Un día como hoy, 4 de marzo pero de 1968, fue asesinado Martín Luther King Jr., quien fue un gran líder del movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos en una época de segregación racial profunda en Estados Unidos.
Su discurso que se hizo célebre por la frase que quedó para la historia, y que titula este artículo, fue pronunciado un 28 de agosto de 1963 en Washington, y lo reseño porque tengo una anécdota al respecto, siendo que mi cumpleaños 50 (hace un tiempito) lo pasé en esa ciudad y, como es habitual, salí temprano a correr, y en las adyacencias al Capitolio vi unas cornetas inmensas que reproducían el discurso del Dr. King, pues resulta, sucede y acontece que fue el mismo día de mi cumpleaños, tenía yo apenas 5 años de vida cuando lo dio.
A pesar de su prematura muerte, logró la igualdad legal de todas las personas en EEUU sin importar su color de piel o condición racial, con la promulgación de las Leyes de Derechos Civiles de 1964 y la Ley de Derecho al Voto de 1965, propiciando un hito histórico en una sociedad profundamente dividida en la primera mitad del siglo XX.
Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz el 14 de octubre de 1964, siendo en ese momento el más joven en recibir tamaño reconocimiento, muy merecido por haber propiciado la trasformación positiva de los cimientos de la sociedad norteamericana, rompiendo paradigmas ampliamente arraigados, que produjeron cambios sustanciales en el reconocimiento de la dignidad del ser humano para el ejercicio de sus derechos fundamentales.
Martín Luther King Jr. no solo compartió sus enseñanzas, deseos y lucha con la comunidad judía norteamericana, sino que se basó en la filosofía y ética del judaísmo en sus escritos y discursos, y se le conocieron grandes amistades con líderes de dicha comunidad como el rabino Abraham Joshúa Heschel.
El Dr. King tuvo una visión excepcional sobre el tema judío, ocupó gran parte de su tiempo para acercar los vínculos entre la comunidad afroamericana y la judía, ya que veía con preocupación una tendencia que equiparaba al sionismo con el racismo; y cuánta razón tuvo, ya que apenas a 7 años de su muerte, las mismas Naciones Unidas emitieron en el año 1975 esa aberrante resolución 3379 que equiparaba el sionismo con el racismo, y que como ha pasado también con el reciente conflicto en Gaza, tuvo que dar marcha atrás, revocando dicha resolución el 16 de diciembre de 1991 mediante la resolución 46/86.
En sus últimos años de vida, el Dr. King escribía a menudo sobre Israel. Podemos apreciar su compromiso firme y solidario, cuando en septiembre de 1967 le dirigió una carta a Adolph Held, quien fungía como presidente del Comité Laboral Judío en EEUU, en donde expuso su visión sobre el derecho inalienable del pueblo judío a vivir en su tierra ancestral en paz y seguridad con sus vecinos árabes.
En esa misiva de gran impacto, añadió y cito: “Algunos gobernantes feudales árabes descuidan la difícil situación de sus propios pueblos, por lo que la solución deberá estar en la capacidad política de Israel y las fuerzas árabes progresistas (Acuerdos de Abraham), en sintonía con las grandes potencias, en buscar las soluciones a tales problemáticas que en definitiva son asunto de toda la humanidad”.
Martín Luther King Jr. no solo compartió sus enseñanzas, deseos y lucha con la comunidad judía norteamericana, sino que se basó en la filosofía y ética del judaísmo en sus escritos y discursos
En definitiva, nuestro personaje de hoy fue un líder visionario y valiente que produjo cambios significativos positivos en la sociedad, y al mismo tiempo fue un gran aliado de la causa judía y del Estado de Israel.
Esta semana el pueblo judío celebra la fiesta de Purim, cuando hace 2500 años aproximadamente, se organizó un complot que tenía por objetivo su exterminio. Era la época del rey persa Asuero, siendo que su primer ministro Hamán lo había convencido de tamaña aberración, pero al final con la intermediación de la esposa de Asuero, la reina Ester, le explicó la manipulación y perversidad de Hamán en todo ese complot, por lo que el rey revocó la orden y fue el malvado Hamán el que pagó con su vida. Y justo estos días de Purim estamos viendo cómo los planes vociferados en forma pública y reiterada a través del tiempo por otro rey persa, devenido en Ayatola, que pregonaba la destrucción de Israel, también se desmoronaron; y así como le paso Hamán, este rey también pagó con su vida. Estamos, queridos amigos, reviviendo la historia ante nuestros ojos, en vivo y directo.
Por último, al igual que el ilustre Dr. Martín Luther King Jr., yo también tengo un sueño que estoy seguro es el sueño de la mayoría, que de una vez por todas podamos ver un mundo en donde las ideologías y/o las religiones no se quieran imponer a la fuerza, provocado guerras, exilios, dolor y sufrimiento a cientos de millones de personas a lo largo de la historia, y seamos testigos en este siglo XXI de una humanidad más humana.