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    Israel y la nueva ley polaca

    Published by Sami Rozenbaum on 6 febrero, 2018
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    ISRAEL/DIÁSPORA

    Israel y la nueva ley polaca

    Yair Lapid*

    OPINIÓN

    El Senado polaco vota la ley que modifica el Instituto Nacional de Memoria (foto: EFE) 

    "M iren el suelo”, les dije a mis estudiantes. Estábamos en Treblinka. Una zona descubierta, helada, rodeada de bosques oscuros. Bajaron la vista. “Bajo sus pies”, les dije, “hay una ciudad de muertos. Una ciudad el doble de grande que Tel Aviv, 880.000 cadáveres. Y murieron por una sola razón: porque eran judíos”.

    En Treblinka hubo menos de 30 alemanes encargados de supervisar el exterminio. La mayor parte de las atrocidades las cometió un escuadrón ucraniano. Los presos que intentaban escapar de los trenes que los llevaban al campo eran capturados y devueltos por los vecinos polacos. Todos fueron cómplices.

    A Hermione la abuela de mi padre, los alemanes la arrestaron en Serbia. La llevaron a Auschwitz y la asesinaron en las cámaras de gas. ¿Por qué la enviaron en un viaje tan largo hacia su muerte? ¿Por qué la mayoría de los campos estaba en Polonia? Los alemanes sabían que al menos una parte de la población local iba a cooperar.

    Los polacos asesinaron a cientos de habitantes judíos del pueblo de Jedwabne. En junio de 1941, sus vecinos polacos los capturaron, los encerraron en un establo y los quemaron vivos. Tras la guerra, los polacos dijeron que los alemanes habían llevado a cabo la matanza, pero los judíos que consiguieron sobrevivir contaron la verdad.

    La nueva ley que el gobierno polaco quiere que se apruebe niega todo esto. Para que nos demos cuenta de que las “falsas noticias” han llegado a Polonia, han tratado de vender la ley con un titular mentiroso. “No existen los campos de exterminio polacos”, dijeron. “Los campos eran alemanes”. Es una afirmación absurda. Nadie ha dicho jamás que fueran los polacos quienes establecieron los campos de la muerte. Los construyeron los alemanes. Pero los construyeron en territorio polaco, con ayuda polaca y en medio del silencio polaco.

    En Polonia también hubo ejemplos de lo contrario. Yad Vashem, el Centro de la Memoria del Holocausto, ha reconocido a 6.706 polacos como “justos entre las naciones”, más que en ningún otro país. En su mayoría fueron personas normales cuya conciencia no les permitió ser testigos pasivos. Escondieron a judíos, los sacaron de forma clandestina, salvaron vidas judías. Israel rinde homenaje a todos y cada uno de ellos, pero el hecho de que hubiera unos cuantos miles es una prueba más de la dimensión del exterminio. Los judíos no se escondían solo de los alemanes, que no vigilaban cada ciudad y cada pueblo. Los judíos se ocultaban también de los polacos, los informadores e incluso los asesinos polacos. Murieron asesinados tres millones de judíos locales (junto a otros tres millones de judíos de otros países). Los alemanes dirigieron el exterminio y fueron los máximos responsables, pero no habrían podido hacerlo solos.

    Ya antes de la ascensión de los nazis, el antisemitismo estaba extendido por toda Europa, incluida Polonia. El pogromo que llevaron a cabo soldados, policías y civiles polacos en Kielce en 1946 es prueba de que ese antisemitismo no desapareció con la caída del nazismo. Y las reacciones que han suscitado en las redes sociales estos días las críticas a la nueva ley están teñidas de ese mismo antisemitismo infame, lo cual demuestra que sigue vivo.

    El Estado de Israel se ha opuesto enérgicamente a este proyecto de ley. Los miembros de la Knesset, tanto de la coalición de gobierno como de la oposición, lo han condenado, y más de la mitad de la Cámara ha firmado una propuesta de ley para contrarrestar los intentos de Polonia de reescribir la historia. Ahora a la Unión Europea y sus Estados miembros les toca alzar la voz con claridad para condenarlo. La Unión Europea asegura que no es una mera unión económica, sino de valores comunes; uno de esos valores debe ser el rechazo a cualquier intento de reescribir los capítulos más siniestros de la historia europea.

    No hemos olvidado ni perdonado. No puede esperarse de ninguna nación que olvide y perdone el asesinato de millones de sus hijos e hijas, un millón y medio de niños entre ellos. No estamos dispuestos a aceptar que se modifique la historia, no estamos dispuestos a aceptar los intentos de eludir responsabilidades, y ustedes tampoco deberían estarlo. La ciudad de los muertos de Treblinka nos lo reclama.

    Los judíos no se escondían solo de los alemanes, que no vigilaban cada ciudad y cada pueblo. Los judíos se ocultaban también de los polacos, los informadores e incluso los asesinos polacos

    La nueva ley que el gobierno polaco quiere que se apruebe niega todo esto. Para que nos demos cuenta de que las “falsas noticias” han llegado a Polonia, han tratado de vender la ley con un titular mentiroso. “No existen los campos de exterminio polacos”, dijeron. “Los campos eran alemanes”. Es una afirmación absurda. Nadie ha dicho jamás que fueran los polacos quienes establecieron los campos de la muerte. Los construyeron los alemanes. Pero los construyeron en territorio polaco, con ayuda polaca y en medio del silencio polaco.

    En Polonia también hubo ejemplos de lo contrario. Yad Vashem, el Centro de la Memoria del Holocausto, ha reconocido a 6.706 polacos como “justos entre las naciones”, más que en ningún otro país. En su mayoría fueron personas normales cuya conciencia no les permitió ser testigos pasivos. Escondieron a judíos, los sacaron de forma clandestina, salvaron vidas judías. Israel rinde homenaje a todos y cada uno de ellos, pero el hecho de que hubiera unos cuantos miles es una prueba más de la dimensión del exterminio. Los judíos no se escondían solo de los alemanes, que no vigilaban cada ciudad y cada pueblo. Los judíos se ocultaban también de los polacos, los informadores e incluso los asesinos polacos. Murieron asesinados tres millones de judíos locales (junto a otros tres millones de judíos de otros países). Los alemanes dirigieron el exterminio y fueron los máximos responsables, pero no habrían podido hacerlo solos.

    Ya antes de la ascensión de los nazis, el antisemitismo estaba extendido por toda Europa, incluida Polonia. El pogromo que llevaron a cabo soldados, policías y civiles polacos en Kielce en 1946 es prueba de que ese antisemitismo no desapareció con la caída del nazismo. Y las reacciones que han suscitado en las redes sociales estos días las críticas a la nueva ley están teñidas de ese mismo antisemitismo infame, lo cual demuestra que sigue vivo.

    El Estado de Israel se ha opuesto enérgicamente a este proyecto de ley. Los miembros de la Knesset, tanto de la coalición de gobierno como de la oposición, lo han condenado, y más de la mitad de la Cámara ha firmado una propuesta de ley para contrarrestar los intentos de Polonia de reescribir la historia. Ahora a la Unión Europea y sus Estados miembros les toca alzar la voz con claridad para condenarlo. La Unión Europea asegura que no es una mera unión económica, sino de valores comunes; uno de esos valores debe ser el rechazo a cualquier intento de reescribir los capítulos más siniestros de la historia europea.

    No hemos olvidado ni perdonado. No puede esperarse de ninguna nación que olvide y perdone el asesinato de millones de sus hijos e hijas, un millón y medio de niños entre ellos. No estamos dispuestos a aceptar que se modifique la historia, no estamos dispuestos a aceptar los intentos de eludir responsabilidades, y ustedes tampoco deberían estarlo. La ciudad de los muertos de Treblinka nos lo reclama.

    *Político israelí, presidente del partido Yesh Atid y miembro del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa.

    Fuente: El País (Madrid). Versión NMI.

    Miren el suelo”, les dije a mis estudiantes. Estábamos en Treblinka. Una zona descubierta, helada, rodeada de bosques oscuros.

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    Sami Rozenbaum
    Sami Rozenbaum

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