Releyendo uno de los libros más importantes de mi biblioteca, un best seller que tiene más de un siglo de haber sido publicado (exactamente en 1913), El hombre mediocre de José Ingenieros, me llamó la atención ahora en esta segunda lectura, que el autor hace mención del término “filisteo”.
Es increíble, pero lo que plantea el autor tiene en este momento más vigencia que nunca, ya que uno de los elementos que describe a ese “hombre mediocre” es su falta de personalidad y acogerse a otros ideales para formar parte de un entorno; imita y se acoge a las narrativas imperantes (hoy las redes sociales) sin cuestionarlas, careciendo de imaginación, personalidad y sentido común para tomar sus propias decisiones.
De las características que señala el autor de este hombre mediocre, que hoy en día parece una epidemia en gran parte del mundo, es su incapacidad para crear o destacar. Incluso ve con recelo y hasta con odio a esos países o personas que progresan, basados en el esfuerzo, estudio e innovación.
Quizá el mejor ejemplo es Israel, al que se le trata de aislar, perseguir, demonizar y muchos sueñan con su desaparición, creyendo que con eso se sentirían mucho más aliviados, ya que no tendrían que presenciar sus victorias constantes tanto en su defensa y contraataque a sus enemigos, como en el área del conocimiento humano, dotado de esa capacidad creadora que impulsa el progreso y la vida.
Cuando José Ingenieros utiliza el término “filisteos” lo usa para identificar a ese hombre mediocre en su dimensión social y moral que detesta a los idealistas, poetas, inventores, pensadores, desconfía de cualquier iniciativa que abra un camino hacia la genialidad, la pasión o la grandeza, e intenta siempre sumarse a la corriente que contrasta con la individualidad creativa y pensante.
Se esconde detrás de los prejuicios históricos, atávicos, para formar parte de una corriente, de una masa que dispara sus emociones y arrebatos por instintos colectivos que siempre son dirigidos por una ideología política o religiosa que capta a ese rebaño de gente, haciéndoles creer que forman parte de un movimiento importante y perdurable contra algo o alguien que supuestamente los quiere dominar.
Si este grueso de mediocres “filisteos” llegara a vencer, sería, según Ingenieros, la victoria de la mediocridad, siendo un peligro constante para la sociedad moderna ser dominada por esta mentalidad, por lo que la educación, la enseñanza, el cultivo de los ideales, el ingenio y valores como la vida, la libertad, la familia, la justicia y la dignidad humana son fuentes que deben nutrir a nuestros individuos desde la más tierna edad.
De las características que señala el autor de este hombre mediocre, que hoy en día parece una epidemia en gran parte del mundo, es su incapacidad para crear o destacar. Incluso ve con recelo y hasta con odio a esos países o personas que progresan, basados en el esfuerzo, estudio e innovación
Hoy en día vemos cómo esos supuestos movimientos que defienden sus privilegios como las feministas, los movimientos LGBTIQ+, los ecológicos, los Free Alex Saab, los Free Palestine y todos los otros “free”, son parte de ese segmento de mediocridad que hay que combatir para generar una humanidad estudiosa, creativa y respetuosa del otro.
David, el judío que venció al gigante filisteo Goliat, no porque era más fuerte sino porque creyó en él mismo, en la invencibilidad del Eterno quien creó a la humanidad, para que justamente, dotados de nuestro libre albedrío, decidamos mejorar la Creación con nuestro ingenio, capacidad e inteligencia, siendo nuestro comportamiento en este plano terrenal recompensado siempre en su justa dimensión.
A todos mis lectores les digo que tenemos una oportunidad única de ser mejores y engrandecer el entorno con nuestra actitud y comportamiento.