
Y las cinco víctimas que no deben ser olvidadas
Beatriz W. de Rittigstein
A finales de 2025, la familia de Marwan Barghouti lanzó una campaña llamada Free Marwan, respaldada por una carta abierta firmada por más de 200 personalidades de la cultura, el cine, la música y otros ámbitos. La carta insta a la ONU y a los gobiernos del mundo a intervenir para conseguir su liberación.
En agosto de 2026 se produjo una nueva afluencia de adhesiones, especialmente llamativa por la participación de más de 20 actores vinculados con el mundo de Marvel. Entre ellos figuran Benedict Cumberbatch, Mark Ruffalo, Don Cheadle, Cate Blanchett y Tilda Swinton.
Marwan Barghouti es uno de los palestinos con mayor popularidad internacional. Para muchos palestinos es un héroe nacional, unificador, símbolo de la “resistencia” contra la “ocupación” israelí y una alternativa al envejecido e impopular liderazgo de la Autoridad Palestina. Su prolongado encarcelamiento —permanece preso desde 2002— ha contribuido a convertirlo en una figura de enorme peso político y simbólico.
Barghouti, de 66 años, alcanzó notoriedad como dirigente estudiantil en la Universidad de Birzeit y como figura de al-Fatah durante la Primera Intifada. En 1994 fue elegido secretario general de al-Fatah en Cisjordania y, al año siguiente, Yasser Arafat lo designó para dirigir Tanzim, brazo armado de Fatah. Durante la Segunda Intifada, en abril de 2002, Israel lo arrestó por su rol en la brutal ola de ataques terroristas que enfrentaba la ciudadanía israelí. Fue juzgado en el Tribunal del Distrito de Tel Aviv por haber “liderado, operado, ayudado, alentado y participado en acciones terroristas, causando intencionadamente la muerte de cientos de israelíes”, señaló la Fiscalía.
Pintura de Barghouti en el muro de separación entre Israel y Cisjordania
(Foto: ecfr.eu)
En 2004, Barghouti fue condenado por cinco cargos de asesinato directos y uno de intento de asesinato, por lo que recibió una pena de cinco cadenas perpetuas consecutivas más cuarenta años de prisión. Dichos ataques fueron planificados, financiados y ejecutados a través de Tanzim y las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, bajo su mando operativo.
El enigma de este personaje es que, pese a llevar más de dos décadas encarcelado, continúa siendo una de las figuras políticas palestinas con mayor respaldo popular. Diversos sondeos lo han situado por encima de otros dirigentes palestinos y, precisamente por esa popularidad, algunos líderes israelíes llegaron a considerarlo una posible alternativa a Hamás, capaz de competir políticamente y de unir a las distintas facciones palestinas.
A lo largo de su trayectoria se observan contradicciones en las posturas de Barghouti; por un lado, ha defendido la violencia de la lucha armada y ha señalado que la Intifada es el camino. No obstante, se ha mostrado favorable a la solución de dos Estados. Pero una cosa es analizar su potencial político y otra muy diferente sería borrar su responsabilidad penal.
Estos ataques terroristas se realizaron a través de hombres-bomba, tiroteos en cafeterías, estallidos de autobuses y masacres durante la Pascua judía, dirigidos contra la población civil. Con sus siniestras firmas, las estrellas de Hollywood pretenden cubrir con un manto nada glamoroso la vida truncada de las cinco víctimas civiles, quienes no fueron abstracciones ni estadísticas sino personas concretas: el padre Georgios Tsibouktzakis, sacerdote griego ortodoxo de 35 años, asesinado a tiros mientras conducía cerca de un monasterio; Yoela Chen, de 45 años, recibió disparos mientras recogía a sus hijos del colegio; Yosef Haybi, de 51 años, murió durante el ataque armado a un restaurante donde estaba cenando; Eliyahu Dahan, de 53 años, asesinado durante el mismo ataque; Salim Barakat, de 33 años, un policía druso que intentó detener al terrorista que atacó dicho restaurante.
En 2004, Barghouti fue condenado en Israel por cinco cargos de asesinato directos y uno de intento de asesinato, por lo que recibió una pena de cinco cadenas perpetuas consecutivas más cuarenta años de prisión
Cabe destacar que las tres últimas víctimas murieron en el ataque al Seafood Market de Tel Aviv, el 5 de marzo de 2002. El atacante abrió fuego contra los comensales con un fusil M16 y luego utilizó un cuchillo durante su huida; decenas de personas resultaron heridas.
Hay una precisión importante que los firmantes de la actual campaña hollywoodense deberían tener en sus conciencias: Barghouti no fue condenado por los 33 asesinatos que figuraban inicialmente en la acusación; el Tribunal israelí lo absolvió de 21 cargos de asesinato por falta de pruebas suficientes que lo vincularan directamente con esos hechos, pero sí fue condenado por los cinco asesinatos mencionados, además de otros crímenes.
Resulta irresponsable, inmoral e inhumano que estos artistas e intelectuales presten sus nombres, su fama y su prestigio, dejándose utilizar como instrumento de respaldo a un verdadero terrorista al que presentan con nuevas, pero falsas, estampas: “preso político”, “símbolo de paz”, “un Mandela palestino”. La imagen es sumamente atractiva; pero la realidad, da escalofríos. Detrás de esa narrativa cuidadosamente elaborada, hay una campaña cuyo objetivo destruye los valores occidentales. “Libertad para Barghouti” significa reescribir la historia de forma selectiva, y borrar a las víctimas del imperio del terror.