A 50 años de la hazaña
Moshe Phillips*
Julio de 1976 prometía ser un año de celebración, ya que Estados Unidos conmemoraba 200 años de independencia con fuegos artificiales y banderas ondeando. Pero mientras el mundo observaba las festividades del bicentenario, comandos israelíes se preparaban para un ataque nocturno al aeropuerto de Entebbe, en Uganda. Se trataba de una misión de rescate de rehenes liderada por Yonatan (“Yoni”) Netanyahu, quien no sobreviviría al rescate que él mismo convirtió en leyenda.
El héroe de la operación de Entebbe y hermano mayor del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu murió durante el rescate hace 50 años. Falleció luchando contra terroristas antiisraelíes, justo cuando la democracia más antigua del mundo celebraba su bicentenario. Cayó en un acto heroico contra todo pronóstico que liberó a más de 100 rehenes.
Como resultado, la conmemoración estadounidense de la libertad compartió titulares mundiales con la celebración israelí de la liberación de los rehenes. La audacia de los comandos israelíes cautivó al mundo como ninguna otra acción antiterrorista en la historia.
Si bien numerosos libros y películas rememoran el rescate de Entebbe, la historia es mucho más compleja.
“Yoni” apenas tenía 30 años cuando se convirtió en leyenda
No es muy conocido que Netanyahu fue un héroe mucho antes de comandar la operación de Entebbe. Algunas de sus primeras acciones se insinúan en el extraordinario libro de cartas publicado póstumamente, Autorretrato de un héroe: de las cartas de Jonathan Netanyahu, 1963-1976. Desempeñó un papel clave en muchas operaciones cruciales de seguridad de Israel, demostrando coraje y valentía en las circunstancias más peligrosas. Fue un ejemplo vivo para los estadistas del mundo de que el terrorismo puede ser derrotado si las naciones del mundo tienen la voluntad de combatirlo.
Yoni Netanyahu nació en Nueva York, en el seno de una familia de sionistas revisionistas convencidos que, al enterarse de la independencia de Israel, se mudaron allí en 1948. Regresó a Estados Unidos en 1963, cuando su padre, el distinguido investigador de temas judaicos Benzion Netanyahu (1910-2012), aceptó una cátedra en Filadelfia. Tras graduarse de la escuela secundaria en un suburbio de Filadelfia en 1964, regresó a Israel para unirse a las FDI, y pronto ascendió hasta convertirse en líder de una unidad de paracaidistas de élite.
La mitad de la década de 1960 fue una época de creciente peligro para Israel. La Organización para la Liberación de Palestina, fundada en 1964 con el propósito de “liberar” toda Palestina de los israelíes, había comenzado a perpetrar ataques terroristas a través de las fronteras de Israel, fronteras ciertamente precarias. En aquellos días, antes de la guerra de 1967, Israel tenía apenas catorce kilómetros de ancho en su zona central estratégica, y todas sus principales ciudades estaban al alcance de los terroristas del líder de la OLP, Yasser Arafat.
Netanyahu no temía la posibilidad de perder la vida en la guerra para proteger a Israel de sus enemigos. “La muerte no me asusta”, le escribió a un amigo. “No la temo, porque no le doy importancia a una vida sin propósito. Y si es necesario que dé mi vida para alcanzar un objetivo importante, lo haré con gusto”.
Fue un ejemplo vivo para los estadistas del mundo de que el terrorismo puede ser derrotado si las naciones del mundo tienen la voluntad de combatirlo
El camino que lo llevó a la fama en las filas de los comandos israelíes pudo haber comenzado en 1971, en el contexto de la batalla contra la organización Septiembre Negro, fundada por la facción Fatah de Arafat dentro de la OLP. Entre los primeros ataques de Septiembre Negro se encuentra el asesinato del primer ministro jordano Wasfi Tal. Uno de los asesinos pasó a la historia de la barbarie al beber la sangre de su víctima a la vista de los fotógrafos.
En 1972, una unidad de Septiembre Negro asesinó a 11 atletas y entrenadores israelíes durante los Juegos Olímpicos en Múnich. Netanyahu formó parte del comando enviado a Beirut la noche del 19 de abril de 1973 para atacar a los responsables de la masacre. No había sido asignado inicialmente a la misión; se ofreció como voluntario.
Los comandos israelíes desembarcaron en una playa libanesa y se infiltraron en Beirut. Netanyahu y su unidad se dirigieron al apartamento del líder de Septiembre Negro, Muhammad Youssef Al-Najjar (Abu Youssef), y ejecutaron al architerrorista. Netanyahu, el último en abandonar el apartamento, tomó una bolsa llena de documentos justo cuando llegaban los jeeps de la policía libanesa; contenían planes operativos de la red terrorista de la OLP en todo Israel. Este descubrimiento, sin duda, salvó cientos de vidas.
Otro ejemplo de su heroísmo se encuentra en la autobiografía de Moshé Dayán, Historia de mi vida. Dayán recuerda cómo Netanyahu sufrió una grave herida en la Guerra de los Seis Días de 1967 y, aun así, regresó a su unidad militar y luchó valientemente en la Guerra de Yom Kipur de 1973, a pesar de las lesiones que lo aquejarían el resto de su vida. Netanyahu y su unidad “persiguieron y abatieron a más de 40 comandos sirios que habían desembarcado tras nuestras líneas”, escribió Dayán.
“La muerte no me asusta”, le escribió a un amigo. “No la temo, porque no le doy importancia a una vida sin propósito. Y si es necesario que dé mi vida para alcanzar un objetivo importante, lo haré con gusto”
Posteriormente, fue responsable de una misión extraordinaria que rescató al teniente coronel Yossi Ben Hanan de tras las líneas enemigas, ofreciéndose como voluntario una vez más. Había escuchado una trasmisión de radio sobre un oficial de tanques gravemente herido y dirigió a sus hombres a pie, desafiando un incesante bombardeo de artillería. Recordando el rescate de Ben Hanan, Dayán escribió: “No sé cuántos jóvenes hay como Yoni, pero estoy convencido de que hay suficientes para asegurar que Israel pueda afrontar las duras pruebas que le esperan en el futuro”.
Las memorias de Dayán se publicaron antes de la misión de Entebbe. Dayán no revela el apellido de Netanyahu en el libro. Su retrato ahora parece visionario a la luz de la historia.
Autorretrato de un héroe es una lectura imprescindible. Contiene las cartas de Yoni Netanyahu a familiares y amigos desde 1963, cuando ingresó a la escuela en las afueras de Filadelfia, hasta pocos días antes del rescate de rehenes en Entebbe en 1976. Su intelecto, patriotismo, compasión, dedicación al deber y liderazgo se manifiestan plenamente, intensificando la pérdida de alguien que apenas acababa de cumplir 30 años.
Este libro ha tenido un profundo impacto en sus lectores durante décadas. Si aún no lo ha leído, hágase un favor y consiga un ejemplar. A usted también le cambiará para siempre.
*Veterano activista y escritor, presidente nacional de Americans For a Safe Israel (AFSI).
Fuente: Jerusalem News Syndicate (jns.org).
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.