Sábado 26 de Septiembre de 2026
    • @NMISRAELITA
    • @NMISRAELITA
    • @MUNDOISRAELITA
    logo nmi duelologo nmi duelologo nmi duelologo nmi duelo
    Suscríbete
    a nuestro boletín
    • INICIO
    • DOSSIER
    • KEHILÁ
      • Kehilá
      • Shivá
    • LEER PARA CREER
    • OPINIÓN
      • Perspectivas
    • VIDA RELIGIOSA
    • ISRAEL/DIÁSPORA
    • NOTICIAS
    • OBITUARIOS
    • SALUTACIONES
    • AGENDA COMUNITARIA
    • ESPECIALES
    • GASTRONOMÍA
    • EDICIONES IMPRESAS
    • QUIÉNES SOMOS
      • Quiénes somos
      • Nuestra Historia
      • Contacto
    ✕
    Rawan-Osman-Facebook jordania
    Un mundo cobarde se solaza atacando a Israel en la ONU
    24 septiembre, 2026
    Etrog-Wikimedia fruta
    El largo viaje de un etrog: cómo una fruta recorre el mundo antes de Sucot
    25 septiembre, 2026

    Perspectivas

    Cómo el mito del “genocidio en Gaza” se convirtió en una licencia para acosar y matar judíos

    Published by Yossi Bentolila on 25 septiembre, 2026
    Categories
    • 2201
    • Destacados
    • Destacados Anteriores
    • Perspectivas
    Tags
    • Adam Milstein
    • Alianza roja-verde
    • DSA
    • Genocidio en Gaza
    • Socialistas Democráticos de Estados Unidos

    Desde Los Ángeles hasta Washington y Sydney, está surgiendo un patrón preocupante de antisemitismo y violencia

    Adam Milstein*

    El pasado mes de diciembre, activistas antiisraelíes enmascarados acosaron en grupo al templo Wilshire Boulevard, la sinagoga judía más antigua de Los Ángeles, lanzando insultos antisemitas a los asistentes y tildándolos de «monstruos genocidas». En un plazo de dos semanas, el FBI detuvo a cuatro miembros del grupo que promovió el ataque. El autodenominado «Turtle Island Liberation Front» (Frente de Liberación de Turtle Island) enfrenta ahora cargos federales de terrorismo por planear, presuntamente, la detonación de bombas de tubo en cinco lugares del sur de California durante la Nochevieja. La presunta cabecilla, Audrey Carroll, se describe a sí misma como «fanática de Hamás».

    No son casos aislados. En mayo de 2025, Yaron Lischinsky, empleado de la embajada de Israel, y su prometida Sarah Milgrim, fueron asesinados frente al Capital Jewish Museum de Washington por Elías Rodríguez, quien declaró a la policía: «Lo hice por Gaza». Días después, en Boulder (Colorado), Mohamed Soliman lanzó bombas incendiarias contra judíos que marchaban en apoyo a los rehenes israelíes retenidos por Hamás en Gaza, gritando que quería “matar a todos los sionistas». Karen Diamond, sobreviviente del Holocausto, falleció a consecuencia de las heridas sufridas. Y durante la última festividad de Janucá, dos hombres armados musulmanes —Sajid Akram y su hijo Naveed Akram, quienes se habían grabado condenando a los «sionistas»— abrieron fuego en una celebración de Janucá en la playa de Bondi, en Sydney, matando a 15 personas, incluida una niña de 10 años.

    En el año 1144, los judíos de Norwich, Inglaterra, fueron acusados de matar ritualmente a un niño cristiano para obtener su sangre. Durante casi nueve siglos, este libelo de sangre se propagó, seguido por ataques de turbas violentas. Nunca se trató de lo que los judíos hacían o dejaban de hacer; su existencia servía para dar permiso a las turbas para acosar y matar judíos. Hoy en día, esa misma calumnia de sangre tiene un nuevo nombre: el genocidio de Gaza.

    Manifestación contra el “genocidio en Gaza” en Madrid, enero de 2024
    (Foto: epe.es)

    Analicemos la cronología. La acusación de “genocidio” surgió pocos días después del 7 de octubre, cuando Israel aún trataba de identificar los cuerpos de 1200 hombres, mujeres y niños asesinados por los terroristas, y mientras más de 250 rehenes israelíes sufrían abusos en Gaza. A los pocos días de la masacre, las violaciones y la quema de niños israelíes —incluso antes de que comenzara la operación terrestre de Israel—, ya había activistas en ciudades occidentales exhibiendo pancartas que pedían «detener el genocidio».

    El 13 de octubre, el hoy alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, publicó en X: «Estamos al borde de un genocidio de palestinos en Gaza en este preciso momento». El 15 de octubre, 800 organizaciones antiisraelíes instaron a tomar «medidas inmediatas y efectivas, ya que se está produciendo un genocidio en la Franja de Gaza».

    La acusación de genocidio se desmorona al contrastarla con las pruebas, incluidos los propios registros de Hamás. Las listas de víctimas del “Ministerio de Salud de Gaza” —controlado por Hamás— contradicen la narrativa del genocidio: el 72% de los fallecidos en Gaza de entre 13 y 55 años eran hombres en edad de combatir, el sector de la población del que Hamás recluta a sus efectivos. Su tasa de mortalidad fue aproximadamente tres veces mayor que la de las mujeres de su misma edad. Israel libró una guerra contra un ejército terrorista que se escudaba tras la población civil, no un genocidio. El único actor genocida el 7 de octubre fue Hamás, cuyos líderes juraron repetir la acción «una y otra vez».

    En su libro Israel on Trial (“Israel bajo juicio”), el juez federal Roy Altman sostiene que el Holocausto fue un genocidio porque la Alemania nazi tenía la intención de destruir al pueblo judío, y llegó a asesinar a seis millones de judíos. Por el contrario, la población de Gaza aumentó de aproximadamente 1,3 millones en 2005 a más de 2,1 millones para 2025; esto es incompatible con una intención de exterminar al pueblo palestino. Israel no cometió un genocidio en Gaza; ¡Israel estaba trabajando en la construcción de una nación!

    La acusación de “genocidio” surgió pocos días después del 7 de octubre, cuando Israel aún trataba de identificar los cuerpos de 1200 hombres, mujeres y niños asesinados por los terroristas, y mientras más de 250 rehenes israelíes sufrían abusos en Gaza

    Una nueva iniciativa global, Gaza GenoLIE, lanzada por más de 70 organizaciones de todo el mundo —incluidas la Liga Antidifamación (ADL) y el Congreso Judío Mundial—, está sacando a la luz este libelo de sangre. El sitio web GazaGenoLIE.com aporta pruebas concretas de que las acusaciones de genocidio son una campaña orquestada y fabricada: alegaciones de genocidio que surgieron apenas un día después de la masacre cometida por Hamás; una definición jurídica distorsionada hasta quedar irreconocible; una «hambruna» difundida mediante imágenes de niños aquejados de enfermedades preexistentes; y terroristas haciéndose pasar por «periodistas» de la cadena catarí Al-Jazeera.

    Los sectores radicales de Estados Unidos adoptaron esta narrativa desde el primer momento. El 8 de octubre de 2023, una concentración que celebraba el «derecho a la resistencia» abarrotó Times Square; el evento fue promovido por la sección de Nueva York de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA), el «caballo de Troya» dentro del Partido Demócrata al que me referí en un artículo anterior.

    Los manifestantes coreaban la cifra «700» —el número de israelíes fallecidos confirmado hasta ese momento— mientras hacían gestos de degollamiento. La organización nacional de los DSA declaró que la masacre «no fue un acto no provocado». Su copresidenta nacional califica el «genocidio de Gaza» como lo peor que ha visto en su vida adulta, y hoy en día afirmar que Israel tiene derecho a defenderse constituye motivo de expulsión para los políticos respaldados por la DSA.

    Y esta ideología está ganando elecciones. La congresista Rashida Tlaib, miembro de DSA, fue censurada por la Cámara de Representantes tras acusar al presidente de apoyar «el genocidio del pueblo palestino». Darializa Avila Chevalier, candidata al Congreso por el DSA y respaldada por el alcalde Mamdani, asistió a aquella manifestación del 8 de octubre y hoy sigue defendiendo su presencia en ella. Logró derrotar a un congresista veterano en las elecciones primarias de Nueva York, declarando: «Podemos decir que lo que ocurre en Gaza es un genocidio y ganar».

    Llevo mucho tiempo sosteniendo que el antisemitismo no es solo un problema de los judíos, sino también de Estados Unidos, y el DSA lo demuestra. Los integrantes del DSA son una avanzadilla interna de lo que denomino el «Eje Rojo-Verde»: una alianza de conveniencia entre la izquierda radical y los movimientos islamistas. El componente «rojo» aporta un proyecto de décadas de antigüedad destinado a desmantelar las instituciones estadounidenses —el capitalismo, la familia, las fuerzas del orden y el sistema bipartidista—, valiéndose para ello de infraestructuras universitarias y sindicales creadas con este fin. El elemento «verde» aporta fervor religioso, dinero y recursos humanos.

    La alianza islamo-izquierdista es el principal enemigo de Estados Unidos. Su objetivo no es la política exterior, sino la trasformación interna: deslegitimar el poder estadounidense, normalizar la violencia política y radicalizar a una generación contra los principios fundacionales del país

    No se trata de una molestia menor. La alianza islamo-izquierdista es el principal enemigo de Estados Unidos. Su objetivo no es la política exterior, sino la trasformación interna: deslegitimar el poder estadounidense, normalizar la violencia política y radicalizar a una generación contra los principios fundacionales del país. La narrativa del genocidio es simplemente el vehículo actual. Sea cual sea el pretexto, el blanco sigue siendo el mismo: el estilo de vida estadounidense, el patriotismo de Estados Unidos y la lealtad de la próxima generación hacia el propio país.

    Los judíos son el canario en la mina de carbón. Una sociedad que permite que una acusación de crimen ritual (libelo de sangre) justifique el asesinato no se detendrá en los judíos. La misma coalición rojo-verde que hoy aplaude los cánticos de «genocidio» encontrará nuevos objetivos mañana, porque su verdadero conflicto es con el propio Estados Unidos: sus alianzas, su orden constitucional y su apoyo a las democracias bajo asedio.

    ¿Qué debemos hacer? En primer lugar, infórmese con los datos disponibles en GazaGenoLIE.com y compártalos, especialmente con los jóvenes que se encuentran inmersos en la desinformación. En segundo lugar, exija a los líderes de ambos partidos que califiquen la acusación de genocidio como lo que realmente es —una acusación de crimen ritual del siglo XXI—, y que señalen a la alianza islamo-izquierdista que la promueve como lo que es: una amenaza para Estados Unidos, no solo para Israel. En tercer lugar, pase de la defensa al ataque en los medios de comunicación, en los campus universitarios y en las urnas. Haga que la mentira del genocidio y la alianza que la difunde resulten políticamente tóxicas.

    Durante casi nueve siglos, la acusación de crimen ritual ha seguido la misma secuencia: la mentira, la licencia para actuar y el derramamiento de sangre. Esta vez no esperaremos a ver el desenlace. Combatir esta mentira sobre el genocidio y enfrentarse al eje rojo-verde que la alimenta no es una lucha exclusiva de los judíos. Está en juego nada menos que el futuro de Estados Unidos y todo Occidente.

    *Analista de riesgo estratégico y filántropo israelí-estadounidense.
    Fuente: The Jerusalem Institute for Strategy and Security (jiss.org).
    Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.

    Share
    0
    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

    Related posts

    Etrog-Wikimedia fruta
    25 septiembre, 2026

    El largo viaje de un etrog: cómo una fruta recorre el mundo antes de Sucot


    Read more

    Deja un comentario Cancelar la respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Portal informativo de la comunidad judia de venezuela

    © Copyright Nuevo Mundo Israelita 2026 - Powered by

        Todos los viernes recibirá los artículos
        publicados durante la semana


        X