El nuevo borrador de constitución de la Autoridad Palestina para la creación de un Estado ignora la reconciliación; de hecho, el documento borra la historia de Israel y del pueblo judío
Gary Rosenblatt*
El 80% de las naciones del mundo apoyan la creación de un Estado palestino, respaldando la visión de que Israel y Palestina vivan en paz, uno junto al otro. Comparto ese objetivo final, pero hoy lo considero tan solo una aspiración, al igual que la venida del Mesías. Sin embargo, basándome en el borrador recién publicado de una Constitución para la Autoridad Palestina, un plan detallado para crear ese Estado, creo que es más probable que el Mesías aparezca antes de que se concrete la solución de dos Estados.
El borrador debería ser de lectura obligada para los 157 países que reconocen un Estado palestino. Descubrirán que su percepción de una futura democracia palestina dispuesta a aceptar al Estado de Israel como vecino es una ficción. No se habla de convivir con Israel. En cambio, el borrador afirma que Jerusalén será la capital de Palestina y que los lugares sagrados islámicos y cristianos serán mantenidos y protegidos. No se menciona la conexión judía con Jerusalén y esa tierra desde los tiempos bíblicos, ni se reconoce que el Judaísmo tiene sus raíces en Tierra Santa y que durante miles de años las oraciones judías ha estado profunda e inextricablemente ligada a ella.
Mahmud Abbas recibe el borrador de la Constitución palestina del consejero Muhamad Hajj-Qasim en Ramala, el pasado 5 de febrero
(Foto: Wafa)
En efecto, el documento de 53 páginas borra la historia de Israel y del pueblo judío. Propone un Estado que rechaza la “ocupación colonial… la limpieza étnica… y el genocidio continuo”, gobernado no por la democracia, sino por la sharía islámica. Legaliza el terrorismo al prometer continuar con la política de “pagar por matar” de la AP, exigiendo “protección y atención a las familias de los mártires, heridos y prisioneros, a los liberados de las cárceles de la ocupación y a las víctimas del genocidio”.
Adiós al espíritu de compromiso o al fomento de la confianza necesarios para preparar tanto a árabes como a judíos para vivir como vecinos. Al leer el borrador, con su énfasis en el victimismo, recordé el comentario más citado de Abba Eban. Dos meses después de la Guerra del Yom Kipur de 1973, Eban, como embajador de Israel ante la ONU y excelso orador, señaló que los líderes árabes «nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad». Se refería a los esfuerzos de paz frustrantemente estancados.
El borrador de Constitución palestina borra la historia de Israel y del pueblo judío. Propone un Estado que rechaza la “ocupación colonial… la limpieza étnica… y el genocidio continuo”, gobernado no por la democracia, sino por la sharía islámica
Más de medio siglo después, la Autoridad Palestina, creada por los Acuerdos de Oslo hace tres décadas, continúa una larga tradición de rechazo a los intentos de soluciones diplomáticas para crear un Estado independiente. Integrada por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y otros grupos terroristas, la Autoridad Palestina ha rechazado sistemáticamente las iniciativas de paz israelíes y estadounidenses, incitando a menudo a la violencia contra ciudadanos israelíes y enseñando a los niños desde pequeños a odiar a los judíos. Ha sido un fracaso sumamente impopular entre su propio pueblo, política y financieramente, y carece de legitimidad.
Mahmud Abbas, de noventa años y elegido para un mandato de cuatro años hace 21, no ha celebrado elecciones desde 1995 porque sabe que las perdería. Gobierna por decreto ejecutivo, reprimiendo con crueldad a críticos y disidentes. Su gobierno es considerado corrupto en muchos aspectos, incluyendo el nepotismo y la malversación de fondos, por más de 80% de los palestinos.
Los detalles del nuevo borrador de la Constitución de la Autoridad Palestina son particularmente problemáticos, en un momento en que los llamamientos internacionales a favor de un Estado palestino son cada vez más fuertes. Estados Unidos y otros países occidentales, conscientes de la debilidad e incompetencia de la Autoridad Palestina, han basado, en parte, sus esperanzas de resolver la crisis de la Gaza de la posguerra en el fortalecimiento de una Autoridad Palestina reformada que podría desempeñar un papel clave en la estabilización de la zona. “Gaza y Cisjordania deberían reunificarse bajo una única estructura de gobierno, en última instancia bajo una Autoridad Palestina revitalizada”, escribió el expresidente Biden en The Washington Post en noviembre de 2023. Pero eso implicaría nuevas elecciones y una reestructuración integral del gobierno, lo que se traduciría en mayor libertad y derechos para los palestinos y mayor seguridad para la región.
Los únicos que se benefician, al menos a corto plazo, de este desastre diplomático son aquellos en Israel que quieren a Gaza y Cisjordania libres de palestinos para siempre. O al menos hasta que llegue el Mesías
El hecho de que el borrador proponga lo contrario —más fundamentalismo islámico y la negativa a coexistir con Israel o incluso a reconocerlo— no solo frustra las esperanzas de resolver la situación en Gaza, sino que fortalece a la derecha israelí, que desde hace tiempo insiste en que la solución de dos Estados es una fantasía. Como escribió Najum Kaplan, periodista residente en Israel, en su boletín en la plataforma Substack, Moral Clarity: “el borrador redobla la apuesta por la supresión, el agravio y la supremacía teológica. También revela que la AP no tiene intención de convivir pacíficamente con Israel. Y cualquiera que crea lo contrario es parte del problema”.
En esta última versión de una oportunidad perdida, la AP ha mostrado su verdadera cara. Los únicos que se benefician, al menos a corto plazo, de este desastre diplomático son aquellos en Israel que quieren a Gaza y Cisjordania libres de palestinos para siempre. O al menos hasta que llegue el Mesías.
*Exeditor de The Jewish Week de Nueva York.
Fuente: The Times of Israel.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.