Presentación efectuada en la AIV
El ingeniero venezolano Juan Tironi esperó 30 años para abrir una valija en la que su madre había escondido sus recuerdos de la guerra, y su salvación de la Shoá. Su historia fue presentada en el Museo Sefardí
Sami Rozenbaum
El pasado 8 de junio se llevó a cabo, en el Auditorio Elías Benaím Pilo de la Asociación Israelita de Venezuela, una presentación denominada “La maleta de Érika – Cómo reconstruir una historia de la Shoá”, en la que se narraron las experiencias de la sobreviviente del Holocausto Érika Reiss, y cómo fueron descubiertas por su hijo, el ingeniero venezolano Juan Tironi.
El evento fue organizado por el Centro de Estudios Sefardíes de Caracas y el Museo Sefardí de Caracas “Morris E. Curiel”, y contó con una proyección audiovisual a cargo de Néstor Garrido.
Érika Reiss era una joven nacida en 1927 en Viena, Austria, en una familia judía profundamente sionista. Cuando los nazis anexaron Austria al Tercer Reich en 1938 y comenzaron las persecuciones antisemitas, sus padres la enviaron a Francia, donde pensaron que estaría más segura. Allí fue protegida en varias localidades, junto a otras niñas y adolescentes judías, gracias a las gestiones de la organización humanitaria OSE (siglas en francés de Obra de Socorro a los Niños).
Érika Reiss son su hijo Juan Gabriel, hacia 1950
(Foto: revista Zajor/Recuerda)
Érika pasó de una a otra locación de Francia a medida que se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial, recibió un nombre falso, y finalmente vivió junto a otras once muchachas en un hotel-escuela regentado por religiosos dominicos. Allí, según escribió en su diario, recibió un trato que calificó como muy amable, además de poder estudiar y realizar actividades deportivas. A pesar de su ideología sionista, finalmente Érika, junto a la mayoría de las otras chicas, terminó convirtiéndose al catolicismo.
Tras finalizar la guerra, Érika se enteró de que sus padres y hermanos, que permanecieron en Austria, habían perecido en el Holocausto. Sola y sin tener a dónde ir tras el cierre del hotel-escuela, se trasladó a Suiza y luego a París, donde conoció a quien sería su esposo, Jean Tironi. En 1947 emigraron a Venezuela, y poco después nacieron sus hijos, Juan Gabriel y Gabriela Inés.
Érika tuvo una vida feliz en Venezuela, aunque falleció muy joven, a los 58 años, en 1985.
Durante el diálogo con el público, Juan comentó: “Si no fuera por la guerra yo no existiría”
(Foto: NMI)
Sus hijos sabían que Érika tenía origen judío, que había pasado la guerra en Francia, y que guardaba celosamente una pequeña maleta con recuerdos de aquella época, aunque rara vez mencionaba el tema y nunca revisaron la valija.
En 2015, treinta años después de la muerte de su madre, Juan —a la sazón ingeniero civil— decidió abrir la maleta. Encontró cartas en alemán, un diario en francés, textos en hebreo, un cuaderno de autógrafos con dibujos, notas musicales, e ilustraciones de un movimiento scout. Intrigado, acudió a la embajada de Austria en Caracas, pero no le prestaron mayor atención. Entonces se acercó a las instituciones judías, donde lo remitieron al Comité Venezolano de Yad Vashem.
Parte del contenido de la maleta, expuesto en el Auditorio Elías Benaím Pilo de la AIV
(Foto: NMI)
Valorando el contenido de la valija, Juan Tironi fue entrevistado por Néstor Garrido, quien publicó en 2024 un artículo en la revista Zajor/Recuerda que puede leerse aquí (a partir de la página 54). Posteriormente se descubrió que el fraile Augustin Laffay había mencionado a Érika Reiss en un libro publicado en 2019, Un siècle de vie dominicaine en Provence: Saint-Maximin et la Sainte-Baume (1859-1957).
El contenido de “la maleta de Érika” estuvo expuesto al público tras la presentación, y Tironi mantuvo un diálogo con los presentes. Se trata de un testimonio vivo de cómo, tantas décadas después de la Shoá, siguen saliendo a la luz historias de supervivencia; y cómo quienes tuvieron la fortuna de superar aquellos tiempos, a pesar de haber perdido a todos sus seres queridos, pudieron reconstruir sus vidas.
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Muy conmovedor y a la vez triste…