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    2 septiembre, 2026

    Opinión

    “No hablemos del mazo, hablemos del monumento”

    Published by Yossi Bentolila on 2 septiembre, 2026
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    • Monumento a terroristas
    • Shmuel Holiday
    • Zvi Sukkot

    Un activista de 16 años de edad plantea que todo el enfoque de la diplomacia pública israelí es erróneo: no podemos construir una estrategia de comunicación en torno a responder a acusaciones ajenas. Un país que se defiende constantemente acaba permitiendo que sus oponentes lo definan

    Shmuel Holiday*

    Hace algunos meses, tuve la oportunidad de hacerle una pregunta a Ben Shapiroi. La había ensayado decenas de veces. De entre miles de preguntas enviadas, la mía fue la seleccionada.

    “Me llamo Shmuel. Tengo 15 años. Acabo de crear una página proisraelí en Instagram proisraelí. ¿Cuál es la acción más importante que los jóvenes como yo podemos realizar para ser mejores defensores de Israel?”

    Su respuesta duró más de 10 minutos, pero la lección me acompañó mucho después de que terminara la conversación: dejen de permitir que sus oponentes decidan de qué trata la conversación.

    El diputado Zvi Sukkot, del Partido Sionista Religioso, mientras destrozaba un “monumento a los mártires” (terroristas que murieron en acción) en la aldea palestina de Madama, en Judea y Samaria, el pasado 25 de agosto
    (Foto: The Times of Israel)

    No comprendí del todo lo que quería decir hasta que el diputado Zvi Sukkot entró en la aldea palestina de Madama con un mazo y destruyó un monumento erigido por el Frente Popular para la Liberación de Palestina para conmemorar a terroristas palestinos. En cuestión de minutos, la noticia inundó los titulares. Políticos lo condenaron, comentaristas lo denunciaron y las redes sociales estallaron. La mayoría concluyó de inmediato que se trataba de un desastre absoluto para la hasbará (esclarecimiento, diplomacia pública). Yo llegué a la conclusión opuesta.

    No por el mazo, sino por el monumento.

    Durante años, Israel ha librado la guerra de la información desde una posición de defensa permanente. Acusan a Israel de genocidio, y entonces nos apresuramos a explicar por qué no lo es. Alguien llama a Israel un estado de apartheid, y entonces pasamos semanas explicando por qué no lo es. Alguien dice que Israel ataca a civiles, y entonces publicamos estadísticas, investigaciones y análisis jurídicos.

    El patrón siempre es el mismo: ¡Nuestros oponentes eligen el tema! Y solo entonces elegimos la respuesta. Así no funciona la comunicación eficaz. Este es también un problema que enfrentamos como sociedad, especialmente con los estudiantes universitarios. Lo viví en carne propia en Harvard. No me preguntaban: «¿Qué opinas de la guerra?», sino: «¿Qué opinas del genocidio que Israel está cometiendo en Gaza?».

    Antes de pronunciar una sola frase, ya estaba a la defensiva. El problema no era simplemente la pregunta; eran las suposiciones implícitas en ella. Estaba respondiendo al lenguaje, las suposiciones y la narrativa de otra persona. Ahí es precisamente donde Israel se encuentra con demasiada frecuencia. Y por eso tanta gente malinterpretó lo que sucedió en Madama.

    El patrón siempre es el mismo: ¡Nuestros oponentes eligen el tema! Y solo entonces elegimos la respuesta. Así no funciona la comunicación eficaz. Lo viví en carne propia en Harvard. No me preguntaban: «¿Qué opinas de la guerra?», sino: «¿Qué opinas del genocidio que Israel está cometiendo en Gaza?»

    La gente vio a un político israelí blandir un mazo. Yo lo vi obligar al mundo a plantearse una pregunta diferente: ¿Qué estaba destruyendo exactamente? Esa pregunta lo cambia todo. Una vez que nos hacemos esa pregunta, la conversación ya no se limita a un político israelí con un mazo. Se trata del monumento en sí y de las personas a las que conmemoraba. En lugar de que Israel se defienda una vez más, el mundo se enfrenta a un tema que rara vez se debate: ¿Por qué se conmemora públicamente a los responsables de atentados terroristas?

    Que Sukkot tuviera razón al tomar tal medida es una pregunta aparte y legítima. Pero la lección de comunicación permanece. La gente pregunta por qué sucedió. Buscan la causa subyacente. Lo vimos después del 7 de octubre: el debate rápidamente trascendió las atrocidades en sí mismas para centrarse en las supuestas causas. Con razón o sin ella, la gente quería una explicación. El mismo instinto se aplica aquí. Cuando la gente pregunta por qué Sukkot destruyó el monumento, inevitablemente llega al problema más amplio que este representaba.

    La lección va mucho más allá de Madama. Israel necesita replantearse su enfoque de la hasbará. No podemos pasarnos el día entero dando explicaciones. No podemos construir toda una estrategia de comunicación en torno a responder a acusaciones ajenas. Un país que se defiende constantemente acaba permitiendo que sus oponentes lo definan.

    Cuando un monumento conmemora a terroristas, ese debería ser el tema de conversación. Cuando las organizaciones terroristas declaran abiertamente su intención de repetir ataques contra civiles israelíes, eso debería ser parte integral del debate. Y cuando los niños crecen rodeados de la glorificación de quienes asesinaron a civiles, el mundo debería hablar de ello

    Israel debe seguir corrigiendo la desinformación, investigándose a sí mismo cuando sea necesario y ateniéndose a los estándares propios de una sociedad democrática. Pero eso por sí solo no basta. Los grandes comunicadores no se limitan a responder preguntas; influyen en las preguntas que el público formula. Ahí es donde Israel se ha quedado atrás: cuando los críticos definen a Israel con palabras como «genocidio», «apartheid» u «ocupación», ya han elegido el terreno de batalla incluso antes de que empecemos a hablar.

    En lugar de aceptar constantemente esos terrenos de batalla, Israel debe elegir los términos del debate. Esto no significa inventar narrativas; significa dirigir la conversación hacia la realidad que se ignora con demasiada frecuencia. Cuando un monumento conmemora a terroristas, ese debería ser el tema de conversación. Cuando las organizaciones terroristas declaran abiertamente su intención de repetir ataques contra civiles israelíes, eso debería ser parte integral del debate. Y cuando los niños crecen rodeados de la glorificación de quienes asesinaron a civiles, el mundo debería hablar de ello.

    Estas conversaciones no deberían comenzar solo después de que alguien use un mazo. Deberían ser centrales en la diplomacia pública de Israel todos los días.

    La guerra de la información no se gana con mejores explicaciones, sino asegurándose de que el mundo haga las preguntas correctas

    Entiendo por qué muchos políticos israelíes condenaron a Sukkot. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) declararon que la demolición no había sido autorizada y que la visita excedió el marco aprobado por los militares. Las personas razonables pueden debatir si un funcionario electo debería tomar una medida así a título personal. Ese debate es legítimo.

    Pero mientras todos discutían sobre el mazo, muy pocos preguntaban por el monumento. Ese, para mí, es el verdadero fracaso de la hasbará. La guerra de la información no se gana con mejores explicaciones, sino asegurándose de que el mundo haga las preguntas correctas.

    Si Israel siempre responde, siempre habrá alguien más preguntando, y si siempre hay alguien más preguntando, siempre hay alguien más marcando la pauta. El defensor más eficaz no es el que tiene la respuesta más ingeniosa, sino el que entiende que, antes de ganar una discusión, primero hay que decidir de qué se trata.

    La lección perdurable del caso Madama tiene muy poco que ver con un martillo, sino con un monumento.

    No hablen del martillo, hablen del monumento.

    *Shmuel Holiday es un escritor, estudiante y activista proisraelí nacido en Estados Unidos y residente en Jerusalén. Fundador de Israel Will Prevail, una plataforma digital que llega a decenas de miles de personas en las redes sociales.
    Fuente. The Times of Israel. Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

    1. Comentarista político estadoundense, activista proisraelí.
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    Yossi Bentolila
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