Si sabes que se va a publicar un informe sobre el uso de la violencia sexual por parte de Hamás, entonces, evidentemente, es crucial inventarte una acusación aún más atroz que los crímenes reales de Hamás. Para el New York Times parece haber sido fundamental difundir una mentira para anular o bloquear cualquier simpatía o comprensión hacia los israelíes
Douglas Murray*
Nicholas Kristof violó a mi perro. Al menos eso es lo que he oído de una fuente anónima. Una fuente que es intensamente hostil a ese columnista del New York Times. Y con eso me basta. Ahora que lo pienso, mi pug ha tenido una expresión extraña últimamente.
Resulta que el rumor que acabo de intentar difundir es mucho menos sensacionalista y fantasioso que el que The New York Times decidió difundir por todo el mundo la semana pasada. En un artículo que ya ha sido ampliamente desmentido, Kristof afirmó que los guardias de prisiones israelíes utilizan habitualmente la violación como método de tortura contra los prisioneros palestinos. El artículo retrató a los guardias y soldados israelíes como violadores, sádicos y similares a los guardias de los campos de concentración nazis. Quizá incluso peores.
La afirmación más grotesca de Kristof se basa en una fuente anónima, descrita como un «periodista» de Gaza. Según esa fuente, mientras estaba detenido en una prisión israelí en 2024, el hombre de Gaza fue desnudado, vendado y esposado. Luego, “llamaron a un perro”. El adiestrador del perro —quien, convenientemente, se dice que hablaba hebreo— animó al animal a “montarlo”. La “fuente” afirma además que “intentó apartar al perro, pero este lo penetró”. Durante ese tiempo, los guardias israelíes supuestamente tomaban fotos y filmaban la agresión mientras reían y se burlaban.
Cientos de judíos protestaron frente a la sede de The New York Times por el artículo de Kristof. El gobierno israelí ha anunciado que demandará al diario por lo que califica como un libelo de sangre
(Foto: jns.org)
Al igual que otros periodistas, he dedicado demasiado tiempo esta semana a leer la bibliografía pertinente sobre esta afirmación. El historial de búsqueda de mi computadora probablemente sea ahora tan sospechoso como el de Kristof.
Cualquier persona normal se daría cuenta de que esa historia no supera la prueba más básica de credibilidad. Es el tipo de afirmación que alguien haría solo si quisiera retratar a sus enemigos como monstruos absolutos, enemigos de la humanidad: untermensch.
Resulta que, si se examina la bibliografía pertinente, se constata que no existe absolutamente ninguna evidencia de que los perros puedan ser entrenados para violar y penetrar a seres humanos. No existe un solo caso —ni uno solo— de un adiestrador de perros que haya convertido a un canino en una máquina de violar.
Así pues, llegamos a la verdadera pregunta: ¿Por qué alguien haría tal afirmación? ¿Y por qué un periódico supuestamente serio la publicaría?
Si los judíos son capaces incluso de convertir perros en violadores, ¿por qué no se congregarían multitudes frente a las sinagogas de Nueva York? ¿Por qué no demostrarían su indignación «activistas» enmascarados acosando a niños judíos en las calles de esa ciudad? Después de todo, las personas contra las que se enfrentan son singularmente malvadas. ¿Verdad?
Las razones son varias. La primera es que el artículo del New York Times se publicó justo un día antes de que apareciera un anunciado informe sobre el uso de la violencia sexual por parte de Hamás el 7 de octubre de 2023. Muchos de nosotros no necesitábamos más pruebas de los crímenes de ese día. Pero la publicación de la comisión de investigación detalla sin evitar ningún detalle el uso “sistemático y generalizado” de la violación por parte de Hamás, y la forma en que la violencia sexual fue “integral” en su ataque. Expone la forma sistemática en que los terroristas de Hamás violaron a hombres y mujeres ese día, y después violaron a los rehenes israelíes —hombres y mujeres— mientras estaban cautivos en Gaza.
Los hallazgos incluyen grabaciones, descripciones de testigos presenciales, y fotografías de la morgue que muestran cómo miembros de Hamás violaron en grupo a mujeres mientras las asesinaban, e incluso violaron a sus víctimas después de matarlas. Es imposible imaginar crímenes peores que los que Hamás cometió ese día.
A menos que tú seas Nicholas Kristof.
Porque si sabes que se va a publicar un informe sobre el uso de la violencia sexual por parte de Hamás, entonces, evidentemente, es crucial inventarte una acusación aún más atroz que los crímenes reales de Hamás. Para el New York Times parece haber sido fundamental difundir una mentira para anular o bloquear cualquier simpatía o comprensión hacia los israelíes.
Efectos inevitables de la intensa campaña antisemita: la policía tuvo dificultades para detener una violenta manifestación de personas enmascaradas que golpearon a numerosos judíos, incluyendo mujeres y niños, frente a una sinagoga de Brooklyn el pasado 11 de mayo
(Foto: Yahoo News)
El New York Times acusó a varias personas de antisemitismo el año pasado, a veces con razón, a veces no. Pero ninguna de las peores cosas que Tucker Carlson o Nick Fuentes jamás hayan dicho se acerca siquiera a la mentira que el New York Times ha publicado en sus páginas. Un periódico que se declara contrario a las teorías de la conspiración acaba de popularizar la teoría más repugnante imaginable.
Y consideren las consecuencias.
El efecto es presentar a los soldados y guardias de prisiones del Estado judío como seres singularmente malvados, singularmente repugnantes y singularmente inhumanos.
¿Qué no haría alguien para expresar su repugnancia hacia tales personas? Si los judíos son capaces incluso de convertir a perros en violadores, ¿por qué no se congregarían multitudes frente a las sinagogas de Nueva York? ¿Por qué no demostrarían su indignación «activistas» enmascarados acosando a niños judíos en las calles de esa ciudad? Después de todo, las personas contra las que se enfrentan son singularmente malvadas. ¿Verdad?
De hecho, he estado en las prisiones donde se encuentran recluidos los terroristas del 7 de octubre que fueron capturados vivos. A lo largo de los años, he estado en muchas de las prisiones donde se detiene a yijadistas como ellos. He estado en prisiones estadounidenses e iraquíes donde han tenido recluidos a miembros de al-Qaeda. Y las circunstancias en las que Israel mantiene a los terroristas del 7 de octubre son exactamente iguales.
Estoy seguro de que todos podemos esperar con interés el próximo artículo del New York Times reflexionando sobre el inexplicable aumento del odio hacia los judíos en Estados Unidos. Puede que descubran que las causas están más cerca de lo que creen
Son condiciones precarias y desagradables. Pero eso se debe a que los israelíes tienen prisioneros que, literalmente, querían morir, además de matar, cuando invadieron el sur de Israel. En prisión usarán cualquier cosa que encuentren para matar a sus guardias.
Pero estas condiciones distan mucho de las mentiras que Kristof y el New York Times decidieron publicar sin pruebas.
Algunos esperarán que el Times se retracte de su artículo. Pero lo dudo. Un amigo de la Fuerza Aérea de EEUU me describió ayer el proceso que siguió cuando ese diario publicó un artículo que afirmaba que él y sus compañeros habían bombardeado funerales en Afganistán. No había pruebas de ello. Pero cuando mi amigo intentó señalar esto al Times, descubrió que las personas encargadas de corregir los errores eran las mismas que los habían escrito.
Mientras tanto, estoy seguro de que todos podemos esperar con interés el próximo artículo del New York Times reflexionando sobre el inexplicable aumento del odio hacia los judíos en Estados Unidos. Puede que descubran que las causas están más cerca de lo que creen.
*Douglas Murray es periodista con experiencia en numerosas zonas de guerra, incluyendo la Franja de Gaza.
Fuente: New York Post (nypost.com).
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita.