Brendan O’Neill
Imaginen que una milicia virulentamente francófoba estuviera a las puertas de la República Francesa. Imaginen que hubiera lanzado casi 100.000 misiles contra Francia en los últimos tres años. Imaginen que esos fanáticos que odian a Francia hubieran causado la muerte de cientos de franceses y obligado a casi medio millón a huir aterrorizados de sus ciudades. Francia respondería, ¿verdad? Tomaría medidas, ¿no?
¿Por qué, entonces, el presidente Macron no extiende el mismo derecho a luchar a su supuesto aliado, Israel? Hezbolá ha infligido cada uno de esos horrores sangrientos a Israel desde el 7 de octubre de 2023. He ajustado las cifras para tener en cuenta la población de Francia, de 70 millones, en comparación con los diez millones de Israel. Sin embargo, esto es lo que el pequeño Estado judío ha sufrido a manos de ese autoproclamado Partido de Dios: violencia incesante e indiscriminada. ¿Reprender a un Estado democrático por resistir a la milicia racista que lo ha sometido a semejante ataque? ¿Quién se cree Macron que es?
En solidaridad con el pogromo de corte nazi perpetrado por Hamás el 7 de octubre, Hezbolá comenzó a lanzar proyectiles contra Israel al día siguiente. Ha disparado alrededor de 12.000 misiles, cohetes y drones contra su vecino. Decenas de personas han muerto, incluyendo 12 niños drusos que jugaban al fútbol. Decenas de miles de personas del norte de Israel se han visto obligadas a exiliarse internamente, dejando tras sí pueblos fantasma. Ahora existen extensas zonas libres de judíos, justo como le gusta a los antisemitas de Hezbolá.
Miembros de Hezbolá hacen el saludo nazi durante el funeral de uno de sus compañeros
(Foto: El Mundo)
No hay un solo país en la Tierra que toleraría semejante provocación apocalíptica. Ni siquiera Francia, a pesar de todos esos memes sobre su tendencia a rendirse ante la amenaza fascista. Y sin embargo, esta semana Macron reprendió a Israel por contraatacar a Hezbolá. “Condenamos los ‘ataques indiscriminados’ de Israel en los términos más enérgicos posibles”, dijo, para regocijo de todos los imbéciles con kefiya.
Como era de esperar, lo están colmando de halagos. La forma más rápida de ganarse el afecto de la izquierda burguesa es atacar a Israel. Sin embargo, para quienes no hemos perdido la cordura en esa competencia de odio histérico hacia la única nación judía del mundo, los comentarios de Macron son una locura. Incluso inmorales.
Sé que Francia tiene una “relación especial” con el Líbano. Pero, en todo caso, eso debería hacer que Macron apoyara el justo rechazo de Israel a Hezbolá. Hezbolá es un cáncer para el Líbano. Es esencialmente una fuerza expedicionaria de la República Islámica de Irán. Ha convertido al Líbano en un bastión de la locura islamista de Teherán. ¡Qué ironía la de esos izquierdistas ineptos, que llaman a Israel “colonizador” cuando lucha contra una milicia que ha colonizado vastas extensiones del Líbano con un islamismo de origen extranjero!
La forma más rápida de ganarse el afecto de la izquierda burguesa es atacar a Israel. Sin embargo, para quienes no hemos perdido la cordura en esa competencia de odio histérico hacia la única nación judía del mundo, los comentarios de Macron son una locura. Incluso inmorales
Resulta nauseabundo ver a estas élites parisinas mimadas, cuya única lucha diaria es conseguir una chouquette, criticando duramente a Israel por luchar por su supervivencia contra tiranos islamistas. Y no son solo los franceses. En gran parte de los medios de comunicación, y por supuesto en toda la izquierda, se reprende a Israel por tener la osadía de contraatacar a sus verdugos antisemitas del Líbano.
Si uno navega por las redes sociales, se relaciona con los pacifistas o enciende la BBC, podría pensar que Israel bombardea el Líbano por diversión. Es “otra vez esa sed genocida de sangre”, dicen los izquierdistas que odian a Israel, ciegos a lo desquiciadas y premodernas que suenan tales calumnias contra el Estado judío para el resto de nosotros. Son mentiras por omisión. Obsesionarse con lo que Israel le está haciendo actualmente a Hezbolá, sin mencionar lo que Hezbolá ya le ha hecho a Israel, es incurrir en actos flagrantes de engaño.
El odio obsesivo de la izquierda hacia el Estado judío, que a menudo raya en la simpatía abierta hacia sus enemigos antisemitas, es una traición a todo aquello que alguna vez afirmó defender. Hezbolá es un ejército de fanáticos. Sueña con aniquilar al Estado judío, al que considera un “cáncer”. Su objetivo es un pogromo que eclipsaría los de la década de 1930: ha prometido continuar la “guerra santa” contra los judíos de Tierra Santa, y quienes sobrevivan “podrán regresar a Alemania, o de dondequiera que hayan venido”.
Si uno navega por las redes sociales, se relaciona con los pacifistas o enciende la BBC, podría pensar que Israel bombardea el Líbano por diversión. Es “otra vez esa sed genocida de sangre”, dicen los izquierdistas que odian a Israel, ciegos a lo desquiciadas y premodernas que suenan tales calumnias contra el Estado judío
La guerra de desgaste que lanzó Hezbolá contra Israel tras el 7 de octubre fue la última etapa de su visión fascista de un Medio Oriente libre de esos judíos malditos, que son “descendientes de monos y cerdos”, en palabras del difunto líder de Hezbolá, Hassan Nasrala. Que los supuestos progresistas demonicen a Israel y desvíen la atención de estos antisemitas es una imperdonable tergiversación de la verdad y la moral. La izquierda occidental debe explicar por qué considera que criticar el Corán es “intolerancia”, pero planear la expulsión violenta de los judíos de su patria es “resistencia”.
Cualquier cobertura de la crisis libanesa que omita estos hechos carece de fundamento. Macron y todo progresista genuino deberían exigir una sola cosa: la rendición total de Hezbolá y la liberación del Líbano e Israel de su ideología violenta y de odio.
*Columnista y comentarista político británico.
Fuente: The Spectator (spectator.com).
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.