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PÁGINA DOS

Leer para creer

Sami Rozenbaum, Director NMI

I srael se encuentra en un conflicto latente con varios de sus vecinos, incluyendo a la Autoridad Palestina de Cisjordania, pero cuando se trata de atención médica ese conflicto se hace a un lado.

Varios familiares de líderes árabes han sido atendidos en centros médicos israelíes, incluyendo parientes de Ismail Haniye, dirigente del grupo terrorista Hamás, cuyo objetivo jurado es destruir a Israel. Ahora le tocó el turno al hermano del presidente de la AP, Mahmud Abbas.

Como informa el diario Aurora, Abu Louai, a quien se ha diagnosticado un cáncer, vive en Catar, pero a pesar de tener a su disposición los lujosos hospitales de los emiratos del Golfo Pérsico prefirió trasladarse a Tel Aviv para internarse en el Centro Médico Assuta, el mismo donde también fueron atendidos recientemente la esposa y un cuñado de Abbas. Todo esto se maneja de bajo perfil, pero el secreto se difundió.

Aurora relata que hace seis meses, mientras comenzaba la última escalada de violencia, un cuñado de Abbas fue internado en Assuta para una operación del corazón que le salvó la vida.



P or otra parte, una mujer de Dubai que estaba viajando de Jordania a Cisjordania entró repentinamente en trabajo de parto; un funcionario de las Fuerzas de Defensa de Israel que se encontraba en el paso fronterizo del Valle del Jordán la atendió de emergencia, y luego la acompañó hasta un hospital de Jericó. Tras dar a luz sin problemas, la mujer decidió dar a su hijo el nombre del soldado de Tzáhal, Hadi. El militar pertenece a la minoría drusa.

Es común que los servicios médicos de emergencia de la región, tanto de Tzáhal como civiles, atiendan a los habitantes árabes de Cisjordania. Según señala el portal United with Israel, suele suceder que estos puestos destinados a la población israelí atiendan más árabes que judíos.


Adiós a José Francisco Rangel

Esta semana nos dejó, inesperadamente, José Francisco Rangel, jefe de Distribución de Nuevo Mundo Israelita.

“El señor Rangel”, como lo llamábamos con afecto, trabajó durante casi cuatro décadas en esta institución, primero como motorizado y luego, desde hace 26 años, como el encargado de una actividad clave: gestionar cada semana la clasificación, ensobrado y envío del periódico a los hogares de nuestra comunidad, labor que cumplió con admirable responsabilidad y constancia.

Gracias a su larga experiencia y a haber desempeñado este rol durante un cuarto de siglo, Rangel conocía como pocos a nuestra kehilá y los nombres de muchos de sus integrantes. Eso lo convirtió en un apoyo fundamental para los directores del semanario con quienes trabajó, es decir, casi todos. Además, su memoria prodigiosa le permitía narrar anécdotas sobre los pormenores de la historia de la comunidad.

La noticia de su repentina desaparición, ocurrida durante uno de los tantos episodios de inseguridad que caracterizan nuestra triste realidad nacional, se regó en forma instantánea a través de Facebook. Estas son algunas de las expresiones que testimonian el cariño que el señor Rangel se granjeó entre nosotros.

“Lo conocí a finales de los años 80, cuando él era uno de los motorizados que llevaba el periódico a las casas, siempre a las orden de Eleazar Moncada. José Francisco siempre tenía una sonrisa y su mano extendida para un apretón amistoso. Era de esas personas que uno apreciaba, a pesar de que uno no desarrolla una amistad profunda. ¡Lleno de agradecimiento por tu trabajo, descansa en paz, José Francisco!”

Néstor Garrido


“Era una persona súper especial. Yo entré a trabajar en el periódico en 1979 ¡y ya él era toda una institución! Qué terrible y qué tristeza”.

Judith Crosignani


“Era un señor, todo un caballero”.

Diana Ponte Benatar


“Se nos fue Rangel, un hombre sencillo, responsable, pendiente y diligente, celoso de su trabajo, una de esas caras que poco se conocen, esas que están detrás de bastidores pero cuyo trabajo es indispensable...”

Gila Hubschmann Falcón


“Qué triste noticia. Él era parte fundamental de NMI y de nuestra comunidad. Nos vio crecer a todos. Su alegría y su ser noble quedará en nuestra memoria”.

Priscilla Abecasis

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