

Ana Jerozolimski*
Contrariamente a lo que afirman los partidos ultraortodoxos representados en la Knesset (Parlamento de Israel), las presiones para reclutar a sus jóvenes al igual que a los del resto de la población a servicio militar obligatorio no derivan ni de odio a la Torá ni de intentos de dificultar su estudio, sino a una urgente necesidad nacional. Pero esto va de la mano también de lo imperioso de cambiar el sistema educativo, y de intensificar la inserción laboral de los hombres del sector haredí. No sólo por el país, sino por el bien de los propios ciudadanos que lo componen.
El número de haredim en las FDI se ha incrementado en los últimos años, pero aún es ínfimo en relación a su potencial
(Foto: EFE)
Primero, los datos proporcionados por el Instituto Israelí de Democracia, en relación a la pregunta clave: ¿Cómo se verán las cosas en 2050 en un escenario de estancamiento, o sea manteniéndose el nivel de integración similar al actual?
Demografía: La proporción de la población ultraortodoxa pasará del 12,6% actual al 24,4%.
Educación: La tasa de elegibilidad para el diploma de bachillerato (bagrut) en la sociedad ultraortodoxa es actualmente de solo el 16%. Esta situación provocará que la tasa general de titulados de bachillerato en toda la población se reduzca del 71% actual a solo 61,5% en 2050.
Educación superior: El porcentaje de graduados universitarios (título de grado) en la sociedad ultraortodoxa se sitúa hoy en un 13% entre los hombres y 38% entre las mujeres. De no haber cambios, la proporción global de graduados universitarios en la población general caerá del 47% actual a solo un 43,5% en 2050.
Carga de seguridad: Los ultraortodoxos representan hoy el 23,5% del grupo potencial de reclutamiento a los 18 años. En 2050, esta cifra aumentará al 40%. Sin cambios en la escala del reclutamiento ultraortodoxo, la tasa de hombres que se incorporan al servicio militar en la población general bajará del 61% al 45%.
Empleo: La tasa de empleo entre los hombres ultraortodoxos es actualmente de solo el 53%. La tasa de empleo del total de hombres en Israel prevé reducirse del 78,2% al 75,8%.
¿Cuáles serán las consecuencias de que continúe la falta de integración ultraortodoxa?
Pérdida dramática de PIB: Se proyecta que la economía perderá cada año un potencial de aproximadamente 160.000 millones de shékels (alrededor del 10% del PIB) debido a las bajas tasas de empleo y a la baja productividad laboral, a causa de un mayor número de trabajadores sin estudios básicos esenciales ni capacitación profesional relevante.
Déficit fiscal / impositivo: El pago medio neto de impuestos por hogar se reducirá en un 24%, lo que exigirá una fuerte subida de impuestos o un recorte drástico en los servicios públicos.
Brecha insostenible en el reparto equitativo de las cargas: Se manifestará en una extensión de la duración del servicio militar obligatorio y en un incremento de los días de servicio en la reserva, con un pesado costo económico añadido para el Estado en ambos casos.
Lo que ha centrado la discusión pública en los últimos años es la oposición al servicio militar obligatorio. Pero esto está relacionado también con el hecho de que el porcentaje de hombres ultraortodoxos que trabajan es mucho menor que el del resto de la población, ya que se abocan al estudio de la Torá mientras que son sus esposas las que trabajan, a menudo en posiciones que desde un punto de vista económico no son productivas para la sociedad. Esto perpetúa una situación de menores ingresos.
Es que según el acuerdo con el Estado, que expiró en junio de 2024 y fue cancelado definitivamente por la Corte Suprema de Justicia que declaró ilegal continuar con la desigualdad en el reclutamiento, los jóvenes que declaraban a los 18 años que se dedican a estudiar la Torá recibían postergación del servicio militar hasta los 26 años, y a esa edad recibían la exención. Pero si estudiaban la Torá, no podían trabajar. Una fórmula nociva desde todo punto de vista.
Y esto está relacionado también con la educación. Si bien ha aumentado la cantidad de instituciones de estudio en el sector haredí en los que enseñan matemáticas, inglés y otras materias consideradas básicas para recibir instrucción general —o sea, no solamente estudios judaicos—, es muy alto el porcentaje de quienes no las cursan, y eso indefectiblemente incide en su margen de maniobra si deciden salir a trabajar.
Es importante recalcar que, hasta 1977, el sector haredí hacía en su mayoría servicio militar —el número de exentos era limitado—, lo cual no significaba en absoluto que alguien concibiera siquiera que no estudien la Torá.
Como se mencionó arriba, en junio de 2024 la Corte Suprema, al expirar un acuerdo legal temporario que permitía las exenciones, recalcó que estas atentan contra el principio democrático de igualdad ante la ley. Y los jóvenes que recibían orden de reclutamiento y no se presentaban pasaron formalmente a ser desertores.
Es importante recalcar que, hasta 1977, el sector haredí hacía en su mayoría servicio militar —el número de exentos era limitado—, lo cual no significaba en absoluto que alguien concibiera siquiera que no estudien la Torá
Se comenzó a aplicar sanciones, aunque de alcance limitado: por un lado, quitando presupuestos a las yeshivot en las que estudiaban desertores, y por otro a nivel individual a ellos mismos: riesgo de detención y prohibición de salida del país, cancelación de subsidios para guarderías para niños cuyos padres eran desertores, y otras limitaciones.
Pero el sector haredí continúa recibiendo enormes presupuestos, a pesar de que el grueso de sus miembros no cumple con la obligación del servicio militar. En la campaña electoral, todos los partidos de oposición sionista se han comprometido a determinar en forma estricta que quien no aporta, no recibe nada del Estado. Algunos dicen explícitamente que también la ciudadanía árabe israelí debe incluirse en esta situación, pero no al servicio militar sino servicio nacional, en pro de la sociedad.
Entre 2019 y 2022, entre aproximadamente 1200 y 1400 jóvenes ultraortodoxos se incorporaron por año al servicio militar obligatorio. El año pasado el número aumentó a unos 4200, en gran medida por las sanciones. El aumento es importante pero ínfimo, no solo en relación con las necesidades sino con el potencial.
En todo momento hay cerca de 14.000 jóvenes ultraortodoxos de 18 años que deberían ser reclutados. Y si se toma en cuenta el marco de edad hasta el que reciben exención definitiva, o sea entre 18 y 26 años, la cantidad asciende a aproximadamente 70.000, de los que la mayoría rehúsa hacer el servicio militar.
Todo esto, sumado al tema de la educación y la productividad laboral, es clave para el presente y el futuro de Israel.
*Internacionalista, directora de Semanario Hebreo (Montevideo) y semanariohebreojai.com.
Fuente: semanariohebreojai.com.
Versión NMI.