

Los judíos inician un nuevo año, el 5787. Se cuenta desde la creación del mundo, tal como lo conocemos hoy día en cuanto a su naturaleza. La celebración del
nuevo año se basa en un período de introspección personal y colectivo. Reflexionar y enmendar. Fijarse metas nobles. Repasar lo hecho y lo ocurrido en el pasado año para rectificar, mejorar.
El año nuevo sigue con diez días de profunda meditación que culminan en el famoso Yom Kipur, el Día del Perdón. Es el más sagrado del calendario judío, respetado casi por unanimidad. No es poca cosa tener la oportunidad de acceder al perdón divino gracias a la oración y el propósito teórico de enmendar.
El mes hebreo de Tishrei, precisamente y cuando ocurre el año nuevo y el Día del Perdón, continúa con la Fiesta de las Cabañas. Los judíos abandonan sus hogares y, por siete días, hacen vida cotidiana en unas endebles chozas a la intemperie, como muestra de la sumisión al Todopoderoso y la absoluta convicción de que los bienes materiales son etéreos, es la espiritualidad y la confianza en Dios aquello que alimenta el alma y da felicidad.
(Foto: ABC News)
Las festividades de este mes en general tienen un carácter universal. Las plegarias tienen un alto componente de peticiones por el bien de toda la humanidad en cuanto a que sean cubiertas las necesidades de alimentación y bienestar de todas las naciones, que los gobernantes tengan la sabiduría necesaria para tomar y ejecutar las mejores decisiones. La paz de todo el mundo es clamada con intensidad, y la buena convivencia entre todos.
Al hacer una retrospectiva de lo ocurrido en relación con los judíos e Israel, algo muy a lugar y necesario, nos encontramos con el triste resurgimiento y fortalecimiento del antisemitismo en muchas facetas. La crítica a Israel como Estado y sus acciones de cualquier tipo son algo que debe aceptarse y confrontarse de ser el caso; las divergencias de opiniones y de ideologías son también parte de la dinámica entre personas y países. Pero es evidente que existe una condena a priori del Estado judío, un sesgo demasiado claro contra Israel y una disfrazada posición que ya no oculta posturas francamente antisemitas.
Lo anterior se corrobora en episodios puntuales muy llamativos. Puede ser el terrible atentado en Australia durante la fiesta de Janucá, contra judíos que estaban celebrando la ocasión en una playa; las declaraciones y posturas del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien no condena las acciones violentas contra sinagogas en su ciudad mientras realizan eventos de promoción de actividades en Israel. Las desagradables manifestaciones de calle en España, directamente contra los judíos con exclamaciones insultantes tales como “judío que veo judío que pateo”. El número de incidentes antisemitas, graves y no tan graves, ha crecido en forma alarmante en los últimos meses.
Es más que evidente que existe un antisemitismo en boga, una judeofobia desatada. La utilización de Israel como excusa para criticar ha dejado de ser ya una máscara algo más elegante, las posturas y conductas antisemitas se han desatado sin pudor. En varios países de Europa se recomienda a los judíos no salir con signos que los identifiquen como lo que son, a fin de evitar agresiones. Algo más triste que increíble.
Estando asó las cosas, Israel se prepara para realizar elecciones el 27 de octubre, en uno de los momentos más críticos de su historia, con guerras no terminadas y la sensación cierta de mayor belicosidad y beligerancia. Las heridas del 7 de octubre de 2023 no se han cerrado, y las inculpaciones internas de unos a otros no cesan ni tampoco calman los ánimos. Unas elecciones suponen un refrescamiento y un cambio. La situación de Israel y del mundo, la de sus vecinos y enemigos declarados, auguran pocos cambios en algunos aspectos muy claves. Un nuevo gobierno no hará a Irán amigable, ni a Hamás rendirse e irse, ni al antisemitismo global bajar su intensidad.
Pero tenemos derecho a abrigar esperanzas y expectativas cuando se inicia un nuevo año. Esperanzas y expectativas que sean ambiciosas, pero realistas. Que no conduzcan a frustraciones.
Shaná Tová de todas maneras. A todos. Con esperanzas y expectativas.