Ana Jerozolimski*
El inminente memorando que Estados Unidos firmará con Irán, y la dura reacción de Donald Trump tras el ataque israelí a Hezbolá en Beirut, han encendido las alarmas en Jerusalén. Con aliados así, Israel no precisa enemigos. Es duro afirmarlo, pero esa es claramente hoy la sensación en el país, por más que se tengan presentes las decisiones históricas de este presidente estadounidense y, por otro lado, los horrores cometidos por los enemigos.
En términos diplomáticos y estratégicos, Israel se siente hoy traicionado por su mayor aliado, debido a errores que lo colocan en su peor situación geopolítica en muchos años.
Cuando Israel atacó este domingo a Hezbolá en su bastión central en Beirut, la Dahia, respondiendo a numerosos drones explosivos que impactaron en comunidades civiles del norte de Israel, Trump puso el grito en el cielo, llamó a Netanyahu a gritos con lenguaje poco diplomático y, para colmo, escribió en su red social que Israel exageró, quitando importancia al lanzamiento de los drones “que ni siquiera lastimaron a nadie”. Eso es dar un premio a los terroristas y normalizar que Israel sea atacado por Hezbolá, pretendiendo que no responda.
A raíz de sus palabras, que fueron calificadas por una fuente muy allegada a Netanyahu como “una verdadera bofetada”, se reveló que en otra conversación telefónica Trump le dijo a Netanyahu que Israel debería retirarse del sur libanés como parte de los entendimientos con Irán, a lo cual Netanyahu se opuso, recalcando que dejar de combatir a Hezbolá, que ataca a Israel, no aporta ni a los intereses de Israel ni a los de Estados Unidos.
El memorando que se firmará el 19 de junio no augura nada bueno para Israel ni el Medio Oriente
(Foto: redes sociales)
Cabe señalar que durante todo el día no solo continuó, sino que se intensificó el lanzamiento de drones de Hezbolá hacia el norte de Israel, una señal evidente de las órdenes de Irán que a través de su proxy quería provocar a Israel. Irán sabía que si Israel reacciona se complica con Trump, y si no lo hace, irradia debilidad, y entonces Irán puede decir que logró imponer su ecuación sobre el vínculo entre ataques en Beirut y sus ataques a Israel. Durante horas Israel estuvo en alerta de misiles iraníes, y parecería que Trump frenó la respuesta de Irán dándole beneficios económicos, otro paso preocupante.
Y todo esto se enmarca en el desastre del memorando que está planeado se firme el viernes. Es patético leer a Trump posteando sobre “la paz maravillosa” que el acuerdo trae a la región y sobre los logros “que ningún otro presidente” obtuvo hasta el momento, cuando según lo revelado hasta ahora —tanto de fuentes iraníes como de los mediadores pakistaníes— no hay aquí absolutamente ningún logro de todo lo planteado al lanzar la guerra. El tema nuclear, el central, queda para negociaciones durante 60 días, pero ya se sabe que EEUU ya no habla de sacar el uranio de Irán, sino de que Irán mismo lo neutralice, ni tampoco de la destrucción de las instalaciones nucleares iraníes.
Oír a Trump celebrando pomposamente que Irán “anunció que no buscará ni tendrá armas nucleares”, inspira vergüenza ajena. ¿Acaso en algún momento el punto era lo que dice Irán, que siempre negó buscar armas atómicas pero dio suficientes pruebas de haber mentido y de sí haber estado tratando de convertirse en un país capaz de fabricarlas con rapidez? El objetivo era quitar a Irán las herramientas para poder llegar al poderío atómico militar, no que vuelva a decir lo que siempre dijo y nunca era verdad.
Lo único concreto que soluciona el memorando, por ahora, es lo referente al bloqueo del Estrecho de Ormuz, que estaba abierto cuando empezó la guerra y que no era el motivo por el que se atacó a Irán.
Y para colmo, se levantan las sanciones a Irán, se le permite nuevamente exportar petróleo, y se le devuelven 24 mil millones de dólares congelados. Trump dijo que eso no se concretará ahora sino después de las negociaciones, pero ya hay informaciones que sostienen que ha comenzado a liberar el dinero. Es dinero que Irán no dedicará a mejorar la situación de su pueblo, sino a reconstruir lo dañado de su infraestructura militar y a fortalecer a Hezbolá.
Es patético leer a Trump posteando sobre “la paz maravillosa” que el acuerdo trae a la región y sobre los logros “que ningún otro presidente” obtuvo hasta el momento, cuando según lo revelado hasta ahora —tanto de fuentes iraníes como de los mediadores pakistaníes— no hay aquí absolutamente ningún logro de todo lo planteado al lanzar la guerra
En declaraciones a The New York Times, Trump criticó directamente a Netanyahu diciendo que es “un tipo muy difícil”, agregando que “Israel debería estar agradecido por este acuerdo, ya que si Irán tuviera armas nucleares, en dos horas Israel no existiría”. Es realmente preocupante leer a Trump distorsionando la realidad creada por él mismo, al dar a entender que se logró lo que él sabe —o debería saber— que aún no se ha negociado siquiera.
Por todo esto, desde Israel, hay muchas razones para ver la situación con gran angustia. Pero sinceramente, la preocupación va más allá de la situación de Israel. Ver al “líder del mundo libre” socavar su propia situación estratégica de esta forma, dejar en el medio Oriente, ante el mundo árabe todo, la clara impresión de quien no pudo contra Irán y optó por fortalecerlo, aunque diga lo contrario, es altamente nocivo. Escucharlo alabando sin razón el documento logrado, mientras uno sabe cuáles siguen siendo los designios de Irán, es preocupante para Occidente en general. Ver al presidente de la superpotencia mundial haciendo el ridículo con sus declaraciones sobre el significado del acuerdo y cerrando los ojos a todo lo que dice y hace Irán, subleva.
Es cierto que lo que se firma es sólo el memorando, no el acuerdo definitivo. Pero no hay razón alguna para creer que algo bueno surja después de todo este fiasco, ni tampoco por cierto para creer a la advertencia de Trump de que si no funciona, seguirá habiendo una opción militar. Él arruinó la opción militar, que era ineludible al lidiar con un régimen terrorista como el de Irán. Ojalá 60 días de negociaciones nos demuestren que estábamos equivocados. Mucho tememos que no.
*Internacionalista, directora de Semanario Hebreo (Montevideo) y semanariohebreojai.com.
Fuente: semanariohebreojai.com.
Versión NMI.