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    19 junio, 2026

    Opinión

    “Propuesta pavorosa e imprudente”, por Beatriz Rittigstein

    Published by Yossi Bentolila on 19 junio, 2026
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    • Beatriz Rittigstein
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    Hace unos días, durante la cumbre del G7 en Evian-les-Bains (Francia), en una de sus reuniones bilaterales con el emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, el presidente Trump expresó abiertamente su frustración con la campaña militar israelí, abundando en calificarla de larga y costosa. Trump sugirió que Siria debería reemplazar a Israel en la lucha contra Hezbolá en el Líbano. Más adelante repitió tan ridícula propuesta, asegurando: “Estarán contentos de hacerlo, no les gusta Hezbolá”.

    Aclaremos que Hezbolá es un movimiento terrorista libanés creado por y dependiente de Irán, es decir del radicalismo islámico chiíta y para mostrar lo absurdo de la idea basta con señalar que Siria está gobernada por un terrorista del islamismo radical sunita, Ahmed al-Sharaa, conocido por su nombre de guerra Abu Mohammad al-Julani, con un pasado estrechamente ligado al yijadismo. En 2011, al-Sharaa fundó el Frente al-Nusra, la filial siria de al Qaeda. Todo ello lo debería inhabilitar para gobernar Siria, y más aún para resguardar al Líbano soberano.

    En 1975, cuando estalló la guerra civil en el Líbano, la diversidad religiosa-ideológica del pueblo libanés y su delicado equilibrio desempeñaron un rol fundamental. El conflicto se intensificó a medida que fuerzas extranjeras, específicamente de Siria e Irán, se involucraron y lucharon junto a diferentes facciones.

    Simpatizantes-de hezbolá en-Beirut-2015-AFP

    Simpatizantes de Hezbolá durante un discurso de Hassan Nasrala en Beirut en el año 2015
    (Foto: AFP)

    En 1976, el entonces dictador sirio Hafez al-Assad negoció una tregua entre las partes, mientras trasladaba tropas sirias al Líbano con el pretexto de la inestabilidad generada por las fuerzas palestinas (OLP y FPLP). La Liga Árabe aceptó que Siria mantuviera unos 40.000 soldados en el Líbano para separar a los combatientes y restablecer la calma.

    En 1982, Irán formó una base en el valle de Bekaa, bajo control sirio; destacamos que la dinastía Assad es alauita, cercana a los chiítas. Desde esa base, la Guardia Revolucionaria Islámica estableció, financió, entrenó y equipó a Hezbolá para que operara como un ejército a la orden de Irán. A partir de ese momento comenzaron los atentados suicidas con bomba contra estadounidenses y europeos en el Líbano. Hezbolá creció rápidamente hasta convertirse en una fuerza armada poderosa.

    Tras unas 150.000 muertes y el éxodo de un millón de personas, en 1989 el Acuerdo de Taif marcó el fin de los combates, y un comité de la Liga Árabe planteó soluciones al conflicto. Sin embargo, desde el fin formal de las hostilidades en 1990, las tensiones religiosas entre chiítas y sunitas persistieron. En mayo de 1991, el gobierno y el Parlamento libanés, aplicando los mandatos del Acuerdo de Taif, lograron que todas las facciones armadas que operaban en el Líbano se diluyeran, con excepción de Hezbolá, debido a que no participó en la guerra civil y se exhibía como “resistencia”; así, con su creciente poder militar y más adelante con su control político, dominó por completo al país.

    En 2005, el asesinato del exprimer ministro Rafik Hariri desencadenó la Revolución del Cedro, que condujo a la total salida militar de Siria del Líbano. Siria fue acusada internacionalmente de orquestar el magnicidio y el régimen de Bashar al-Assad se vio obligado a retirar sus tropas, poniendo fin a 29 años de autoridad militar.

    El sometimiento y la influencia de Siria sobre el Líbano en lo político, económico y militar, duró desde 1976 hasta 2005, período en el que Siria actuó como una fuerza de ocupación y árbitro absoluto de los asuntos libaneses; por lo que resulta un craso error por parte de Trump el solo hecho de mencionar que la actual Siria podría intervenir en el Líbano

    Posteriormente, Bashar al-Assad, aliado del régimen de los ayatolas, permitió que Siria constituyera un puente libre entre Irán y Hezbolá. A través de Siria, la teocracia iraní apoyó a su proxy más eficiente, cruel y, lamentablemente, exitoso durante largos años. Sin temor a equivocarnos, con la llamada operación beeper, que ocurrió en Líbano y Siria entre el 17 y 18 de septiembre de 2024, en la cual miles de estos dispositivos y también walkie-talkies explotaron hiriendo de forma contundente a sus usuarios, comenzó el declive de los terroristas chiítas.

    Adicionalmente, incrementando su debilidad, a los pocos días, el 27 de septiembre, en un ataque aéreo israelí contra el cuartel general de Hezbolá en el suburbio de Dahiye en Beirut, su líder Hassan Nasrala, junto con otros altos dirigentes del movimiento terrorista, fueron liquidados.

    En resumen, el sometimiento y la influencia de Siria sobre el Líbano que se impuso en lo político, económico y militar, duró desde el 31 de mayo de 1976 hasta el 30 de abril de 2005, período en el que Siria actuó como una fuerza de ocupación y árbitro absoluto de los asuntos libaneses; por lo que resulta un craso error por parte de Trump el solo hecho de mencionar que la actual Siria podría intervenir en el Líbano. Esa frase del presidente estadounidense debió causar pánico a los libaneses. Los ciudadanos democráticos de ese país valoran los combates de Israel y lo consideran como la mejor opción para desmantelar a Hezbolá, retomar la soberanía libanesa en todo su territorio, así como una ruta para el desarrollo y la prosperidad.

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    Yossi Bentolila
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