Dados los escenarios geopolíticos que en la actualidad sacuden al mundo, resulta oportuno aclarar qué significa el islamismo fundamentalista, el cual involucra a un sector dentro del Islam que acogió una línea extremista. Las diferencias entre sunitas y chiítas también tienen contrastes en sus expresiones radicales.
Desde hace 47 años, Irán se convirtió en una teocracia, regida por esa corriente exaltada del Islam. El propulsor de la mutación dogmática, el ayatola Jomeini, representaba a una minoría que estableció una “revolución regresiva”. Entre los chiítas, los clérigos tienen poder político y la población los sigue como su paradigma.
(Foto: dw.com)
Antes del triunfo de la revolución islámica en febrero de 1979, Irán enfrentó una aguda crisis económica, los iraníes exigieron cambios y la multitud apoyó a Jomeini, no por asuntos ideológico-religiosos, sino por la esperanza que ofrecía el fundamentalismo.
Pero, la teocracia iraní ha sido incapaz de resolver las dificultades; por el contrario, los problemas se agudizaron y se les sumaron nuevos. Así, con base en pruebas contundentes, se acusa a Irán de apoyar a grupos terroristas en el mundo.
Para el radicalismo islámico, la enemistad hacia Israel es parte de su doctrina religiosa, pues creó una visión sobre el judaísmo semejante al arcaico antisemitismo europeo mezclándolo con sus propios prejuicios. La discordia contra Israel es parte de sus dogmas y se da en todos los órdenes, de tal manera que acusan a los judíos de dominar la economía y la política. Por ejemplo, para los radicales islámicos el Holocausto judío fue inventado para chantajear a los europeos y conseguir el territorio palestino.
El radicalismo islámico no define con claridad términos tales como Israel, sionismo, judaísmo; para estos fanáticos no existe distinción entre israelíes y judíos, sus víctimas de la fructífera producción y distribución de materiales propagandísticos antisemitas.
Para el radicalismo islámico, la enemistad hacia Israel es parte de su doctrina religiosa, pues creó una visión sobre el judaísmo semejante al arcaico antisemitismo europeo mezclándolo con sus propios prejuicios
No solo Israel está en la mira del fundamentalismo islámico; hay una larga lista de quienes están expuestos a su hostilidad: Occidente, las monarquías árabes y las comunidades musulmanas moderadas. Su expansión no es solo un riesgo para Israel, constituye un peligro para el mundo, y por ello el combate debe ser internacional, sin tregua ni concesiones.