
Arribamos el día de hoy al tercer aniversario del pogromo ejecutado por más de seis mil terroristas palestinos integrantes de Hamás, la Yijad Islámica y otros cientos de civiles, que ingresaron por diferentes lugares al sur de Israel, aprovechando la andanada de misiles lanzados previamente como señuelo, ejecutando una matanza indiscriminada de más de 1200 personas, familias judías en sus hogares, en los campos, en las ciudades aledañas, y llevándose a 251 personas de rehenes a la oscuridad de los túneles en Gaza.
Escenas dantescas encontraron los militares y rescatistas que lograron ingresar a las áreas devastadas horas más tarde, incluso los cuerpos de 370 jóvenes que se encontraban en la fiesta Nova asesinados a mansalva por la jauría de hienas que, en un frenesí macabro, cazaban a todos los que se encontraban a su paso.
Cuando no podían acceder al cuarto de seguridad que por razones obvias tiene cada unidad de vivienda en Israel, le prendían fuego a la casa, incendiando a todos los que se encontraban en dichos receptáculos de seguridad, familias enteras con bebés, niños, etc.
La polarización de la sociedad israelí en todo el 2023, por el tema de la Reforma Judicial, fue captando la atención de Ismael Haniye, quien se unió a Hamás en 1987 durante la primera intifada, ascendiendo rápidamente en los escalafones de poder, nombrado primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina en 2006 tras la victoria de Hamás en las elecciones parlamentarias en la Franja de Gaza, última elección realizada en los territorios palestinos, y en 2017 fue nombrado presidente del Buró Político de Hamás. Junto a Yahya Sinwar él habría organizado, planificado y dado la orden de la invasión al sur de Israel aquel nefasto día.
Ambos han sido dados de baja por el Ejército de Israel, el primero el 31 de julio de 2024 mientras se encontraba en Teherán para la toma de posesión del presidente iraní, y el segundo en Gaza cuando fue descubierto por un dron espía israelí un 16 de octubre de 2024; esas imágenes se hicieron virales.
Por supuesto, considero que el hecho que provocó la orden de la fecha definitiva de invasión, fue la relevancia que estaban tomando las reuniones de alto nivel entre Israel y Arabia Saudita, patrocinadas por EEUU, que se acercaban a la firma de un acuerdo de paz histórico entre el país líder de la Liga Árabe conformada por 22 países sunitas, y que alberga en su territorio los lugares más sagrados del Islam (la Meca y Medina), e Israel.
Ese acuerdo de paz había que implosionarlo, dinamitarlo; y qué mejor que provocar al León de Judea mediante un evento abominable que lo hiciera buscar a los asesinos en las entrañas de Gaza, en donde todo, desde hacía años, estaba preparado, listo y dispuesto para un Vietnam moderno: cientos de kilómetros de túneles, trampas bomba, disparo de misiles, cohetes y morteros desde hospitales, mezquitas, colegios, residencias; terroristas vestidos de civil, camuflados dentro de una población de más de dos millones de personas. La escena para demonizar a Israel estaba servida, el mundo sería testigo en vivo y directo de la masacre que pretendían los terroristas que se cometiera, y que en la práctica nunca llegó.
Se dispuso de cientos de militantes disfrazados de periodistas para grabar, hoy se sabe con nombre y apellido que 170 abatidos en Gaza eran miembros de facciones terroristas; fotografiaban escenas prefabricadas, montaban escenarios con niños que lloraban o pedían comida, llevando —oh casualidad— cada uno de ellos platos u ollas en las manos; fotos de muertos, pero en otros combates en Siria; niños cuyos padres abrazaban desconsolados por su fallecimiento, pero que se rascaban un pie; presentaban niños que tenían algún problema congénito o de salud como si fuera causado por una hambruna, mientras la madre o padre que lo presentaba tenía obesidad mórbida.
Inclusive, según las mismas cifras dadas por Hamás de 73.000 palestinos fallecidos, habría que descontar las 5000 personas que estadísticamente perecen por año por enfermedades y accidentes, más los que han sucumbido por cohetes, morteros, obuses o misiles que son disparados desde la propia Franja de Gaza, que por desperfectos o mal funcionamiento caen en un 20% dentro del enclave costero, como el lanzado por la Yijad Islámica que cayó en el Hospital al-Ahli Baptist el 17 de octubre de 2023, a solo 10 días de la invasión. Imagínense, en tres años cuántos cohetes más no habrán caído y causado destrozos y víctimas dentro de la misma población gazatí y por supuesto, los militares de grupos armados palestinos, que se estima según reportes suministrados por Hamás que de la población censada, el 72,5% son hombres entre los 16 a 52 años, es decir, en edad de combatir.
Todos los datos, y repito, partiendo de la información del mismo Hamás, un grupo que va a mentir si le interesa, lo que parece obvio que es su interés, nos demuestra fehacientemente que las bajas civiles en una guerra de estas características ha sido, por lejos, la más baja en la era moderna, lo que ha conllevado a una conclusión elemental: no hubo genocidio en Gaza, Israel no ha tenido la intención de eliminar a dicha población aun cuando tiene la posibilidad de hacerlo; a diferencia de Hamás, que anhela con desesperación asesinar a todos los judíos pero no tiene esa capacidad.
La “hambruna” fue otra carta de engaño y mentiras que utilizaron para deslegitimar a Israel, pero esa narrativa les duró poco, también se les cayó.
Israel triunfó en los siete frentes militares que se abrieron, redujo a su mínima expresión a la Media Luna Chiíta, incluyendo al Hamás sunita, produjo la salida del dictador Bashar al-Assad en Siria, y dio de baja a los líderes históricos de Irán , Hezbolá y Hamás, y mostrando una capacidad en lo militar, en lo tecnológico, con un ingenio asombroso.
Recuperó a 168 rehenes con vida, y trajo a casa los cuerpos de 83 para darles sepultura de acuerdo a nuestros ritos, rodeados de sus familiares y todo Israel.
Nos queda el octavo frente, el mediático, en el cual los judeófobos han invertido billones de dólares, en universidades, medios de comunicación, campañas políticas y movilizaciones; pero ese octavo frente también será desmontado, porque el dato mata relato, la verdad siempre prevalecerá ante la mentira y el engaño.
Hoy más que nunca, “Ni olvido ni perdón”. Am Israel Jai.