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    Acto de Yom Hashoá en el Liceo llamó a la memoria activa

    Published by Yossi Bentolila on 20 abril, 2026
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    Redacción y fotos NMI

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    Minuto de silencio que dio inicio a la conmemoración

    El 14 de abril se llevó a cabo, en la sala de usos múltiples del Liceo Moral y Luces Herzl-Bialik, el solemne acto conmemorativo de Yom Hashoá Vehagvurá, en recuerdo y homenaje a las víctimas y el heroísmo durante la Shoá, con la presencia de directivos comunitarios, rabinos, directores y docentes del Sistema Educativo Comunitario y el alumnado de bachillerato.

    El evento fue organizado conjuntamente por el SEC, la CAIV y el Comité Venezolano de Yad Vashem. También contó con la colaboración de Espacio Anna Frank y el Museo Kern de la Unión Israelita de Caracas, instituciones que cedieron la exposición “Exilio a la Vida: testimonios en Venezuela de sobrevivientes de la Shoá”, que para esta ocasión se ubicó en los espacios laterales de la sala.

    En concordancia con la propuesta de la organización Yad Vashem de Jerusalén, el tema para Yom Hashoá de este año fue “La familia judía durante el Holocausto”.

    Tras el minuto de silencio por los seis millones de víctimas del Holocausto, se procedió a la parte litúrgica. El rabino Oshri Arguane de la AIV recitó el Yizkor, el rabino Eitan Weisman de la UIC entonó el Maalé Rajamim, el moré Arón Levy recitó el Salmo (Tehilim) 83, y el moré Benny Sedaka el Kadish.

    A continuación se proyectó un video, preparado por el Departamento de Estudios Judaicos del Liceo, alusivo al tema de la familia judía durante la Shoá.

    De seguidas, dos alumnas del Liceo interpretaron el tema Eli, Eli, acompañadas en el piano por el maestro Harold Yaacov Vargas.

    Deborah Mizrahi de Sananes, presidente de la Junta Directiva del Sistema Educativo Comunitario, tras enumerar algunos de los casos de antisemitismo que han ocurrido recientemente en todo el mundo, expresó:

    “La Liga Antidifamación reporta que en los últimos 10 años el antisemitismo ha crecido en los 193%, y otro dato aún más tenebroso, que el 46% de la población mundial tiene actitudes antisemitas. Hace tan solo una década ese número era la mitad.

    “Hoy conmemoramos Yom Hashoá en un contexto complejo. Creímos que después de los horrores vividos hace más de 80 años no volveríamos a ver un crecimiento del odio de la forma que lo estamos viendo hoy, porque nos convencimos de que el nunca jamás era suficiente. Pero no lo es.

    “Hoy el antisemitismo está aquí, en miradas, en palabras, en redes sociales, en espacios donde antes nos sentíamos seguros. Y en medio de todo esto, muchas familias judías vuelven a hacerse preguntas que creíamos superadas: ¿Es seguro mostrarnos tal y como somos? ¿Nuestros hijos, ustedes, pueden expresar su identidad con tranquilidad?

    “Si durante la Shoá quisieron destruir a la familia judía, hoy el desafío es que esta familia pueda vivir sin miedo, con identidad y con orgullo. Todos los años nos reunimos en este día para conmemorar, pero un día no es suficiente. ¿Qué estamos haciendo cada uno desde nuestros espacios para hacer una diferencia, para proteger nuestras tradiciones, para garantizar la vida judía en el futuro?

    “Recordar no es solo un acto de memoria, es un acto de responsabilidad. Responsabilidad de cuidar lo que tenemos, de educar a las próximas generaciones. Responsabilidad de no dar por sentada nuestra continuidad. Hoy no solo pensamos en lo que se perdió, recordamos también lo que sobrevivió, y entendemos que cada hogar judío, cada hijo, cada tradición que se trasmite es parte de una historia que se negó a desaparecer. Porque mientras haya familias judías que vivan, que enseñen, que transmitan, la historia no termina en la Shoá, la historia continúa con nosotros”.

    Eduardo Wacher, miembro de la directiva del Comité Venezolano de Yad Vashem, señaló durante su intervención:

    “Hoy nos encontramos reunidos en el marco de Yom Hashoá. Es una fecha que nos convoca al luto, sí, pero sobre todo a una reflexión urgente sobre la dignidad y la resistencia. Muchos no lo saben, pero se escogió este día, 27 de Nisán, para conmemorar el levantamiento del Gueto de Varsovia del año 1943. Imaginen por un momento a esos jóvenes. ¿Sabían que su destino final era el campo de exterminio de Treblinka? Una muerte segura. Pero decidieron que ellos elegirían cómo vivir sus últimos minutos. Tomaron las armas no solo para luchar, sino para salvar su honor. Es un hecho asombroso que esta rebelión de personas hambrientas y cercadas, sin nada qué perder, duró más tiempo y dieron más pelea que la conquista de toda Polonia, de todo un país por el ejército nazi. Esa es la sangre que corre por nuestras venas. No nos rendimos, no fuimos como ovejas al matadero, como algunos piensan.

    “Hoy ese ‘nunca más’, que tanto repetimos, está bajo prueba. Debemos ser claros: el antisemitismo no desapareció, solo cambió. El antisionismo es la evolución moderna del antisemitismo. Antes se buscaba la exterminación del pueblo judío. Hoy muchos buscan la erradicación de Israel, el Estado judío. En esencia nos enfrentamos a los mismos prejuicios con ropajes nuevos. Por eso, a ustedes, jóvenes judíos, les digo: la memoria no es un objeto estático en un museo, es un motor.

    “Mantener viva la voz de quienes ya no están no es solo un acto de respeto, es nuestro escudo. Somos los guardianes de una historia que otros quieren borrar o distorsionar. No permitan que el legado se pierda. Construyamos un futuro consciente, donde nuestra identidad será nuestro mayor orgullo. Porque la historia nos ha enseñado que el silencio no es una opción. Tengan presente que nunca más es ahora”.

    Salomón Eisenfeld, presidente del Centro de Estudiantes, expresó:

    “Es difícil dimensionar el vacío que dejan 6 millones de personas. Si hoy hiciéramos un minuto de silencio por cada una de las víctimas de la Shoá, nos quedaríamos callados durante 11 años. Recordamos para que la historia no se convierta solo en una pieza de museo, sino en una alarma que nos despierte de la indiferencia. No estudiamos el pasado solo para saber qué ocurrió, sino para entender qué podría volver a pasar si permitimos que el respeto por el otro se convierta en un concepto vacío.

    “El peligro más grande de la humanidad no es solo la maldad de unos pocos, sino el silencio de muchos. El Holocausto no ocurrió en un vacío, ocurrió ante los ojos de un mundo que en gran parte prefirió no ver. Como estudiantes, nuestra tarea es convertirnos en el eco de los que fueron silenciados. No somos solo el futuro, somos el presente que decide qué historias merecen ser contadas y qué valores van a regir nuestra convivencia de ahora en adelante. El ‘nunca más’ no es solo un eslogan para el pasado, es un mandato para el presente que nos obliga a preguntarnos: ¿Qué tipo de personas estamos siendo hoy en este colegio y en nuestra sociedad?”.

    Como es tradición, se procedió a encender velas conmemorativas en el candelabro que reproduce el existente en el campus de Yad Vashem en Jerusalén:

    • La primera vela la encendieron Tomás y Miguel Osers, en nombre de todos los sobrevivientes de la Shoá.
    • La segunda vela correspondió a Débora Mizraji de Sananes, en memoria de un millón y medio de niños asesinados en la Shoá.
    • Para la tercera vela se designó a los rabinos Eitan Weisman y Oshri Arguane, en memoria de todos aquellos que durante la Shoá, y a pesar de las dificultades extremas, lucharon por mantener viva la vida espiritual de nuestro pueblo.
    • La cuarta vela la encendieron las morot Myriam Obermeister, coordinadora de asuntos judaicos del liceo, y Vanessa Serfaty, coordinadora de Asuntos Judaicos de Preescolar y Primaria, en memoria de todos los maestros que lucharon para educar y cuidar a sus alumnos durante la Shoá.
    • La quinta vela correspondió a los miembros del Centro de Estudiantes del Liceo, en memoria de los judíos y partisanos que lucharon contra la bestia nazi para tratar de sobrevivir y salvar vidas de judíos.
    • La sexta vela la encendieron Natalie Berger, directora del Preescolar y Primaria, y Hadara Weisman, directora académica de Materias Judaicas del SEC, en honor a los Justos entre las Naciones, personas no judías que arriesgaron su vida y ayudaron a judíos a sobrevivir y a escapar de los nazis, dándoles casa, comida u otra identidad.

    En una muy conmovedora exposición, Raquel Markus-Finckler, periodista, poeta y escritora, narró la historia de sus abuelos paternos, Jaike Aizen y Mordejai Markus, quienes durante el Holocausto lograron huir de Polonia hasta Uzbekistán, logrando sobrevivir a través de una serie de acontecimientos que la expositora calificó como “milagros en el horror”. Al final de la narración (parte de la cual será reproducida próximamente en NMI), reflexionó:

    “Nuestra memoria, nuestras raíces, es lo que marca la diferencia entre caer o volar. Ustedes, jóvenes, viven en un mundo rápido. Todo pasa, todo distrae, todo aturde, todo confunde. No obstante, quiero que entiendan algo: la Shoá no empezó con crematorios y cámaras de gas. Empezó con indiferencia, con palabras, con gente que decidió no mirar el sufrimiento de otros. Y eso no pertenece al pasado, eso está pasando ahora.

    “No les pido que sientan culpa, les pido que sientan algo aún más difícil y aún más raro: conciencia. No normalicen lo que está mal, no se acostumbren al silencio, no se acostumbren al miedo. Recordar no es repetir una historia hasta el cansancio, es decidir quién eres tú parado frente a ella. Porque al final la memoria no vive en los libros, vive en lo que ustedes hacen con ella”.

    Para cerrar el acto, y antes de escuchar el Hatikva, himno nacional del Estado de Israel, los alumnos que fungieron como maestros de ceremonia recordaron una cita del escritor Primo Levi, sobreviviente de la Shoá: “Si comprender es imposible, conocer es indispensable”.

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    Yossi Bentolila
    Yossi Bentolila

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