
Los gobiernos de Estados Unidos e Israel se enfrentan al inclemente escrutinio de la opinión pública. Las elecciones parlamentarias en Israel, que definirán al próximo primer ministro, están pautadas para octubre. Las elecciones de medio término, en Estados Unidos, serán en noviembre. Ambos electorados, con su votación, definen si sus gobiernos ganaron o perdieron la guerra librada y que aún se libra. Resulta más paradójico que interesante. El enemigo derrotado puede derrotar a los vencedores en las urnas electorales.
Los electores israelíes se sienten defraudados por un gobierno que prometió una victoria total, la cual no se tradujo en la tranquilidad necesaria. Gaza y Líbano han reducido su peligrosidad; Irán ha sufrido un severo retraso en sus ambiciones nucleares y balísticas. La situación ha mejorado mucho, pero los peligros están latentes. El gobierno que sustituya al actual, si es que no repite este último, enfrentará la misma complicada coyuntura. Hamás no termina de entregar las armas, Hezbolá no desaparece del Líbano, los hutíes siguen amenazando, Irán declara a placer. Estados Unidos seguirá siendo el primer aliado de Israel, pero no siempre los intereses de ambos países se intersectan.
(Foto: Radio Sefarad)
El presidente norteamericano también juega contra el tiempo. Anuncia una victoria total sobre la base de que Estados Unidos acabó con buena parte de la infraestructura militar de Irán, con fuertes y precisos ataques. La veracidad de estas afirmaciones contrasta con un Irán amenazante y retador, que además utiliza lo relacionado con el Estrecho de Ormuz como medición de las afirmaciones del presidente.
En Israel y Estados Unidos el tema de la guerra parece supeditarse a las elecciones del momento. La inflación, el precio de los combustibles, la volatilidad del mercado de valores, actúan con más fuerza e influencia que los principios de ética, justicia y hasta seguridad. Muy preocupante resulta esta evidente realidad. Las guerras no parecen terminar con victorias y derrotas. Siguen indefinidamente y se convierten en antipáticos conflictos de desgaste y variable intensidad.
En esto de la ética y los principios se encuentran muchas contradicciones. De pronto, por necesidad o por no tener otra opción, se establecen conversaciones y negociaciones con entes de conocido prontuario criminal y terrorista. El cansancio de quienes detentan en principio la razón dicta una pauta de conducta que cobrará un alto precio en el futuro. Israel cede a las peticiones de una Junta de Paz establecida para la reconstrucción de Gaza; solo que esta junta está plagada de países que adversan a cal y canto a Israel. Los enviados de Donald Trump se reúnen y conversan con gente indeseable, y esto les da una legitimidad que se convierte en una especie de peligrosa licencia.
El asunto radica en las urnas electorales. Ante todo, la permanencia en el poder es el objetivo fundamental y primario. Queremos creer que el afán de permanecer en el poder es producto del deseo y necesidad de cumplir con nobles objetivos trazados de antemano, muchos de los cuales necesitan de más tiempo y más actividades. Pero a veces las actitudes que se muestran no parecen coincidir con este criterio.
Queremos creer que el afán de permanecer en el poder es producto del deseo y necesidad de cumplir con nobles objetivos trazados de antemano, muchos de los cuales necesitan de más tiempo y más actividades. Pero a veces las actitudes que se muestran no parecen coincidir con este criterio
Quienes sufren las consecuencias de estas prolongadas situaciones son las cansadas poblaciones de todos los países involucrados. Algunas tienen la válvula de escape que significan las elecciones y el juicio que con ellas se emite. Otras están a merced de alguna circunstancia ajena que logre un cambio que no consiguen por sí mismas.
En Israel, el panorama luce muy complicado. Los bloques de derecha e izquierda se miden más por la simpatía o antipatía al actual primer ministro que por algún otro criterio. El tema de la reforma del sistema judicial divide, pero ha dado paso a otro también candente como es la conscripción de los ultraortodoxos al servicio militar. Resulta que la necesidad de personal en el aparato de defensa no da ya para caprichosas concesiones, y el tema deriva en otras divisivas discusiones en la ya beligerante sociedad israelí. Al momento de escribir esta nota, los resultados de las encuestas, las mismas que se hacen con una frecuencia que raya en lo patológico, arrojan cerrados resultados que incitan los ya caldeados términos de la campaña.
En Estados Unidos la volatilidad de la bolsa, la inflación y los vaivenes de la Inteligencia Artificial dictan una pauta de conducta difícil de descifrar. La guerra ha pasado a ser, quizás, parte de una desastrosa y macabra cotidianidad.
Por los momentos nos mantenemos entre guerras y elecciones. Las primeras, sin fechas específicas de comienzo o fin.