
En junio de 2017, durante la celebración de al-Quds (nombre que en el Islam se da a la capital eterna e indivisible del Estado de de Israel, Jerusalén), el régimen teocrático iraní presidido por Alí Jameneí inauguró en la llamada Plaza Palestina de Teherán un reloj. Este tiene como peculiaridad insólita que da la hora, pero no como cualquier reloj sino en cuenta regresiva, indicando el tiempo que presuntamente le queda de existencia al Estado de Israel.
Bueno, Alí Jamenéi ya no va a poder contemplar las cifras de dicho artilugio diabólico, que presagia para 2040 la desaparición física del Estado de Israel, que hoy cuenta con poco más de 10 millones de ciudadanos, todos ellos con iguales derechos civiles y políticos, de los cuales más de dos millones son árabes israelíes. Pero para esta gente, cuya obsesión de vida es la muerte del infiel, eso no es problema: las poblaciones árabes, católicas, cristianas, drusas, circasianas, coptas, Baha’i, etc., entre las otras confesiones religiosas que hacen vida en tierra santa, su desaparición sería simplemente un daño colateral para obtener el fin supremo: la muerte de Israel y de todo lo que ahí habita.
Tal cual pasó con la invasión y masacre que produjo Hamás entre otros grupos terroristas el 7 de octubre de 2023 en el sur de Israel, con la masacre de más de 1200 personas, y que al llevarse 251 rehenes a Gaza. Ellos sabían, por supuesto, la reacción de la víctima, que sería la respuesta del cualquier Estado normal: perseguir a los terroristas y recuperar a los rehenes, habiendo Hamás preparado el terreno a la espera del ejército israelí, provocando una guerra urbana llena de trampas, túneles y 2 millones de civiles como escudos humanos, cuyas bajas les servirían a su plan maquiavélico y publicitario de demonizar a Israel, sin importar en lo más mínimo el sufrimiento del pueblo gazatí, visto como un daño colateral para su objetivo obsesivo, que es la destrucción de Israel tal como lo establece su carta fundacional.
A pesar de que el reloj de la ignominia pretende anunciar al año de desaparición de un Estado que forma parte del concierto de las naciones, violando la Carta Estatutaria de la ONU, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles, Políticos y diferentes tratados universales, no hemos visto en absoluto alguna resolución de condena de estas instancias Internacionales, lo que a todas luces es tan aberrante como el reloj mismo, artilugio que conlleva, ante la mirada complaciente de la humanidad, una amenaza explícita y publica que forma parte de la doctrina exterior de Irán, así como de todos sus proxies en el Medio Oriente, como Hamás, Hezbolá, los hutíes y combatientes chiítas en Iraq y Siria.
Creo profundamente en las visiones de los grandes profetas de Israel, y por eso el reloj de la ignominia, que intenta profetizar la destrucción de Israel en 25 años contados a partir de la declaración de Jamenéi en 2015 de que Israel dejaría de existir en 2040, en definitiva lo que provocará en ese lapso (y ya lo ha venido haciendo) será todo lo contrario, al igual que paso con Balaam, un profeta y adivino, cuando el rey Balak lo contrató con grandes riquezas para que maldijera al pueblo de Israel. A pesar de las advertencias del Creador, Balaam llego adonde se encontraban los campamentos israelitas, y cuando fue a maldecirlos, de su boca tomada por el espíritu divino lo que se desprendieron fueron bendiciones y profecías de grandeza sobre Israel.
Asimismo, aparece en el Antiguo Testamento la revelación pronunciada por Amós, un profeta pastor del siglo VIII a.e.c. que se encuentra en el libro Amós 1:6-8, acerca del juicio divino sobre varias naciones vecinas del Reino de Israel, y en especial sobre Gaza, cuando dijo: “Por tres pecados de Gaza y por el cuarto no revocaré su castigo, porque llevó cautivos (rehenes) a todo un pueblo para ser entregado a Edom”; y prosiguió: “Prenderé fuego en el muro de Gaza y consumiré sus palacios”.
Los estudiosos interpretan estos versículos como la entrada militar que hizo el Tzáhal en Gaza para recuperar a los rehenes el 28 de octubre de 2023, tres semanas después de la invasión de los terroristas palestinos; pero ya Occidente había gritado “genocidio”, mucho antes de la incursión de las tropas hebreas en Gaza.
Por otro lado, podemos leer en los capítulos 12 y 14 del Libro de Zacarías, otro gran profeta, cuando vaticinó lo que le trasmitió El Creador: “Yo pongo a Jerusalén como una copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor, y en aquel día dispondré a Jerusalén como piedra pesada a todos los pueblos, todos los que se la intentaren cargar serán fuertemente lacerados, en caso de que todas las naciones de la tierra se juntarán en su contra”.
Podrá caer Europa, ya lo estamos viendo en vivo, también los ayatolas y todos sus proxies, inclusive América, pero Israel nunca caerá. Yahvé ya lo ha expresado a través de los profetas en variadas revelaciones como esta: “Derramaré sobre la casa de David y sobre los moradores de Jerusalén espíritu de gracia y de oración”.