Este año, la Autoridad Palestina presentó una larga lista de sitios históricos judíos, evidentes e innegables, a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, designándolos como sitios de patrimonio “palestino” o “islámico”
David M. Weinberg*
Judea y Samaria poseen un rico patrimonio nacional judío. Es el corazón bíblico de la región. El registro físico de la narrativa bíblica yace bajo tierra, con miles de sitios arqueológicos conocidos (y quizá miles más sin documentar), que proporcionan evidencia irrefutable que vincula al pueblo judío con la Tierra de Israel.
Precisamente por ello, desde el inicio del proceso de Oslo, la Autoridad Palestina ha actuado para destruir sitios arqueológicos en Judea y Samaria, saqueando deliberadamente antigüedades judías, arrasando sitios históricos judíos y trabajando en instituciones internacionales para borrar la identidad judía-israelí de dichos lugares.
Este año, la Autoridad Palestina propuso una larga lista de sitios históricos evidente e innegablemente judíos a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, rebautizándolos como sitios de patrimonio “palestino” o “islámico” y eliminando cualquier vínculo judío con ellos. La UNESCO parece estar participando con total impunidad en este saqueo político de la historia judía.
De hecho, la brutalidad con la que la Autoridad Palestina y sus aliados en la UNESCO han atacado los sitios del patrimonio judío en Israel es comparable a la que ejerció ISIS cuando arrasó sitios del patrimonio mundial como Mosul y Nimrud en Iraq, y Palmira en Siria.
El Altar de Josué (Yehoshúa), parte de cuyo antiguo muro de piedra fue triturado por palestinos para convertirlo en grava de construcción
(Foto: Wikimedia Commons)
La UNESCO se ha convertido, en esencia, en un instrumento de aniquilación, un cómplice voluntario en la campaña de borrado sistemático de la identidad judía. Esto equivale a un genocidio cultural.
Cabe recordar que, según la UNESCO, el Monte del Templo en Jerusalén no es realmente el Monte del Templo. En 2018, esa organización internacional moralmente corrupta aprobó una serie de resoluciones absurdas (propuestas por el dictador de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas) que declararon a Jerusalén una ciudad de patrimonio exclusivamente musulmán y criminalizaron la custodia israelí de la ciudad. La votación principal tuvo lugar precisamente en Janucá, festividad judía que conmemora la liberación y la rededicación del Templo por los Macabeos en el siglo II a.e.c.
La mayoría de las naciones europeas, esos grandes paradigmas de «paz» y «amor» por los judíos, se sumaron a esta afrenta, votando a favor o absteniéndose en las resoluciones negacionistas. Luego redoblaron su perfidia, al adoptar una resolución similar en la Asamblea General de la ONU en 2021, que negaba los vínculos judíos con el Monte del Templo y lo denominaba únicamente por su nombre musulmán, al-Haram al-Sharif.
A instancias palestinas, la UNESCO también declaró vergonzosamente Hebrón, con su Cueva de los Patriarcas y las Matriarcas, así como Tel Jericó, como patrimonio del “Estado de Palestina”.
El mes pasado, a instancias de ese mismo supuesto Estado que fomenta el genocidio cultural, la UNESCO declaró Sebastia-Samaria, la antigua capital del reino bíblico de Israel, como Patrimonio de la Humanidad asociado a Palestina. Esto, a pesar del continuo saqueo del sitio por parte de la Autoridad Palestina (que se encuentra parcialmente en la Zona “A” de Judea y Samaria) y la construcción de viviendas sobre las antiguas reliquias israelitas, helenísticas, romanas y bizantinas.
Afortunadamente, Israel comenzó recientemente a reivindicar sus derechos en Sebastia, expulsando a los invasores palestinos, reanudando las excavaciones arqueológicas profesionales y comenzando a invertir en el desarrollo turístico del sitio.
El mes pasado, a instancias de ese mismo supuesto Estado que fomenta el genocidio cultural, la UNESCO declaró Sebastia-Samaria, la antigua capital del reino bíblico de Israel, como Patrimonio de la Humanidad asociado a Palestina
Ahora, la UNESCO está considerando la declaración de 22 lugares adicionales de Judea y Samaria como “bienes culturales palestinos” en virtud de la Convención del Patrimonio Mundial. Esto incluye, de forma escandalosa, lugares de gran importancia para el patrimonio judío, como Qumrán y sus Rollos del Mar Muerto, el Herodión, las Piscinas de Salomón y los acueductos que conducen al Templo del Salomón en Jerusalén, el Monte Guerizim, la Cueva de Caritón, Tel Rumeida en Hebrón, y los acueductos hasmoneos en Wadi Kelt (Nahal Prat), con los palacios hasmoneos que se ubican en el extremo inferior del wadi. Todos estos sitios se encuentran en territorio controlado por Israel, y ninguno tiene una conexión histórica o cultural que justifique su inclusión en la lista de “patrimonio palestino”.
La lista de la Autoridad Palestina también incluye antiguos sitios cristianos, como el Monasterio de San Hilarión en Gaza, ahora presentado de forma absurda y con fines políticos como “patrimonio palestino”.
Y por supuesto, cabe destacar que, según la Autoridad Palestina y sus presentaciones ante la UNESCO, ninguno de esos sitios se encuentra en el desierto o las montañas de Judea, ya que usar el nombre histórico de Judea implicaría un reconocimiento tácito de la conexión con el pueblo judío. Así que para borrar la historia judía, la Autoridad Palestina ha inventado una nueva terminología: Judea desaparece de la narrativa, reemplazada por etiquetas fabricadas como Al Bariyah: Desierto y Monasterios.
Esta campaña por borrar de la identidad judía abarca desde la negación histórica hasta la destrucción física. La Autoridad Palestina tiene un claro historial de persecución y demolición arqueológica.
Según la valiente ONG israelí Preservando lo Eterno, el 80% de los aproximadamente 400 sitios patrimoniales más importantes de Judea y Samaria han sido dañados por el saqueo palestino a gran escala y el uso de maquinaria pesada para arrasar yacimientos arqueológicos y construir carreteras, fábricas y proyectos agrícolas. En otras palabras, una eliminación deliberada de todo lo judío (las cifras provienen de un informe de hace cinco años, por lo que probablemente la situación sea mucho peor hoy en día).
Tres ejemplos impactantes se refieren al Monte del Templo, el Altar de Josué en el Monte Ebal y las Piscinas de Salomón.
La “Piscina de Salomón”, sección del magnífico sistema de acueducto construido hace 3000 años entre Hebrón y Jerusalén, y parte del cual también ha sido dañado deliberadamente por la Autoridad Palestina
(Foto: Enlace Judío)
En 1999, el Wakf, liderado por la Autoridad Palestina, llevó a cabo vastos proyectos de construcción ilegales en el Monte del Templo y sus alrededores, destruyendo deliberadamente siglos de tesoros arqueológicos judíos. El Wakf arrojó sin miramientos 400 camiones llenos de tierra rica en piezas arqueológicas en el Valle de Kidrón. Desde entonces, miles de artefactos del período del Templo han sido encontrados gracias al minucioso cribado de los escombros realizado por arqueólogos israelíes.
En el monte Ebal, cerca de Nablus (Shjem), un extenso yacimiento arqueológico, identificado por el difunto profesor Adam Zartal como el altar de Josué, se encuentra en peligro. La Autoridad Palestina elaboró planes para pavimentar el sitio con carreteras y 24 edificios de viviendas, y en 2001 contratistas palestinos trituraron parte del antiguo muro de piedra para convertirlo en grava para las carreteras. Recientemente, Israel detuvo nuevos intentos palestinos de vandalizar el lugar, y aprobó la construcción de una yeshivá y un asentamiento cercano que también protegerá el yacimiento arqueológico.
Otro episodio indignante se refiere al asombroso acueducto, identificado como el magnífico sistema de abastecimiento de agua del rey Salomón para Jerusalén. Este acueducto va desde Hebrón, pasando por Belén, hasta Jerusalén, incluyendo lo que hoy se conoce como las Piscinas de Salomón, al suroeste de Belén. Esta maravilla de la ingeniería antigua, de 40 km de longitud, se describe detalladamente en la Biblia, y la descripción coincide con precisión con los hallazgos arqueológicos.
Las piscinas y los acueductos sobrevivieron 2000 años de veranos, inviernos y numerosos invasores y depredadores, hasta la llegada de la Autoridad Palestina. En 2022, la AP excavó una enorme cantera de 150 hectáreas en Beit Fajar, atravesando un tramo del acueducto. La explotación causó daños irreversibles: unos 100 metros de túnel y aproximadamente 2000 metros del acueducto a cada lado del túnel quedaron reducidos a escombros. Recientemente, el gobierno de Israel (¡por fin!) ha intervenido para evitar mayores daños a las reliquias y desarrollar el sitio para el turismo bíblico organizado.
La lista de la Autoridad Palestina también incluye antiguos sitios cristianos, como el Monasterio de San Hilarión en Gaza, ahora presentado de forma absurda y con fines políticos como “patrimonio palestino”
El Gabinete israelí acaba de aprobar 113 millones de shékels en fondos gubernamentales para la protección y el desarrollo de 70 sitios patrimoniales de Judea y Samaria. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el ministro de Patrimonio, Amijai Eliyahu, impulsaron esta asignación presupuestaria. Si bien es insuficiente dada la magnitud del desafío, esta financiación indica un cambio de política. Se ha intensificado la vigilancia, se ha iniciado el desarrollo del sitio y el acceso público, y tras décadas de abandono y saqueo se están desenterrando tesoros históricos largamente ocultos.
Los descubrimientos son significativos y tienen el potencial de trasformar la investigación global sobre periodos históricos completos de importancia para el patrimonio mundial. Algunos ejemplos: en Hircania, cerca de la carretera Jerusalén-Mar Muerto, se está revelando una fortaleza que marca la caída del reino hasmoneo como una “mini-Masada”, con sistemas de asedio, cámaras subterráneas, inscripciones y baños rituales.
En la fortaleza alejandrina del Monte Sartaba, mencionada en la Mishná en relación con las hogueras que inspiraron la ceremonia de encendido de antorchas del Día de la Independencia de hoy, las excavaciones también están produciendo nuevos e impactantes hallazgos.
Cada excavación arqueológica de este tipo representa una victoria sobre el negacionismo palestino y los esfuerzos de la UNESCO, similares a los del ISIS, por borrar la historia judía.
*Investigador principal del Instituto Misgav para la Seguridad Nacional y la Estrategia Sionista, con sede en Jerusalén.
Fuente: The Jerusalem Post.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.