En el Medio Oriente, un buen acuerdo no se mide por las intenciones expresadas el día de su firma, sino por su capacidad para resistir violaciones al día siguiente. Desde los yijadistas que aún amenazan la frontera entre Israel y Siria, pasando por Irán y Hezbolá, hasta los drusos: los puntos en los que Israel debe insistir y por qué el tiempo apremia
Carmit Valensi*
La declaración del presidente sirio Ahmed al-Sharaa de que Damasco está trabajando para alcanzar un acuerdo de seguridad con Israel merece un análisis profundo.
Esta no es la primera vez que al-Sharaa emite este tipo de mensajes desde que llegó al poder en diciembre de 2024. Sin embargo, sus últimas declaraciones son significativas. Se producen tras meses en los que la retórica siria hacia Israel se ha vuelto cada vez más crítica, principalmente debido a la continua presencia militar israelí y sus incursiones en el sur de Siria. Su decisión de enfatizar una vez más la posibilidad de un acuerdo indica que la vía diplomática sigue abierta.
Para Israel, esto representa una oportunidad estratégica: estabilizar su frontera norte, impedir que Irán y Hezbolá se restablezcan en Siria, establecer una autoridad gubernamental responsable en Damasco y quizá, en una etapa posterior, abrir la puerta a una iniciativa regional más amplia.
Pero no hay que confundir oportunidad con certeza. El régimen sirio sigue siendo frágil, su control sobre el país es parcial, el nuevo ejército se encuentra en un proceso acelerado de reconstrucción, y figuras con antecedentes yijadistas se han incorporado a las instituciones estatales. La realidad es compleja, y por lo tanto sería un error verla en términos binarios, ya sea presentando a al-Sharaa como un hombre de paz que ha experimentado una trasformación completa, o rechazando todo diálogo con el argumento de que necesariamente es una trampa.
El enigma: Ahmed al-Sharaa
(Foto: EPA)
La pregunta correcta no es simplemente si al-Sharaa es un socio, sino si se puede diseñar un acuerdo que proteja a Israel incluso si sus intenciones cambian o si su gobierno no es lo suficientemente fuerte como para hacer cumplir sus compromisos. Por consiguiente, la reanudación del diálogo con Damasco no debe basarse en la confianza en al-Sharaa ni en sus intenciones. Debe basarse en un acuerdo que reduzca los riesgos y salvaguarde formalmente los intereses esenciales de seguridad de Israel desde el principio.
Dicho acuerdo debería incluir varios principios claros:
1. Una prudente retirada israelí
La retirada israelí a las líneas de separación de 1974, incluyendo el territorio capturado tras la caída del régimen de Assad, debe llevarse a cabo de forma gradual y responsable. Cada etapa debe estar condicionada a la capacidad del gobierno sirio para prevenir el terrorismo, las infiltraciones y el tráfico de armas en la región fronteriza, mediante un proceso de medidas recíprocas de fomento de la confianza.
2. Eliminar las amenazas del suroeste de Siria
Es necesario establecer mecanismos de seguridad eficaces y la desmilitarización del suroeste de Siria. La zona debe estar libre de armamento pesado, sistemas estratégicos, milicias armadas y cualquier presencia militar extranjera que amenace a Israel. Al mismo tiempo, deben alcanzarse acuerdos claros con Damasco respecto a la preservación de la libertad de acción de Israel ante una amenaza inmediata, en particular en caso de un nuevo afianzamiento iraní o la reanudación del contrabando de armas a Hezbolá.
3. Participación de Estados Unidos
Se requieren garantías sustantivas de Estados Unidos, no solo una firma simbólica. Washington debe participar en mecanismos de supervisión y cumplimiento, mediar en disputas, y tomar medidas claramente definidas si Damasco incumple sus compromisos.
4. No abandonar a los drusos
La cuestión drusa debe incluirse entre las demandas de Israel. Estas deben abarcar garantías de seguridad y representación política, así como el fin de la grave violencia sectaria. También deberían establecerse mecanismos de diálogo, y se debería exigir al gobierno sirio que demuestre su capacidad para controlar las fuerzas que actúan en su nombre. Estas medidas demostrarían buenas intenciones y facilitarían el avance hacia un acuerdo entre Israel y Siria.
La conclusión es clara. En las condiciones adecuadas, Israel debería reanudar el diálogo con Damasco y buscar un acuerdo mientras aún conserva una influencia significativa.
La pregunta correcta no es simplemente si al-Sharaa es un socio, sino si se puede diseñar un acuerdo que proteja a Israel incluso si sus intenciones cambian o si su gobierno no es lo suficientemente fuerte como para hacer cumplir sus compromisos
También hay que recordar que la alternativa, una presencia militar indefinida sin horizonte diplomático, no está exenta de riesgos. Profundizaría la hostilidad hacia Israel, reforzaría las afirmaciones de los extremistas de que Jerusalén busca dividir a Siria o expandir su control sobre territorio sirio, incrementaría las críticas regionales e internacionales y podría, en última instancia, llevar a que Estados Unidos presione para una retirada israelí en condiciones menos favorables.
Comprender a la otra parte se logra mediante el diálogo, no solo a través de la fricción militar, sino también mediante el contacto diplomático. Israel debería regresar a la mesa de negociaciones desde una posición de fuerza, establecer condiciones claras, y garantizar que cada concesión que haga esté acompañada de supervisión y una capacidad de aplicación creíble. En el Medio Oriente, un buen acuerdo se mide no solo por las intenciones expresadas el día de su firma, sino también por su capacidad para resistir violaciones al día siguiente.
*Investigadora principal del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (INSS), y jefa del Área de Investigación sobre Siria.
Fuente: Israel Hayom (israelhayom.com).
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.