
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    Mientras la población israelí está desanimada por la situación en el norte y las terribles noticias del campo de batalla de los drones, otros hablan de un gran logro y de la posibilidad de años de paz. Esta es una reveladora entrevista del periodista Amit Segal a su colega Amos Harel

    Amit Segal*

    (Fotos: FDI y Reuters)

    En las calles de Israel es fácil percibir la amargura y el resentimiento por los acontecimientos en el frente norte, desde los niños que deben correr a refugiarse en los búnkeres hasta las devastadoras noticias de los drones al otro lado de la frontera, pasando por la drástica decisión de frenar un ataque en Beirut.

    La difícil conversación entre Trump y Netanyahu tampoco ayudó a disipar la sensación de que existe un plan. Estos sentimientos no llegan a las altas esferas del gobierno. En la cúpula militar hablan de un logro sin precedentes y de una oportunidad para la paz y tranquilidad durante muchos años. Conciliar estas dos visiones no es posible, pero describirlas sí lo es.

    La cúpula de las FDI está convencida de que Hezbolá es una organización semi-desmantelada, que ha recibido el golpe más duro de su historia. El 6 de octubre de 2023 contaba con 30.000 combatientes; desde entonces, 8000 han muerto y un número similar ha resultado herido.·”Incluso un enemigo yijadista anhela un alto el fuego”.

    Hezbolá se ha centrado en su único éxito: los drones. El estamento de defensa sugiere moderar las expectativas de la opinión pública: no habrá una única solución integral al estilo de la Cúpula de Hierro. Habrá muchas soluciones que, en conjunto, constituirán una respuesta parcial

    El Jefe de Estado Mayor, por ejemplo, afirmó en reuniones a puerta cerrada que está a favor bajo las siguientes condiciones: primero, la retirada de Hezbolá más allá del río Litani. Segundo, la destrucción de toda su infraestructura, esta vez no por el impotente ejército libanés, sino mediante un mecanismo israelí-estadounidense. Tercero, la presencia de las FDI en la Línea Amarilla, que incluye, por ejemplo, el Castillo de Beaufort.

    En retrospectiva, a las FDI les disgusta la frase “Hezbolá cayó en una emboscada estratégica”, que un alto mando militar utilizó el día en que la organización acudió en ayuda de Irán al inicio de la Operación León Rugiente y abrió fuego. “Incluso antes de la guerra, vimos que la organización tenía cada vez más dificultades para absorber los ataques israelíes; estaban a punto de responder, incluso antes de la eliminación de Jamenei”. El ejército estaba furioso con los generales de la reserva que participaron en programas de televisión para criticar lo que consideraban una respuesta israelí excesivamente dura a un “bombardeo simbólico” en memoria del Líder Supremo. “Probablemente no entienden lo que vimos la primera semana de marzo”, afirman. “Cientos de terroristas de la Fuerza Radwan estaban cruzando el río Litani. ¿Para qué venían? Si hubiese habido un solo ataque a una comunidad israelí, todos habríamos tenido que dimitir. ¿Qué se suponía que debíamos hacer, sino enfrentarnos a ellos en su propio territorio y aniquilarlos?”

    Desde entonces, Hezbolá se ha centrado en su único éxito: los drones. El estamento de defensa sugiere moderar las expectativas de la opinión pública: no habrá una única solución integral al estilo de la Cúpula de Hierro. Habrá muchas soluciones que, en conjunto, constituirán una respuesta parcial. Ningún arma introducida en el campo de batalla ha desaparecido jamás; solo ha evolucionado. Los tanques llegaron para quedarse, al igual que los misiles antitanque, los aviones y ahora los drones.

    “En Israel no querían guerra. ‘No querían’ incluye a los medios de comunicación, me incluye a mí. No por proteger a los palestinos, sino por la idea de ‘no sabemos cómo vamos a terminar con esto’, de que al final te quedarías atascado. Había un dicho: ‘Quien derrote a Hamás ganará un premio: Gaza’”

    Sin embargo, recalcan que el acuerdo podría concretarse en cuestión de días o semanas. Si pudieran, instarían a los residentes de Kiriat Shmoná y Nahariya a soportar unas semanas más, y recibir un acuerdo que les brindaría paz durante muchos años.

    Hacía mucho tiempo que no veía una brecha tan grande entre el duro sentir popular y el optimismo desbordante de las altas esferas. ¿Cuánto tiempo exactamente? Veinte años menos dos meses, al final de la Segunda Guerra del Líbano. En aquel entonces, la opinión pública tenía razón: la guerra había sido un rotundo fracaso y Hezbolá se había fortalecido; esperemos que esta vez quienes toman las decisiones sean los que tengan razón.

    Las 6:29 no son las 6:29

    “Va a haber una incursión”, le dijo la vigía Yael Leibushor a su relevo en el puesto a las 4:00 de la madrugada del 7 de octubre de 2023. El nombre del relevo era Karina Ariev. Unas horas más tarde, Yael sería asesinada en la sala de guerra de Nahal Oz, y Karina sería secuestrada y llevada a Gaza. Sus amigos en Israel contaron que cuando estalló la guerra todos los ciudadanos israelíes se preguntaban “¿Qué es esto?”, pero también pensaron “Esto es lo que veíamos venir desde el principio”.

    Esta historia, y muchas otras que no se habían contado hasta hoy, aparecen en el importante libro del comentarista de Haaretz Amos Harel, titulado 06:29. Sorprendentemente, resulta que incluso antes de esa hora el ataque ya había comenzado. A las 6:17, un terrorista en parapente ya había aterrizado en territorio israelí. Una infiltración en Israel, pero nadie la vio ni la oyó. El fracaso previo al fracaso. Este es el primer libro revelador que, a la vez, pinta un panorama terriblemente sombrío. Harel no votó por Netanyahu, pero escribe que Bennett y Lapid tampoco cambiaron la concepción destructiva que él impulsó entre las FDI; habla del ejército, pero no duda en criticarlo duramente con palabras como «podredumbre».

    Pero supongamos que hubieran detectado las señales, hubieran alertado al primer ministro y a las fuerzas sobre el terreno, y el ataque se hubiera detenido. Aun así, el incidente habría terminado con dos divisiones de comandos iraníes en nuestra frontera, y el conflicto habría estallado tarde o temprano.

    “Divisiones cuya importancia todos minimizamos», responde Harel. «Pero la cuestión es la magnitud. Cuando dicen “la línea de defensa acabará siendo quebrantada”, el significado es táctico, no estratégico, como ocurrió. Hay una diferencia entre un éxito localizado donde mueren cinco soldados y la rotunda derrota, la masacre y el trauma nacional.

    Pero esta fuerza monstruosa creció en sus fronteras. Después de todo, en un universo paralelo donde el muro de Jericó llegara hasta el final y el primer ministro, el Jefe de Estado Mayor o quien fuera propusiera una guerra preventiva, jamás se habría aprobado.

    Es cierto. No querían guerra. “No querían” incluye a los medios de comunicación, me incluye a mí. No por proteger a los palestinos, sino por la idea de ‘no sabemos cómo vamos a terminar con esto’, de que al final te quedarías atascado. Había un dicho: “Quien derrote a Hamás ganará un premio: Gaza”. Y por supuesto, está el miedo a perder soldados, la falta de consenso y una clara tensión entre Bibi y todos los que estaban por debajo de él. Un oficial que participó me dijo: ‘Digamos la verdad, ninguno de nosotros quería luchar allí’. Se refería a todos, sin excepción. Incluso el Shin Bet y el Mossad, que eran más belicistas, pues al final es el ejército el que entierra a sus soldados. Después de todo, no son los miembros del Shin Bet ni del Mossad los que mueren.

    ¿Podría Israel haber convivido con eso en sus fronteras a lo largo del tiempo?

    No. No lo entendí así en su momento, porque no comprendía la magnitud de la amenaza. Pero cuando uno entiende, por un lado, lo que Hamás construyó en términos de defensa, que probablemente planeó para que nos estrelláramos contra ella en algún momento, y por otro lado, sus capacidades ofensivas, es evidente que tarde o temprano habría que hacerle frente. No hace falta ser de derecha para pensar que Israel, con el tiempo, tendrá dificultades para gestionar la creación de dos ejércitos terroristas monstruosos sin tomar ninguna medida. Fíjese en la grabación del terrorista que decía: “Tengo la sangre de diez judíos en mis manos, y me las enjuagué”. Se trata de alguien a quien le lavaron el cerebro desde la infancia; el sistema educativo de Gaza invirtió en él durante 20 años, y eso da frutos.

    No puedo evitar preguntar sobre la “desconexión”. Incluso desde una perspectiva no ideológica, ajena a nuestro derecho a la tierra y demás, en última instancia ¿no es necesario estar presentes en todo el territorio entre el Jordán y el mar?

    Creo que la idea de mantener un enclave de 9000 personas entre un millón y medio de palestinos habría desembocado con el tiempo en una especie de Vietnam. Admito que subestimé el riesgo de los cohetes, su alcance y la velocidad a la que crecerían. Pero nos habrían desangrado de otra manera. No hay buenas soluciones aquí.

    Por inquietante que resulte, el 7 de octubre podría haber sido mucho peor. El jefe del Comando Sur, Yaron Finkelman, declaró ese día que “podríamos habernos encontrado con doscientos mil gazatíes en nuestro territorio”. Sin mencionar la frontera norte, donde los batallones de las FDI también operaban con efectivos reducidos, un ejército de vacaciones y un enemigo armado y equipado por miles, entrenado precisamente para el escenario de una invasión a Israel.

    La lección para la próxima vez es el desarrollo de la imaginación. Como dijo un alto oficial de inteligencia militar citado en el libro, ellos imaginaron nuestra derrota y ocupación, pero nosotros no imaginamos que ellos lo estuvieran imaginando.

    *Principal comentarista político de Israel Hayom, y periodista del Canal 12 israelí.
    Fuente: Israel Hayom.
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

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    Yossi Bentolila
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