Periodista venezolana que hizo aliá hace dos décadas, ha construido una exitosa vida profesional en Israel; fue “ancla” del desaparecido canal i24News en español. Ahora, convocada por el rabino Yosef Garmon para formar parte de la comitiva de Coalición Humanitaria para asistir a las víctimas del terremoto, narra lo que vivió durante una intensa y dramática semana de trabajo
Sami Rozenbaum
NMI. Hace mucho tiempo que no venías a Venezuela.
Sí, 20 años. El rabino Garmón me trajo en esta misión de Coalición Humanitaria, lo que le agradezco muchísimo. Él tuvo la visión de que yo podría aportar, abrir caminos, y entonces me dije “tengo que ir y dar lo mejor”.
El equipo de voluntarios de Coalición Humanitaria en la UCV
¿Cómo encuentras el país 20 años después?
Obviamente consigo una Venezuela distinta, Todo es diferente. Venezuela tiene un color y una sensación distinta. La comunidad está más reducida, pero muy unida; todos parecen como una familia. Consigo que la comunidad está sumamente integrada a nivel laboral en todas las áreas, y algunas personas terminaron dando clases en el colegio. Pero también veo una comunidad con mucho miedo, y eso me llama la atención enormemente.
Una vez cuando estudiaba en la UCV, me dijeron: “¿Tú eres judía? Ah, pero no pareces, eres muy simpática”. Ese “no pareces judía porque eres muy simpática” me movió mucho en la vida
Yo estudié toda mi vida en Hebraica hasta que me gradué en el ’96, siempre fui una persona que amaba la parte “externa” de la vida de Venezuela. O sea, yo no quería vivir solo en la cúpula de cristal de la comunidad. Por eso elegí la Universidad Central para estudiar Comunicación Social, en vez de la Católica o la Santa María, que eran las otras universidades que ofrecían la carrera. Elegí la Central porque yo quería vivir el país. Siempre quería estar participando, no quedarme nada más en el mundo judío.
Una vez cuando estudiaba allí, me dijeron: “¿Tú eres judía? Ah, pero no pareces, eres muy simpática”. Ese “no pareces judía porque eres muy simpática” me movió mucho en la vida, y justamente mi tesis fue sobre el conflicto palestino-israelí a través de la vida de Arafat y de Ariel Sharon. Era la primera vez que se hacía una tesis sobre el conflicto palestino-israelí en la Escuela de Periodismo. Obviamente me conseguí con una cantidad de profesores que estaban como esperando a ver por dónde la podían atacar, refutar.
Quizá esa misma rebeldía me ha ayudado mucho a pasar fronteras, y se convirtieron en fronteras reales, porque en Israel, por los conflictos, me convertí no solo en periodista de guerra, sino de fronteras. Yo me titulé “periodista de fronteras”.
Catia La Mar. El nivel de destrucción es desgarrador
¿Existe esa especialidad?
(Risas) Fui yo la que me lo puse. Soy “periodista de fronteras” porque voy a las fronteras a reportar. Israel es un país tan chiquito que puedes llegar a las fronteras muy rápidamente. Y lo más impresionante es que además todas esas fronteras están llenas de enemigos. Con Jordania tenemos relaciones diplomáticas, pero no puedes confiarte de nadie. Y justamente en una de las fronteras nos pasó el hecho más atroz que ha vivido Israel, que fue la frontera con la Franja de Gaza. Entonces es cuando digo que tiene que haber un periodismo de fronteras, porque las fronteras tienen una lectura muy interesante, muy particular.
¿A qué te refieres con el miedo en la comunidad?
Por ejemplo, cuando hicimos una entrega de comidas en la UCV que ahora te voy a contar, pocos vinieron. “¿Tienes permiso, y si vienen propalestinos a torpedearnos?”. Y yo les decía pero no, si es la misma Federación de Centros Universitarios la que nos está invitando porque se sentían desamparados a nivel internacional. O sea, no fue Francia, no fue Estados Unidos, no fue Perú, no fue Argentina, no fue Italia, fue Israel el que se apareció allá, y para ellos eso fue impresionante. Estamos hablando de la Universidad Central de Venezuela, que es como una mini Venezuela. Esta era otra frontera, la Universidad Central de Venezuela. Era una frontera que había que cruzar sin miedo, a pesar de que siempre fue un espacio hostil a Israel.
En el refugio creado en una iglesia de Caraballeda
¿Qué ustedes fueran a la UCV fue entonces idea de ellos mismos?
Yo hice contacto con el secretario de la de la Federación Centros Universitarios, que maneja la parte política de la universidad. Hice una conexión inmediata con René Piña como egresada de la UCV, y él me dijo “Vénganse mañana”. Yo fui muy clara, le dije que éramos una delegación de Israel. Y fue impactante nuestra llegada con los chalecos con la bandera israelí. Nos atendieron de forma impresionante, como si hubiera llegado un grupo de jajamim, de sabios. Nos llevaron a la Facultad de Medicina, donde tienen su centro de acopio.
Ellos quedaron impresionados con el rabino, una persona que usa kipá, muy joven y guapo, no es el rabino de barba y corbata que a veces resulta como más distante; el rabino Yosef es una persona fresca. También está con nosotros la kehilá Yovel con sus chalecos de médicos con las banderas de Colombia e Israel. Y está ZAKA. Para ellos fue como que llegó todo un “comando”, algo de película. Les dijimos “¿En qué podemos ayudar? Tenemos unos insumos”, y se los llevamos. Nos pusieron a la orden un autobús de la universidad para bajar a La Guaira.
No hubo nadie en la UCV gritando «Palestina», nada. Eso era solo «¡Viva Israel!», «¡admiramos a Israel!», estudiantes y profesores de ciencias políticas, de odontología, de medicina. Fue una experiencia impresionante
La Universidad Central se convirtió en nuestro aliado. Teníamos la preocupación de cómo íbamos a bajar a La Guaira desde que estaba en Israel armando la agenda. El hecho de ir un autobús de la UCV nos abrió el camino completamente.
También nos reunimos con unos pastores que son aliados del grupo de la kehilá Yovel. El rabino entonó un salmo cuando se rescató un cuerpo de las ruinas, eso fue muy emotivo e impresionante; a veces no se salva la vida, pero se rescata un cuerpo. También se trabaja en curar a la gente que está escarbando entre los escombros con las manos.
Inédito: las banderas de Venezuela e Israel ondearon juntas en la Plaza del Rectorado de la UCV
El rabino Yosef tiene un contacto con World Central Kitchen en Valencia, y ellos nos trajeron a la UCV 300 comidas para los rescatistas y los voluntarios que trabajan allí; comida de alto nivel, no cualquier cosa, y fuimos nosotros mismos quienes se las servimos. Enarbolamos las banderas de Venezuela e Israel en plena Plaza del Rectorado, pues los de la FCU nos dijeron “traigan la bandera de Israel, porque ustedes son los únicos que han venido aquí hasta ahora”. No hubo nadie en la UCV gritando «Palestina», nada. Eso era solo «¡Viva Israel!», «¡admiramos a Israel!», estudiantes y profesores de ciencias políticas, de odontología, de medicina. Fue una experiencia impresionante.
Fotos cortesía de Nicole Mischel.