El 19 de abril, en el contexto de Yom Hashoá Vehagvurá, se llevó a cabo el tradicional homenaje (Hazkará) a las víctimas del Holocausto en el monumento a los Kedoshim del cementerio “Gan Menujá” de la Unión Israelita de Caracas en Guarenas.
Con la presencia de directivos comunitarios, rabinos, estudiantes del Colegio Moral y Luces Herzl Bialik y público en general, el encuentro convocado por la CAIV, el Comité Venezolano de Yad Vashem y la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith marcó un acto de recordación y reflexión en los difíciles momentos que viven hoy en día el pueblo judío y el Estado de Israel.
Parte del público presente en la Hazkará
Tras unas palabras introductorias pronunciadas por el presidente de la UIC, se procedió al encendido de las siete antorchas de la imponente menorá que se encuentra en el centro del cementerio. Como explicó Miguel Osers, maestro de ceremonias, las llamas encendidas “representan a los sobrevivientes, cuya resiliencia es el cimiento de nuestra comunidad; a la segunda y tercera generación, herederos del mandato de la memoria; a nuestro sistema educativo y nuestras instituciones, guardianes de la verdad histórica frente al olvido; y representan a la comunidad toda, unida en una sola identidad que se niega a ser borrada”.
El orador de orden fue Tomás Osers, presidente del Comité Venezolano de Yad Vashem, quien expresó:
“La Torá nos ordena honrar a nuestro padre y a nuestra madre. Para nosotros, los hijos y nietos de la Shoá, que llevamos en nuestro ADN la resistencia de quienes no se rindieron, esa mitzvá tiene una dimensión sagrada y eterna. Honramos a nuestros padres cuando no permitimos que sus sufrimientos sean olvidados; los honramos cuando sus nombres, resuenan con fuerza en este lugar”.
Tomás Osers durante su intervención
Luego narró la historia de Vilma Grunwald, una mujer que decidió acompañar a su hijo —quien tenía una condición de discapacidad— a la cámara de gas de Auschwitz-Birkenau para no dejarlo solo, y dejó una carta para su esposo que, sorprendentemente, sobrevivió a la Shoá y hoy se encuentra en el Museo del Holocausto de Washington. El texto de esa carta resuena ochenta años después:
Tú, mi único y más querido, no te culpes por lo que pasó; era nuestro destino.
Hicimos lo que pudimos.
Mantente saludable y recuerda mis palabras: que el tiempo sanará, si no por completo, al menos parcialmente.
Cuida del pequeño niño de oro y no lo malcríes demasiado con tu amor.
Ambos, manténganse sanos, mis queridos. Estaré pensando en ti y en Misa.
Tengan una vida fabulosa, debemos abordar los camiones.
Hacia la eternidad, Vilma».
El “niño de oro” al que hacía referencia la carta era el otro hijo de la señora Grunwald, Misa (hoy Frank), quien fue amigo y compañero de destino de Harry Osers, padre de Tomás y Miguel.
Estudiantes del Colegio Moral y Luces Herzl Bialik que procedieron al encendido de las llamas del monumento a los Kedoshim
Para cerrar el acto se elevaron plegarias por los kedoshim, y se procedió a leer los nombres de los sobrevivientes de la Shoá que se radicaron en Venezuela y se encuentran sepultados en Gan Menujá.
Redacción NMI con información del Comité Venezolano de Yad Vashem.
Fotos: Comité Venezolano de Yad Vashem y SEC.