Israel vive siempre momentos dramáticos. Desde antes de su creación, y durante toda su existencia. A veces son las guerras crueles. Constantemente, las amenazas de quienes niegan su derecho a existir. Los medios en general adversos a Israel. La diplomacia mundial no pierde ocasión de condenar a un pequeño Estado cuya actuación se mide con varas muy distintas a las que se utilizan para situaciones similares de otros países.
No cabe duda de que desde el octubre de 2023 la tensión sobre Israel y sus ciudadanos ha sido permanente e intensa, más prolongada que cualquier guerra del pasado. Completamente fuera de un pronóstico cierto, cuando las contrapartes derrotadas no asumen eso: la derrota. La no rendición para ellas es ya una gran victoria, aunque signifique destrucción en grandes proporciones. Israel ha venido enfrentando siete frentes bélicos con éxito, pero sin que se llegue a la conclusión de la guerra, el fin de las batallas.
Al momento de escribir esta nota, un frágil cese al fuego se sostiene en el Líbano contra un Hezbolá incapaz de rendirse. El presidente de los Estados Unidos de América, recién salido ileso de un atentado, tiene a Irán en otro frágil alto al fuego, en el cual los iraníes se presentan como los ganadores del ya largo y letal episodio que ha destruido buena parte del país persa. No se asoma ninguna rendición.
Esta combinación de situaciones, que se prolonga con sus variantes, mantiene a Israel y a los israelíes en un estado de estrés permanente, conmoción de la sociedad. Con todo y lo difícil, la economía de Israel se sostiene y crece. La moneda nacional se ubica en su máximo valor en décadas frente al dólar americano, algo que resulta inexplicable para los estudiosos de la economía.
A pesar del acuerdo de cese al fuego, Hezbolá sigue atacando a las tropas israelíes. El soldado Idan Fooks, de apenas 19 años, perdió la vida en un ataque con dron explosivo en el sur del Líbano
(Foto: The Times of Israel)
Los frentes externos son muy violentos, implacables. Pero el frente interno es quizá el más furibundo en lo que se denomina la democracia israelí. Los políticos y sus voceros, la prensa, la radio y la televisión son de una virulencia mayor cuando se trata de las discusiones e intercambio de opiniones. El israelí sufre esto y lo enfrenta con entereza, quizá algunos lo evaden. Al momento de escribir esta nota, se conoce de la formación de una alianza política entre Naftali Bennett y Yair Lapid, los antecesores de Benjamín Netanyahu en su actual mandato, de cara a las próximas elecciones que prometen de antemano debates muy subidos de tono. ¿Falta algo más para asegurar la cuota de presión sobre los israelíes de a pie?
Las elecciones para el Parlamento, y por ende para primer ministro, se realizarán a finales del año. En medio de la guerra, con altos al fuego provisionales, con cohetes apuntando a todo Israel, el país se prepara para una campaña electoral que estará llena de violencia verbal, calificaciones y descalificaciones. A decir verdad, Israel vive en campaña política permanente. Es el país con más encuestas electorales del planeta; cada quince días se publican estudios de opinión que anuncian cuál sería la composición del Parlamento de realizarse elecciones en el momento.
La actual fisonomía del Medio Oriente y sus equilibrios de poder es muy diferente a la del año 2023. Irán ha quedado desenmascarado, no es la gran potencia militar pero tampoco es un frente entregado. Hezbolá ha sido desarticulado, pero tiene capacidad de fuego. Siria es otra, el Líbano también. Resulta muy curioso que la desaparición de ciertas figuras, la derrota de Hamás y tantos otros acontecimientos, no hayan significado aún la pacificación que debería esperarse después de tanto trajín. Esta coyuntura, aun sin ser la responsabilidad de Israel en lo concreto, será un tema de la campaña electoral ya desatada.
De manera independiente de la dinámica interna, los frentes bélicos de Israel se siguen desarrollando con la vertiginosidad de siempre. Gaza y Cisjordania, el Líbano, los hutíes al acecho, Irán siempre Irán, la Margen Occidental y la prevención de atentados siempre en planificación. El primer ministro, con hostilidades o sin ellas, acude a sus sesiones de los juicios que se le siguen. Los israelíes atienden los temas importantes y los menos preocupantes con una vehemencia inusual y hasta desproporcionada.
Cuando se cumplen los 78 años de la independencia de Israel, no cabe duda de que es oportuno recordar lo que alguna vez dijera David Ben Gurión: que la existencia de Israel no la puede explicar quien no crea en milagros. Ciertamente, sobrevivir a guerras y batallas, las de adentro y las de afuera, es un milagro permanente.
Con todo, esperemos y oremos por la paz. Ese sí ha de ser el milagro definitivo.