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    Elieser Rotkopf deja una enorme huella en nuestra comunidad

    Published by Yossi Bentolila on 30 marzo, 2026
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    Sami Rozenbaum

    Elieser Rotkopf cuando presidió la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela, entre 1997 y 1999
    (Foto: archivo NMI)

    El 23 de marzo falleció, a los 96 años de edad, don Elieser Rotkopf, líder imprescindible de nuestra kehilá durante casi siete décadas, durante las cuales dirigió varias de sus instituciones más importantes, y además marcó pauta por su elevada cultura y su estilo respetuoso y siempre amable.

    Nacido en Buenos Aires en 1929, de niño su familia se trasladó a Montevideo, Uruguay. Allí fue dirigente de la juventud judía, presidiendo durante cinco períodos el Movimiento Juvenil Sionista Liberal Trumpeldor. Se trasladó a Venezuela en 1958, y al año siguiente se convirtió en secretario de organización y presidente de la Unión de Jóvenes Hebreos de Caracas; también participó en la creación de capítulos de esa organización en Maracaibo y Valencia.

    Fungió como secretario general de la Federación Sionista de Venezuela, vicepresidente del Keren Hayesod local, y vicepresidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith. Presidió la UIC durante dos períodos (1979-1981 y 1981-1983), y la CAIV entre 1997 y 1999. Desde 1999 hasta su fallecimiento fue director general del Instituto Cultural Venezolano Israelí (ICVI).

    Por otra parte fue gobernador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, miembro de su Junta Ejecutiva, y dirigió la Asociación Venezolana de Amigos de la UHJ durante 22 años.

    Fue distinguido con la Orden Francisco de Miranda, Orden Diego de Losada, así como Honorary Fellowship y Premio Scopus de la Universidad Hebrea, Botón al Mérito de la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith y Premio al Mérito Comunitario 1996 de la AIV junto a su esposa Ena. Publicó numerosos artículos en la prensa nacional y en Nuevo Mundo Israelita.

    Una destacada actividad que llevó a cabo la CAIV durante la presidencia de Rotkopf fue el Primer Congreso Cultural Judeo-Latinoamericano “Visión retrospectiva y dimensión contemporánea”, auspiciado por el Congreso Judío Latinoamericano, que se efectuó entre el 28 y el 31 de marzo de 1998 en el marco de las celebraciones por el 50 aniversario del Estado de Israel. También con motivo de ese aniversario, Rotkopf impulsó a través de la CAIV que el Instituto Postal Telegráfico de Venezuela (Ipostel) emitiera una serie de diez estampillas relacionadas con la historia judía.

    Una de sus iniciativas que recibió poca difusión, como lo estipula el principio judaico de tzedaká basseter (“caridad y justicia con discreción”), fue su labor filantrópica, materializada en el Fondo de Becas Ena y Elieser Rotkopf destinado al sostenimiento de proyectos educativos en el país. A través de este fondo, numerosos jóvenes venezolanos lograron acceder a oportunidades de formación, fortaleciendo el tejido intelectual y social de la nación.

    Sus discursos de apertura durante los actos de conmemoración de la resolución 181 de la ONU (“partición de Palestina”) y de Yom Haatzmaut (Día de la Independencia de Israel) eran siempre una expresión de su apasionado amor por el Estado judío y estaban llenos de poesía. Su presencia en esos actos será siempre recordada y admirada.

    En su última etapa de actividad, a través del Instituto Cultural Venezolano Israelí, Rotkopf impulsó una inestimable labor, promoviendo la educación y el esclarecimiento sobre el Judaísmo e Israel entre las nuevas generaciones de estudiantes universitarios venezolanos.

    En una entrevista que ofreció en 2018, cuando se preparaba la publicación del libro por los 50 años de la CAIV, expresó: “La característica de nuestra comunidad es la unidad, la organización y principalmente un puente extendido hacia Israel”. Puede afirmarse que esos fueron los focos de su vida comunitaria.

    El caballero de blanco y azul

    Elías Farache

    Rotkopf durante el acto de celebración de los 60 años del ICVI en 2016
    (Foto: archivo NMI)

    El miércoles 25 de marzo de 2026 nos llegó la triste noticia del fallecimiento de Elieser Rotkopf, Z’L. Una sensible pérdida que va mucho más allá de lo físico, de lo estrictamente institucional.

    Elieser Rotkopf y su esposa Ena fueron por muchos años el modelo de pareja y personas que dictaron cátedra en cuanto a dedicación total a las causas judías, comunitarias, nacionales, internacionales. Ejemplo viviente de la entrega a ideales dentro del marco muy estricto del respeto a personas e instituciones. Respeto lleno de amor y cariño por la causa.

    Elieser Rotkopf fue presidente de varias instituciones, dejando un halo de caballerosidad y señorío. Si algo puede describirlo con mucho acierto es resaltar que era un hombre educado y correcto. No siempre nos encontramos con gente así.

    Su vasta cultura la acompañaba con una gran cantidad de vivencias que se convirtieron muchas veces en anécdotas, en enseñanzas para quienes tuvimos el privilegio de pertenecer a alguna de sus juntas o conversar sin prisa ni pausa, casi siempre con Ena, en compañía de un café y algo del humo casi permanente de su compañera de vida.

    Elieser Rotkopf pertenece a esa generación de líderes y dirigentes que nos van dejando por causa del implacable tiempo, que fundaron e impulsaron lo que es y ha sido una comunidad siempre ejemplar, que estuvo presente en la época del glorioso crecimiento y no nos abandonó cuando algo de decadencia y dificultades se hicieron inevitables. Visión y compromiso, también valor para tomar decisiones no siempre agradables.

    Su indeclinable apoyo al Estado de Israel, a sus instituciones y personeros estuvo siempre presente. Como su personaje favorito de la historia, Winston Churchill, en su cancha respectiva jugó siempre como estadista. Por cierto que era hincha de la selección de fútbol de su Uruguay natal.

    Se fue Elieser, el que vestía siempre camisas blancas o celestes. Nos deja el recuerdo agradable de un caballero. Lo extrañaremos.

    Elías Farache

    Se nos va un guía, pero nos queda su obra

    Sary Levy

    Ena y Elieser en 2014, durante el evento en que se le otorgó el premio Praz Yerushalaim a la incansable Ena
    (Foto: archivo NMI)

    Recordar a Elieser Rotkopf es evocar la síntesis entre la acción y el pensamiento. Él logró amalgamar, con una naturalidad envidiable, la profundidad del intelectual con la eficacia del líder comunitario y la sensibilidad del poeta. La pausa y la inteligencia fueron el sello distintivo de su verbo y carácter.

    Su huella es profunda y se extiende por los pilares de la vida judía en Venezuela: la Unión Israelita de Caracas, CAIV, B’nai B’rith, el Instituto Cultural Venezolano Israelí y cualquier otro rincón donde la hasbará o la palabra justa fueran necesarias. Su vida fue testimonio de un sionismo inquebrantable y un amor genuino por Israel, sentimientos que se entrelazaron en armonía con su profundo compromiso por Venezuela, dejando un ejemplo de ciudadanía ejemplar en ambas tierras.

    Por encima de sus logros institucionales, Elieser fue, ante todo, un hombre de familia. Junto a su inseparable Ena formó un hogar que fue el núcleo de su fuerza y su refugio. Su mayor éxito no reside en los cargos que ocupó o los discursos que pronunció, sino en los valores que trasmitió con coherencia en cada paso de su camino.

    Aquellos que tuvimos el privilegio de trabajar a su lado extrañaremos su consejo pausado y su mirada clara. Se nos va un guía, pero nos queda su obra.

    Que su memoria sea siempre una bendición.

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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