

A solicitud de NMI, Jabiles, quien durante muchos años trabajara en la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith de Venezuela, ha enviado el presente artículo para informar que afortunadamente el fenómeno telúrico no ha causado pérdida de vidas, y la comunidad judía está a salvo
Alberto Jabiles*
El viernes 9 de octubre de 2026, a las 12:56 de la tarde, Panamá fue sacudida por un poderoso terremoto de magnitud 7.7, uno de los más fuertes de su historia reciente. A pesar de su intensidad, superior a la de recientes terremotos registrados en Venezuela y Colombia, hasta el momento de redactar estas líneas no se han reportado víctimas fatales, aunque sí importantes daños materiales en zonas cercanas al epicentro.
Para la Ciudad de Panamá representó su primer terremoto desde 1882. No hubo daños mayores, tampoco afectaciones significativas en las zonas residenciales y comerciales, aunque, y como medida de precaución ante las réplicas, al igual que se hizo en todo el país, fueron evacuados numerosos edificios de apartamentos y oficinas en una situación que nos afectó prácticamente a todos.
Una circunstancia especialmente delicada fue que el terremoto ocurrió precisamente cuando los alumnos a nivel nacional salían de las escuelas y se dirigían a sus hogares. No pasó nada grave. Todo quedó en el susto y la angustia vivida.
Edificio que colapsó en la localidad panameña de Penonomé
(Foto: Reuters)
A esta situación se sumó una enorme congestión vehicular, agravada por el cierre preventivo de las líneas del Metro de Panamá, mientras que, en paralelo, el Aeropuerto Internacional de Tocumen suspendió temporalmente sus operaciones para reanudarlas tras las correspondientes verificaciones de seguridad.
Un aspecto importante fue el buen comportamiento de las edificaciones modernas, incluyendo rascacielos y malls, resultado de las estrictas normas de construcción sismorresistentes que rigen en Panamá.
La situación fue más complicada en el epicentro ubicado en la Península de Azuero, en el Pacífico panameño. Particularmente las localidades de Tonosí, Pedasí y La Villa de Los Santos sufrieron daños en viviendas, carreteras, edificios públicos e infraestructura básica.
Hubo derrumbes en carreteras e interrupciones de electricidad, agua y gas que generan hasta el momento dificultades para residentes y turistas.
Merece destacarse la rápida reacción del gobierno nacional encabezado por el presidente de la República y las autoridades competentes, quienes desde la misma tarde del terremoto se desplazaron a las zonas afectadas, evaluando los daños y brindando ayuda a los damnificados. Los organismos de emergencia movilizaron personal y recursos para atender las necesidades más urgentes, por lo que al día siguiente, el gobierno declaró el estado de emergencia para agilizar la asistencia y recuperación.
Un aspecto importante fue el buen comportamiento de las edificaciones modernas, incluyendo rascacielos y malls, resultado de las estrictas normas de construcción sismorresistentes que rigen en Panamá
Hemos recibido numerosas llamadas y mensajes de solidaridad desde diferentes partes del mundo provenientes de personas, amigos y organizaciones preocupados por nuestra salud y seguridad. Estas expresiones de afecto y cercanía fueron especialmente reconfortantes durante las horas de incertidumbre, que han podido ser afrontadas de manera satisfactoria gracias a la existencia de mecanismos internos de respuesta que mantienen una coordinación efectiva y fortalecen los vínculos de solidaridad.
Panamá enfrenta una situación difícil. No estamos acostumbrados a los terremotos, mas la ausencia de víctimas fatales, la pronta movilización de las autoridades y las numerosas muestras de solidaridad constituyen motivos de alivio y agradecimiento mientras, 48 horas más tarde de lo vivido aquel viernes, aún estamos experimentando las réplicas y sus consecuencias en los temores que siguen presentes.
Se han activado campañas de solidaridad. El país se ha movilizado. También nosotros y la embajada de Israel, que desde ayer mismo, sábado, se hizo presente en las zonas más afectadas entregando insumos a las personas damnificadas. Nuestra solidaridad está en pleno no solo en palabras, también en acciones, colaborando a poner calma, esperanza y, por sobre todo, ayudando a quienes trabajan para devolver la normalidad a las zonas afectadas.
*Director ejecutivo del Consejo Central Comunitario Hebreo de Panamá.