Miguel Osers*
El miércoles 15 de abril tuve la oportunidad de participar en un cineforo en torno al estreno de la película Nuremberg (2025), titulada en español Núremberg, el juicio del siglo. Quisiera agradecer profundamente al Centro Cultural Brief Kohn por la invitación a participar en este espacio de reflexión, que permitió analizar —desde la perspectiva del Holocausto— cómo el cine contemporáneo aborda los juicios que marcaron el fin del horror nazi. El presente artículo nace de las inquietudes compartidas en dicho encuentro, donde la pregunta central no fue solo técnica, sino ética: ¿cómo recordamos hoy la justicia de Núremberg?
Cuando se habla de cine histórico, siempre hay dos vertientes que atender: la fidelidad al relato o contexto histórico, y los valores de la película como narrativa cinematográfica.
En el caso de la película Nuremberg del director James Vanderbilt, intenta enfocar un hecho histórico como el proceso de Núremberg, como un duelo de voluntades entre el siquiatra Douglas Kelley y Hermann Goering, el teóricamente segundo al mando en el Tercer Reich y principal acusado del proceso, con lo cual el género de la película deja de ser cine histórico y pasa a ser más bien un Thriller sicológico al estilo de El Silencio de los Inocentes, que se centraba en las conversaciones entre Hannibal Lecter y Clarice, el asesino manipulador y la detective siquiatra. En este sentido, el espectador pudiera quedar un poco decepcionado.
No se puede negar que las actuaciones de Russell Crowe interpretando a Hermann Göring; de Rami Malek como un siquiatra que en ocasiones pareciera necesitar un siquiatra él mismo; de Michael Shannon representando al fiscal Robert H. Jackson —quien tuvo un rol mucho más relevante que el médico—; y la espectacular labor de John Slattery como el carcelero Burton C. Andrus, encargado de velar por el orden hasta la ejecución, compensan con creces la desviación histórica en la que la película termina siendo un estudio de manipulación más que una lección de historia.
Fotograma de Nuremberg, de James Vanderbilt (2025)
Recomendaría a todas las personas que vieron la película, que se tomen el tiempo de ver Vencedores o Vencidos (título original Judgment at Nuremberg), la versión de 1961 de los juicios de Núremberg, dirigida por Stanley Kramer con actores de la talla de Spencer Tracy, Burt Lancaster y Maximilian Schell, para tener una mejor visión histórica de cómo fueron realmente los juicios de Núremberg, los careos entre el abogado defensor y el fiscal, así como la relevancia de los testigos presenciales, algo que fue eliminado por completo en la versión de Vanderbilt.
Antes de 1961, el mundo se enfocaba en los documentos y la guerra. Luego del Juicio a Eichmann en Israel, el enfoque pasó a ser la voz de las víctimas. El juicio de Eichmann Comenzó en abril de 1961 y terminó con su sentencia de muerte en diciembre de 1961, el mismo mes del estreno de aquella película. Mientras Stanley Kramer terminaba de filmar, el mundo entero estaba pegado a la radio y la televisión escuchando, por primera vez de forma masiva, los testimonios detallados de los sobrevivientes del Holocausto.
El juicio de Eichmann no solo le dio «peso», sino que fue el catalizador que trasformó un drama judicial en un evento de conciencia global. Hubo una sincronía casi perfecta entre la realidad y la ficción, que potenció la película de 1961 de tres maneras fundamentales: la “banalidad del mal» en la gran pantalla, el fin del silencio, y la validación del testimonio.
Además, Stanley Kramer hizo algo muy arriesgado: incluyó metraje real de los campos de concentración dentro de su película. En 1961 este fue un choque brutal para los espectadores, pero el juicio de Eichmann había preparado el terreno mental para que el público aceptara esa dosis de realidad cruda en una sala de cine.
El resultado fue que Judgment at Nuremberg se convirtió en la primera película que los alemanes de la posguerra fueron a ver de forma masiva para confrontar su propia historia. El «peso» fue tal que la película se convirtió en una herramienta educativa casi tan importante como el juicio mismo.
En el año 2000, se lanzó una miniserie de dos episodios que se centra más en el juicio y la interpelación del juez Jackson a Hermann Goering. Vale la pena ver esta miniserie para entender históricamente el proceso legal detrás de los juicios de Núremberg, y por qué se sentaron allí las bases para el desarrollo del Derecho Penal Internacional y la consiguiente creación de la Corte Penal Internacional.
1961, 2000 y 2025. ¿Por qué cifras redondas? Esos intervalos de 5 y 10 años no son del todo casuales si los miramos desde la perspectiva de la memoria histórica y el marketing cultural. Versión de 1961: el rodaje comenzó 15 años después de los juicios de Núremberg. Versión de 2000: justo en el fin del milenio y a 55 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Y la versión de 2025: 80 aniversario de los juicios, y últimos momentos en los que aún quedan sobrevivientes o testigos directos.
Para concluir, la película de 1961 refleja la emoción, la del 2000 refleja el procedimiento, y la de 2025, la mente detrás del perpetrador.
NOTA: Nuremberg de 2025 está disponible en Netflix USA. En Youtube se puede ver en español Judgment at Nuremberg (Vencedores o Vencidos) de 1961, y la serie del 2000 aquí: Nuremberg
*Vicepresidente del Comité Venezolano de Yad Vashem y de la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith.