Como casi todos los domingos de los últimos meses, el día se presta para tener una idea de lo que viene para la semana en el convulso y tan predecible, por impredecible, Medio Oriente. Esta semana, la desaparición física de Lindsay Graham, un senador muy afín y defensor de Israel, es la circunstancia que parece facilitar un nuevo encuentro entre el presidente de Estados Unidos y el primer ministro de Israel. Un récord de encuentros, en el espacio de tiempo, de tales figuras en los anales de la historia de las relaciones entre ambos países.
El apoyo de la administración Trump a Israel ha sido y es innegable. La situación luego del 7 de octubre de 2023 era muy delicada. Al llegar Trump a la Casa Blanca, Israel era objeto de un cierto embargo de armas y municiones, y el tema de los secuestrados en Gaza necesitaba del impulso y firmeza de alguien decidido. Luego, la posición y actuación de Trump frente a Irán permitió debilitar al más poderoso de los enemigos de Israel, darle un serio revés a su iniciativa nuclear y, lo más importante, enseñar al mundo una faz de Irán que ha sido denunciada por Israel durante muchos años, pero desconocida o ignorada por buena parte de un mundo incrédulo o quizá cómplice.
Pero la derrota de Irán no se ha logrado. A pesar de las acciones conjuntas entre Estados Unidos Israel iniciadas el 28 de febrero de 2026, y ahora luego de las incursiones en solitario de Estados Unidos, somos testigos de una guerra de desgaste en la cual Irán parece no cansarse ni rendirse, y en la cual EEUU, por momentos, parece perder la paciencia ante la situación, con expresiones algo antipáticas hacia su aliado, el pequeño Estado judío que se ufana de compartir los mismos principios de democracia y libertad, muy en desuso en los países del Medio Oriente.
Turquía es un poder militar regional, y con cazas F35 se volvería aún más peligrosa para Israel
(Foto: BBC)
Las expresiones, luego de conocidas, pasan a un muy segundo plano cuando se conocen algunas ideas que son muy preocupantes para Israel. La posibilidad de vender aviones F35 a Turquía resulta un dolor de cabeza de primera magnitud. Turquía es un país poderoso, volcado en los últimos años a un islamismo radical, con un presidente muy enfrentado a Israel y que aprovecha cualquier ocasión para atacarlo. Turquía, además de querer convertirse en el líder de un Medio Oriente islámico, es miembro de la OTAN; y su poderío militar, que ya es muy grande, se vería muy incrementado al recibir lo mejor de la industria americana.
Por si fuera poco, la semana que recién pasó trajo a la luz pública la posible carrera nuclear de Arabia Saudita. Un país muy importante, con una riqueza fenomenal. Arabia Saudita no mantiene relaciones con Israel, y no se ha prestado a sumarse a los Acuerdos de Abraham, los mismos que parecieran ser la carta de presentación de Donald Trump para acceder a un ansiado Premio Nobel de la Paz. Un premio que se le hace esquivo, de mantenerse la conflictividad en un siempre caliente Medio Oriente.
Una Arabia Saudita con capacidad nuclear, aun y con todos los acuerdos que signifiquen una capacidad para fines civiles, es una amenaza para Israel. Una infraestructura nuclear, según los expertos, es siempre adecuable a convertirse en capacidad bélica. Y esto no resulta en ninguna broma para el Estado de Israel, el mismo que desde su fundación, y antes, ha sido amenazado con ser destruido.
No se habla de la soga en casa del ahorcado, y en Israel hay muchos ahorcados, descendientes de ahorcados y otras tantas víctimas de amenazas convertidas en realidades. Arabia Saudita, con todo y el respeto que se merece cada país respecto a su independencia y forma de gobierno, no se puede decir que constituya un modelo de sociedad democrática ejemplar en un buen número de aspectos.
Una Arabia Saudita con capacidad nuclear, aun y con todos los acuerdos que signifiquen una capacidad para fines civiles, es una amenaza para Israel. Una infraestructura nuclear, según los expertos, es siempre adecuable a convertirse en capacidad bélica
Así las cosas, con Israel enfrentando aún siete frentes bélicos activos de una u otra manera, con elecciones en dos meses, pareciera encontrarse con su principal aliado y amigo en posición dubitativa, con acciones y expresiones que disparan muchas alarmas.
Una reunión entre Trump y Netanyahu es tan necesaria como preocupante. Israel, en permanente alerta, necesita algo de tranquilidad y seguridad. ¿Será esta semana propicia para ello?
Trump y Netanyahu otra vez. No es la primera ni la última vez.
Suerte, señor Netanyahu. La ha de necesitar.