

Beatriz W. de Rittigstein
Desde las primeras horas posteriores al terremoto que sufrió Colombia, el Estado de Israel decidió enviar diversos equipos de rescatistas, ingenieros especializados en evaluación de estructuras y otros profesionales. Ya a finales de la semana pasada, la expedición israelí, liderada por el Comando del Frente Interno, en conjunto con los ministerios de Defensa y de Relaciones Exteriores, se encontraba trabajando en varios de los sitios afectados de la ciudad de Cali, junto con equipos locales de rescate y voluntarios, en la búsqueda de personas desaparecidas.
Cabe destacar, por citar solamente algunos casos desde el año 2000, que existe una extensa lista de países en los que Israel ha prestado ayuda, equipos, tecnología, métodos y personal especializado tras diferentes catástrofes. Entre ellos se encuentran: India, tras el terremoto de Gujarat en 2001; Sri Lanka, después del terremoto de 2004; Estados Unidos, tras el huracán Katrina en 2005; Kenia, luego del derrumbe de un edificio en Nairobi en 2006; Myanmar, tras el ciclón Nargis en 2008; Haití, después del terremoto de 2010, donde Israel instaló un hospital de campaña y participó en cirugías y labores de rescate; Japón, tras el terremoto y tsunami de 2011; Filipinas, después del tifón Haiyan en 2013; Nepal, tras el terremoto de 2015; Siria, entre 2016 y 2018, durante la guerra civil y la crisis humanitaria; Dominica, después del huracán María en 2017; Guatemala, tras la erupción del Volcán de Fuego en 2018; Beirut, Líbano, luego de la explosión del puerto en 2020; Turquía, después del terremoto de 2023; Brasil, tras las inundaciones de Río Grande do Sul en 2024; y Taiwán, después del terremoto de ese mismo año.
Durante su desastrosa presidencia, Petro se comportó como si fuera el adalid de una trasnochada revolución mundial, y el odio obsesivo a Israel fue su principal herramienta retórica
(montaje elaborado por ACOM)
Hace poco más de un mes, la asistencia israelí también resultó valiosa por la experiencia de sus profesionales y el uso de tecnología avanzada tras el doble terremoto ocurrido en La Guaira y Caracas, Venezuela.
Sin embargo, a partir del 14 de agosto, en relación con la ayuda que actualmente Israel brinda a Colombia, comenzaron a proliferar en las redes sociales —principalmente en X y Facebook— numerosas cuentas dedicadas a calumniar a los equipos israelíes y a difundir absurdos e inexistentes escenarios como si fueran reales. Se afirmaba que los israelíes estaban allí de turismo, que sus uniformes permanecían impecablemente limpios y que ni siquiera sus guantes se habían manchado de tierra. También se llegó a promover infundios tales como que habían viajado para robar las riquezas de Colombia, e incluso para secuestrar niños.
A estos disparates se sumaron insultos alimentados por la desinformación relacionada con Hamás, que ha vaciado de su verdadero significado palabras como “hambruna” y “genocidio”. De manera irracional, y profundamente irrespetuosa con la memoria de las víctimas del Holocausto, algunas de estas cuentas llegaron a llamar “jabones” a los judíos y a afirmar que “el pintor” no terminó su trabajo, en alusión a Hitler. La situación resulta aún más absurda cuando se observa que las personas detrás de esas cuentas son latinoamericanos y, por supuesto, no tienen nada que ver con el ideal “ario” al que pretenden hacer referencia.
El problema ya no es solamente lo que diga Gustavo Petro. El verdadero peligro aparece cuando un discurso de odio encuentra eco, se multiplica y termina convirtiéndose en una campaña de desinformación y antisemitismo
Sin duda, muchas de estas cuentas actuaban de manera coordinada. Y cuando nos preguntamos de dónde podía provenir esta explosión de odio antisemita, apareció el expresidente Gustavo Petro, probablemente uno de los principales generadores de este enjambre de irracionalidad.
Todo ello ocurre mientras Colombia enfrenta las consecuencias de una tragedia que ha dejado muertos, heridos, personas desaparecidas y familias con sus viviendas y propiedades destruidas. En lugar de valorar la ayuda que llega para aliviar el sufrimiento de los afectados, Petro parece utilizar la tragedia para dar rienda suelta a su resentimiento personal, que ha tomado a Israel y al mundo judío como objetivos.
El problema ya no es solamente lo que diga Gustavo Petro. El verdadero peligro aparece cuando un discurso de odio encuentra eco, se multiplica y termina convirtiéndose en una campaña de desinformación y antisemitismo. Es precisamente así como, poco a poco, se incuba el huevo de la serpiente.