

Cómo se convierte al secuestrador en liberador
Manuel Ferez*
Memorial al festival Nova, donde 378 jóvenes fueron asesinados a sangre fría el 7 de octubre de 2023
(Foto: AP)
En una entrevista reciente con Piers Morgan, el primer ministro de Catar, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, hizo una afirmación que ha comenzado a circular con fuerza. Según al-Thani, en las primeras horas posteriores al ataque del 7 de octubre Catar transmitió a las autoridades israelíes la disposición de Hamás a liberar a todos los rehenes. Bastaba, dijo, con una “ventana de alto el fuego” para sacarlos, pero Israel, según el relato catarí, ni siquiera “consideró la idea”.
La frase es sencilla y eficaz: “Hamás quería devolver a todos los civiles”, pero trasforma de golpe la secuencia histórica. El actor que acababa de participar en una incursión masiva de captura, violación y asesinato aparece como quien, apenas unas horas después, intentaba devolver aquello que había obtenido; y el Estado cuyos ciudadanos habían sido secuestrados y asesinados aparece como el obstáculo que impidió la solución.
Esta versión no es del todo inventada, pues existen reportes periodísticos posteriores, principalmente del periódico Haaretz, que describen un contacto el mismo 7 de octubre por la noche entre el primer ministro catarí y el entonces jefe del Mossad, David Barnea. Según esas reconstrucciones, se habría trasmitido una disposición de Hamás a liberar civiles, a las que Barnea habría respondido que si querían liberarlos que lo hicieran, pero que Israel no estaba preparado para negociar con Hamás. Existen también versiones contrapuestas en las que asociados de Barnea afirmaron que la propuesta venía con condiciones inaceptables. La oferta, en cualquier caso, permanece en el terreno de lo dudoso.
La cobertura del New York Times durante los primeros ocho meses de la guerra asignó “agencia y responsabilidad casi exclusivas a Israel mientras disminuía el papel de Hamás en la continuación del conflicto”. El análisis de 1559 artículos muestra que “Israel” se menciona más de 27.000 veces frente a 8500 menciones de Hamás, y que solo en 7% de los textos Hamás aparece con la misma o mayor frecuencia
El problema de fondo no es solo de evidencia, es de secuencia histórica, de coherencia y de una operación narrativa más amplia que apunta a blanquear las acciones y decisiones de Hamás, anular la agencia palestina y trasladar toda la responsabilidad a Israel por un acto que fue decidido y ejecutado por actores palestinos.
Conviene aclarar que esta reflexión se limita a examinar una reconstrucción específica del 7 de octubre y de las primeras horas posteriores al secuestro. Evaluar el comportamiento de Israel y de Hamás durante la guerra que siguió es un tema distinto que requiere un examen propio y no se aborda aquí.
La afirmación de al-Thani realiza tres operaciones sucesivas:
La declaración de al-Thani no es un episodio aislado, y forma parte de un patrón recurrente en el que se presentan las decisiones de Hamás (y de otros actores palestinos) como reacciones forzadas o incluso como gestos de buena voluntad frustrados por Israel, mientras se borra o minimiza la agencia de quienes planificaron, ejecutaron y mantuvieron el secuestro.
El primer ministro de Catar, además de financiar a Hamás, juega ahora malabarismos con la historia para hacerlo pasar como un movimiento “humanitario”
(Foto: Middle East Monitor)
Otros ejemplos ilustran esta lógica. En los días posteriores al 7 de octubre, Hamás afirmó haber ofrecido liberar a dos rehenes adicionales “por razones humanitarias” y que Israel se negó a recibirlos. Israel calificó la afirmación de propaganda. El mensaje implícito era el mismo: Hamás quería devolver; Israel impedía. Durante las negociaciones de 2024 y 2025, versiones mediadas por Catar y Egipto han insistido reiteradamente en que Hamás aceptó propuestas casi idénticas a las israelíes o estadounidenses, y que fue Israel quien rechazó acuerdos alcanzables. La narrativa convierte a Hamás en el actor flexible y a Israel en el intransigente, aunque la evidencia documental muestra que Hamás condicionó sistemáticamente cualquier liberación a un cese permanente de hostilidades, peticiones imposibles para la contraparte israelí, entre ellas la supervivencia de su estructura de poder en Gaza.
En el plano mediático, se ha difundido la idea de que “Israel es responsable de las muertes de sus propios civiles el 7 de octubre” (mediante la distorsión de la Directiva Hannibal), o que las atrocidades sexuales no ocurrieron o fueron fabricadas. Estas narrativas no solo relativizan los crímenes de Hamás; transfieren la causalidad al Estado agredido.
Un patrón similar aparece en la cobertura de algunos medios occidentales. Como documentó el estudio del profesor Edieal Pinker de la Yale School of Management, publicado en septiembre de 2026 en Studies in Conflict & Terrorism[3], la cobertura del New York Times durante los primeros ocho meses de la guerra asignó “agencia y responsabilidad casi exclusivas a Israel mientras disminuía el papel de Hamás en la continuación del conflicto”. El análisis de 1559 artículos muestra que “Israel” se menciona más de 27.000 veces frente a 8500 menciones de Hamás, y que solo en 7% de los textos Hamás aparece con la misma o mayor frecuencia. En esa narrativa dominante, a partir del 8 de octubre Israel aparece como el “único agresor” y los palestinos como “víctimas pasivas”.
El resultado de este mecanismo de reconstrucción retrospectiva es una inversión de roles en la que el secuestrador aparece como quien intentó resolver el problema, y el Estado cuyos ciudadanos fueron secuestrados aparece como quien impidió la solución
En todos estos casos opera la misma lógica: se diluye la agencia de los actores palestinos que decidieron secuestrar, retener y utilizar a los rehenes como instrumento de presión, y se traslada la responsabilidad moral y política a Israel por no haber aceptado las condiciones que esos mismos actores imponían.
Antes de evaluar si Israel rechazó o no una propuesta, hay que formular una pregunta básica: ¿Quién secuestró a los rehenes que Hamás, según esta versión, quería devolver?
La realidad documentada es más compleja que la narrativa, y muestra que no todos los cautivos fueron tomados por Hamás, no todos estaban bajo su control exclusivo, y los propios pronunciamientos de los grupos armados en los días siguientes muestran que los rehenes fueron concebidos y utilizados como moneda de negociación. Una reconstrucción que presente a Hamás como dispuesto a devolver “a todos” desde el primer día tiene que explicar por qué, en esos mismos días, sus líderes los presentaban públicamente como instrumento de coerción.
No basta con demostrar que Catar trasmitió una disposición a liberar a algunos civiles; hay que demostrar que esa disposición equivalía a una decisión de renunciar al instrumento de presión recientemente obtenido. Esa equivalencia no está documentada, lo que sí está documentado es el uso continuado de los rehenes como herramienta de negociación durante meses.
El resultado de este mecanismo de reconstrucción retrospectiva es una inversión de roles en la que el secuestrador aparece como quien intentó resolver el problema, y el Estado cuyos ciudadanos fueron secuestrados aparece como quien impidió la solución. Desaparecen del contexto la incursión masiva del 7 de octubre de 2023, la dispersión de los cautivos entre distintos grupos, las declaraciones contemporáneas que condicionaban cualquier liberación a concesiones, y el uso sistemático de videos de rehenes para ejercer presión pública.
Cualquier evaluación seria de esta versión debe empezar por las preguntas elementales: quién secuestró, quién controlaba, para qué secuestró y qué significaba realmente “querer devolverlos”. Solo después de responderlas se puede juzgar la frase que hoy circula como si fuera un hecho establecido
La afirmación de al-Thani no necesita inventar cada elemento, opera reordenando piezas verdaderas, disputadas o incompletas para producir una causalidad nueva. Ese reordenamiento convierte una posible conversación mediadora en una narrativa de oferta humanitaria frustrada por Israel, y forma parte de una estrategia más amplia de blanqueo que anula la agencia palestina y traslada toda la responsabilidad a Israel por decisiones tomadas por actores palestinos.
Cualquier evaluación seria de esta versión debe empezar por las preguntas elementales: quién secuestró, quién controlaba, para qué secuestró y qué significaba realmente “querer devolverlos”. Solo después de responderlas se puede juzgar la frase que hoy circula como si fuera un hecho establecido.
Si aceptamos acríticamente que Hamás quiso devolver a los rehenes desde el primer día y que Israel se negó, entonces el secuestro deja de ser un crimen y se convierte en un malentendido y esa es, precisamente, la operación que esta narrativa catarí busca completar y establecer.
*Sociólogo, analista internacional y escritor chileno.
Fuente: Substack de Manuel Ferez.
Versión NMI.
REFERENCIAS
[1] https://www.hrw.org/news/2023/10/19/Hamás-islamic-jihad-holding-hostages-war-crime “Hamás, Islamic Jihad: Holding Hostages is a War Crime” (19/10/2023)
[2] https://www.un.org/unispal/document/report-of-the-independent-international-commission-of-inquiry-on-the-occupied-palestinian-territory-including-east-jerusalem-and-israel-11sep24/ Tercer Informe de la Comisión (documento A/79/232) de septiembre de 2024.
[3] https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/1057610X.2026.2707956 How the New York Times Framed the War Between Israel and Hamás en Studies in Conflict & Terrorism (7 de septiembre de 2026)