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    Las Cuatro Respuestas

    Published by Yossi Bentolila on 1 abril, 2026
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    • Dossier
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    • Hagadá
    • Las Cuatro Preguntas
    • Pésaj

    Llega nuevamente Pésaj y, habiendo madurado un año más en la vida de cada uno de nosotros, nos predisponemos en la práctica y en el espíritu para disfrutar la fiesta con familiares y amigos de acuerdo a las posibilidades de cada uno y, a su vez, enriquecernos interiormente con las enseñanzas que nos ofrece Pésaj.

    Desde nuestra juventud recordamos como hito imborrable en nuestra memoria cómo el más pequeño de la familia, a veces por propia voluntad y en otras después de hacerse rogar, se pone de pie y recita el Má Nishtaná, una versión modificada de un texto que figura en la Mishná Pesajim, y que contiene las cuatro preguntas clásicas que formula el hijo desconcertado a su padre al notar a diferencia del ritmo y orden en los sucesos de la noche del Séder.

    Las cuatro preguntas se refieren a la obligación de comer solamente matzá, a las hierbas amargas (maror), al hecho de comer reclinados y remojar la comida dos veces, a comer carpás y luego el maror.

    Una vez que el niño termina de recitar su parte y las abuelas y los padres se secan las lágrimas de emoción ante la preciosidad de su elocuencia, los mayores comienzan a relatar los eventos de la esclavitud y la salida de Egipto de acuerdo a cómo están escritos en la Hagadá.

    Los cuatro hijos-de-la-Hagada

    ¿Y las respuestas? ¿Existen respuestas a las preguntas que acaba de formular el niño? A simple vista, la Hagadá no hace alusión específicamente a las cuatro preguntas. Sin embargo, a continuación el texto expone lo siguiente:

    1. Esclavos fuimos del faraón en Egipto, y nuestro Dios nos sacó de allí “con mano fuerte y brazo extendido”.
    2. Si no fuera porque nuestro Dios nos extrajo de allí, aún estaríamos subyugados al faraón en Egipto.
    3. Aun si fuéramos todos sabios, todos entendidos, todos conocedores de la Torá entera, es una mitzvá que relatemos acerca de la salida de Egipto.
    4. Todo aquel que relata profusamente la salida de Egipto es una persona merecedora de encomio y loa.

    ¿Qué nos está diciendo la Hagadá? ¿Tiene relación con lo anterior?

    La Hagadá nos enseña cuatro aspectos importantes en el modo de nuestro servicio al Creador:

    1. Gratitud (“Esclavos hemos sido… y Dios nos ha extraído…”). Existen muchos caminos que conducen a la persona a obedecer los preceptos de la Torá. Hay personas que cumplen con las leyes porque los hace “sentir bien”. Otros acatan los preceptos porque esperan recibir una recompensa en el mundo venidero. Si bien todos ellos han obedecido y han cumplido con su deber, no deja de ser una manera egocéntrica de cumplir con las obligaciones. La fórmula ideal para aproximarse a la Torá es la gratitud.

    Este sentimiento, que la Torá reitera en numerosos pasajes respecto a la demostración de reconocimiento que le debemos a quienes nos ayudaron en los distintos momentos de la vida, en este caso se expresa el siguiente sentimiento: “Hashem, Tú hiciste y haces tanto por nosotros, todo lo que nosotros observemos será poco para exteriorizar nuestro agradecimiento”.

    Al leer la Hagadá podemos reconocer que todo lo que hoy poseemos como bienes morales universalmente aceptados, como las libertades individuales, las debemos a aquel momento en que Hashem nos sacó de Egipto e hizo saber a la humanidad que el trato cruel recibido por los judíos en aquel país fue incorrecto y debía ser sancionado

    Si uno analiza el orden de la Hagadá, se encontrará con que el relato conduce a las palabras “por lo tanto debemos agradecer, alabar, loar, enaltecer”, etc. Luego de esta declaración comenzamos a recitar los primeros párrafos del Halel, los tradicionales Salmos de alabanza para toda ocasión festiva. Ciertamente, esta noche tiene un Séder (orden): relato, sentimiento de agradecimiento, alabanza y acción.

    2. Actualidad. La Hagadá no es una mera narración de acontecimientos históricos desvinculados de nuestra realidad. No se detiene a detallar pormenores banales que nada aportan a nuestra vida actual. Al contrario, cada fragmento puntualizado en la Hagadá está allí porque permite trazar paralelos con nuestra realidad, con nuestros desafíos en medio de un entorno hostil a nosotros como judíos, desde el ángulo individual y desde el espectro nacional.

    Mediante la Hagadá, en la cual hacemos referencia a la manera sobrenatural en que Dios nos redimió de Egipto, podemos, asimismo, reafirmar que todo lo que nos sucede —ayer y hoy— responde únicamente a la Voluntad del Todopoderoso. Este concepto modifica totalmente la visión de los acontecimientos cotidianos.

    Al leer la Hagadá podemos reconocer que todo lo que hoy poseemos como bienes morales universalmente aceptados, como las libertades individuales, las debemos a aquel momento en que Hashem nos sacó de Egipto e hizo saber a la humanidad que el trato cruel recibido por los judíos en aquel país fue incorrecto y debía ser sancionado. Esta es una advertencia a los propios judíos, a quienes la Torá instruye en primer lugar, y también al resto de la humanidad. Demoró muchos años que los seres humanos aceptaran esta lección.

    3. Acción. “Y aun si fuéramos todos sabios, es una mitzvá que relatemos…”. El judaísmo no es una teoría, ni se detiene en buenos sentimientos”. Efectivamente es importante tener buenos sentimientos y percibirse como un muy buen judío, pero no acaba allí la cosa. Aquel que dice que ama a su esposa pero jamás le habla, no puede realmente creer lo que afirma.

    Tantos de nosotros sabemos de testimonios familiares que nos trasmitieron nuestros padres y abuelos, que salvaron sus vidas de manera “milagrosa” durante las persecuciones en Rusia, Polonia, Alemania, Siria, etc. Abuelos que llegaron al país con las manos vacías, y de la nada se levantaron y formaron las familias a las cuales pertenecemos

    Dios nos exige acción. Pésaj, matzá, maror. Medidas estrictas en el consumo de cada una de ellas. Es cierto que también nos pide que intentemos entender lo que hacemos hasta donde llegue nuestro intelecto. Rabán Gamliel dijo: “Todo aquel que no mencione estas tres cosas en Pésaj, no cumple con su obligación”. Sin embargo, el ejercicio de intentar cumplir todos los preceptos es ineludible si se quiere ser un buen judío. La acción es la que afirma el vínculo con el Todopoderoso, y cada acción adicional refuerza esta relación.

    4. Entusiasmo. “Y todo aquel que relate profusamente la salida de Egipto, es una persona loable”. ¿Qué nos quiere decir la Hagadá? ¿Acaso esto no sería aplicable a cada uno de los demás preceptos?

    Los comentaristas explican: la Hagadá trae como demostración a los sabios que estaban sentados toda aquella noche narrando la salida de Egipto. Entre ellos estaba Rabi Eleazar ben Azaria, quien opinó que la mitzvá de Pésaj tiene vigencia sólo hasta la medianoche. A pesar de eso, compartió la discusión de los sabios hasta el amanecer.

    ¿Por qué? ¿No podía ir a dormir en concordancia con su propia opinión? La respuesta es que si una persona se dedica a hacer únicamente lo mínimo indispensable, eso indica que no está muy feliz con la tarea que está realizando. Al reiterar esta historia año tras año, convocamos a nuestros hijos —y a nosotros mismos— a no escatimar para cumplir lo menos posible.

    Esta es la razón, dice el Saba de Kelm (Rabi Simja Zisel Ziv sz»l), por la que se debe acompañar a un huésped hasta la puerta y unos cuantos pasos más. No debemos hacer como si nos alegráramos de que se vaya y despedirnos de él lo antes posible. El observar las leyes lifnim miShurat haDin (más allá de lo que requiere el criterio mínimo de la ley), demuestra nuestro amor y la importancia que le damos a las cosas.

    Al final del relato, y antes de sentarnos a comer la matzá, decimos una bendición en la cual se vuelven a mencionar estos cuatro puntos que acabamos de esclarecer: Baruj atá... 1. Te agradecemos que redimiste a nosotros y a nuestros padres de Egipto (agradecimiento); 2. Sheheyejanu, nos has permitido llegar a esta noche (actualidad); 3. Comer matzá y maror (acción); así, “Hashem, permítenos llegar a las próximas fiestas en paz” (para cumplir más mitzvot).

    No hablemos en Pésaj solamente como una tradición del pasado. La historia continúa. La liberación fue en aquella época de manos del faraón, y hoy en día de manos de innumerables agresores

    Tenemos tanto que agradecer: todos y cada uno de nosotros puede hacer memoria y observar su historia personal, la de sus padres y la de sus allegados directos, y encontrar tantas circunstancias en las cuales hemos sido favorecidos con la ayuda divina. Tantos de nosotros sabemos de testimonios familiares que nos trasmitieron nuestros padres y abuelos, que salvaron sus vidas de manera “milagrosa” durante las persecuciones en Rusia, Polonia, Alemania, Siria, etc. Abuelos que llegaron al país con las manos vacías, y de la nada se levantaron y formaron las familias a las cuales pertenecemos.

    Sin embargo, estamos tan acostumbrados a que todo debe ser como nosotros lo deseamos y planificamos, que nos cuesta aceptar cuando las cosas no marchan como pretendemos. Nos es difícil reconocer las bondades con las cuales hemos sido favorecidos.

    La Hagadá dice que “en cada generación debe la persona considerarse como si él mismo hubiese salido de Egipto”. No hablemos en Pésaj solamente como una tradición del pasado. La historia continúa. La liberación fue en aquella época de manos del faraón, y hoy en día de manos de innumerables agresores.

    ¿Y las respuestas a las cuatro incógnitas? Cuando el niño vea a su padre cumplir con la práctica de los preceptos como algo propio y no como una costumbre arcaica, cuando lo vea identificado y entusiasmado con las mitzvot, cuando la conducta de su padre sea íntegra en sus midot (características del comportamiento), tal como la demostración de gratitud hacia todo lo que uno recibe de terceros, posiblemente no entienda a fondo el significado de cada uno de los preceptos, pero sin duda querrá seguir adelante con el mensaje que su padre le trasmitió.Fuente: tora.org.ar.

    Versión NMI.

    Véase tambien

    • Pésaj 5786: la voz de Yaakov
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    Yossi Bentolila
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