El pueblo judío inicia la celebración de esta festividad religiosa, que data de la época en donde los israelitas fueron cautivos y esclavos por 430 años desde su llegada a la tierra de Egipto, según nos revela el libro de Éxodo, el segundo del Pentateuco, cuando dice explícitamente que “Los hijos de Israel habitaron en Egipto por 430 años”.
El libro del Génesis es quizá más específico, cuando expresó que Dios le dijo a Abraham que su descendencia sería esclava y oprimida en tierra ajena durante 400 años.
El hecho cierto es que los israelitas se convirtieron en pueblo a las faldas del monte Sinaí, cuando recibieron los Diez Mandamientos escritos de la mano del Creador y dados a Moisés para ser la piedra angular de los principios éticos y morales de una nueva civilización, basada en normas de conducta dictadas por un lado en la consolidación del monoteísmo como adoración a un único Dios, creador del universo, del mar, la tierra y de todo lo que ahí habita; y por el otro lado, en la relación del ser humano con sus iguales, con sus congéneres, y para eso los Diez Mandamientos estuvieron divididos, en cinco dirigidos a “El”:
Y por otro lado, los restantes cinco mandamientos, relacionados con los seres humanos, establecen:
En la travesía de 40 años por el desierto del Sinaí, sucedieron una serie de acontecimientos importantes y trascendentales que inclusive tienen impacto al día de hoy, ya que el Eterno le ofreció al patriarca Abraham no una, sino varias veces, la tierra de Israel, llamada Canaán en la antigüedad; y eso lo podemos ver en el libro de Génesis 12, cuando Dios le ordena a Abraham, que para esa época contaba con 75 años, dejar su tierra en Ur de los caldeos y toda su parentela para ir a la tierra que “te mostraré y que será destinada a tu descendencia”.
Posteriormente en una descripción exacta y que sirve como título de propiedad histórico para la nación de Israel, en el libro de Génesis 15 Dios va mucho más allá e identifica inclusive los linderos de dicho territorio: “Desde el río de Egipto hasta el río Grande, el río Éufrates”. Y posteriormente, ya Abraham de 99 años, Dios le reafirma el pacto original, cuando en el libro de Génesis 17 expresa: “Esta tierra será heredad perpetua para ti y tu descendencia”. Aquí el Eterno nombra por primera vez a Abraham, en vez de Abram, quedando así escrito el nombre para la posteridad.
El relato del Éxodo nos conmueve y alerta a todos sobre la importancia de la fe, de las tradiciones, de lo vital de la memoria histórica, porque después de poseer por más de mil años la tierra dada en heredad a la nación de Israel y haber sido desterrados por los romanos en el 135 de nuestra era, entendimos que a pesar de que ese destierro se prolongó por casi dos milenios, si se conserva la memoria histórica, el “hogar” y todo lo que eso comporta viaja con el pueblo.
Entendemos la vida y la libertad como valores supremos para poder desarrollar todas las conductas que exalten y le den sentido a nuestra presencia, estadía y recorrido en este plano terrenal, dirigidos a mejorar el entorno en el cual habitamos; darle un sentido, un propósito propositivo que le saque una sonrisa a “Él”, que sepa que a pesar de las injusticias, las guerras por la dominación del otro, bien sea por motivos religiosos o geopolíticos, todavía puede confiar en los seres humanos, que los buenos somos muchos más, que estamos conscientes de que eso no basta, ya que los muchos tenemos que hacernos sentir y sobreponernos a los pocos que, aun siendo ruidosos y radicales, deberán doblegarse ante la inmensa mayoría, que busca en las diferentes visiones religiosas las enseñanzas doctrinales de la fe, que siempre buscará la concordia, la coexistencia y la fraternidad.
Por último, quiero aprovechar este espacio para felicitar a la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith por la impecable organización en días pasados del Séder Interconfesional, que teníamos varios años sin celebrar y que en esta oportunidad contó con la participación de representantes de la Conferencia Episcopal, del Consejo Evangélico de Venezuela, del párroco de la UCV, embajadores, diplomáticos, periodistas, directivos de la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith, de Yad Vashem, de CAIV y amigos del Seminario de Cultura Judía.