

Israel se encuentra en plena campaña electoral. Una muy feroz, en la cual se exigen, unos a otros, cuentas sobre sus responsabilidades respecto a sus posiciones y acciones previas, durante y luego del 7 de octubre de 2023. Las mismas que desataron una guerra que no termina y llega a tener hasta siete frentes abiertos.
El martes 29 de septiembre de 2026, el primer ministro de Israel visitaba una base aérea en el norte del país. Sin más preámbulos, advirtió que existía una amenaza sobre el país y exhortó a quienes la planificasen a no ejecutarla. En un país polarizado, atento y en medio de la campaña electoral ya mencionada, muchos tomaron las palabras del primer ministro como un recurso electoral. Pero para muchos, es una norma aquello de no hablar de soga en casa del ahorcado.
El miércoles 30 de septiembre, menos de veinticuatro horas después de las declaraciones del primer ministro, fuimos informados del incidente en un vuelo de Dubai a Tel Aviv. Un copiloto apuñaló al piloto, a puerta cerrada en la cabina, con el objetivo de estrellar el avión. La aeronave bajó miles de metros en pocos segundos, el piloto herido de alguna manera abrió la puerta, unos pasajeros se encargaron del copiloto, otro logró que el avión no siguiera en picada, había por casualidad (término que de verdad no aplica) una tripulación que estaba entre los pasajeros. El avión aterrizó en un aeropuerto de Arabia Saudita, con todos sanos y salvos, asustados, sorprendidos y agradecidos. Por cierto, los sauditas no permitieron que viniesen aviones de Israel, civiles ni militares, a buscar a los pasajeros varados del vuelo FlyDubai 1073.
Pasajeros del vuelo de FlyDubai cuyo copiloto intentó estrellar son recibidos festivamente en el aeropuerto Ben Gurión
(Foto: AP)
No se aprecia que la cobertura informativa haya reflejado la gravedad de lo ocurrido. Un evento en el cual un asesino suicida se aboca a matar a casi doscientas personas, en su casi totalidad israelíes y judíos, en una modalidad novedosa y que guarda similitud con el 11 de septiembre del 2001. Solo pensar que el atacante hubiera logrado su objetivo pone los pelos de punta. A quienes sienten alguna simpatía por las eventuales víctimas, otros parecen lamentar lo ocurrido o, más bien, lo que no ocurrió.
Israel, su creación y su existencia diaria, constituyen un milagro en desarrollo, compuesto por una suma de milagros que van ocurriendo ante nuestros ojos. Un país rodeado de otros que han querido y quieren destruirlo, una economía boyante sujeta a muchos boicots, una campaña de deslegitimación que cuenta con recursos y patrocinadores multimillonarios. E Israel sale adelante. Se defiende gracias a su inventiva y disciplina, por no tener otra cosa que el mar a sus espaldas. Con todo y la antipatía que se desborda contra los israelíes, el antisemitismo vestido de otras ropas, las acusaciones en contra, el israelí es uno de los ciudadanos más felices del mundo actual.
Este ciudadano está sometido a presiones indescriptibles. Un servicio militar obligatorio y exigente. Impuestos de los más altos del mundo. Un presupuesto de defensa estrictamente necesario para poder financiar a las Fuerzas de Defensa y los costosos rubros de investigación, desarrollo y adquisición de sistemas que permitan sobrevivir y tener una vida relativamente normal. Cada tanto, han caído cohetes sobre cualquier punto de la pequeña geografía israelí. Todos acuden a refugios o cuartos seguros, colapsando los medios de comunicación cuando los familiares se buscan unos a otros. Salen en guerra a defenderse, a recuperar los rehenes secuestrados muertos y vivos, entregando toneladas de ayuda humanitaria a quienes son en la práctica los captores, siendo al mismo tiempo acusados de genocidas.
Israel, su creación y su existencia diaria, constituyen un milagro en desarrollo, compuesto por una suma de milagros que van ocurriendo ante nuestros ojos. Un país rodeado de otros que han querido y quieren destruirlo, una economía boyante sujeta a muchos boicots, una campaña de deslegitimación que cuenta con recursos y patrocinadores multimillonarios. E Israel sale adelante
Se hacen protestas en muchas partes en contra de Israel, frente a sus embajadas, y cuando el primer ministro va a Nueva York a la Asamblea General de la ONU. Curiosamente, no hay protestas ante la embajada de aquellos países que hospedan y hospedaron a los líderes de Hamás, ni manifestaciones exigiendo derechos humanos en Irán, por ejemplo. Los israelíes tienen además unos políticos que no cuidan lo que dicen, e infunden muchas veces más desasosiego que esperanza en una población que nunca se amilana. Con todo, el país sale adelante; la moneda, por citar un caso, se revalúa y la economía crece.
Viajan a Europa y son agredidos. Se montan en un avión de Dubai a Tel Aviv, regresando de vacaciones, y resulta que uno de los pasajeros, israelí, debe ocuparse de evitar que el avión se estrelle. Otro, de levantar la palanca de vuelo de acuerdo con alguna película que vio. Una sicóloga no creyente menciona que habla con Dios mientras el avión cae y le pide que no muera toda su familia en una tragedia aérea, dejando en casa a un hijo que presta el servicio militar. El copiloto agresor es sometido e inutilizado utilizando lo primero que encontró un héroe anónimo: sus audífonos de cable.
El día a día de Israel y los judíos es un milagro, sometidos a presiones indescriptibles, odios e incomprensiones. Justo este fin de semana se lee la última porción del Pentateuco, cuando Moisés se despide de su pueblo, Deuteronomio 33-28: “Y así habitará Israel en seguridad, en soledad, conforme a la bendición de Jacob, en una tierra de cereal y vino, incluso de sus cielos goteará el rocío. ¡Bienaventurado eres, Israel! ¡Quién es como tú, oh pueblo salvado por Dios, el Escudo de tu ayuda, la Espada de tu magnificencia! ¡Intentarán engañarte tus contrincantes, pero tú a sus soberbios pisotearás!”.
El todo es más que la suma de las partes. El milagro general de la existencia de Israel es un todo mayor que la suma de todos los múltiples milagros que acontecen cotidianamente, como si la cotidianidad misma no fuera ya un milagro.
Milagros en la tierra…y en los cielos.