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    Un mensaje en Janucá

    Published by Yossi Bentolila on 8 diciembre, 2017
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    DOSSIER

    Un mensaje en Janucá

    Rachel Chocrón de Benchimol

    M is queridos lectores: sentada ante mi computadora y dispuesta a escribir algún mensaje especial para Janucá, es la primera vez en mucho tiempo que mis ideas se encuentran confusas y entremezcladas con sentimientos de tristeza, incertidumbre, y nostalgia, los cuales debo superar para estar a tono con la esencia de esta hermosa festividad de las luces y de la esperanza, llamada Janucá.

    Según leí en un mensaje de mi querida amiga Deborah Sultán, Kislev es el mes de los milagros.

    El tiempo va transcurriendo y con él, nosotros vamos pasando también. Viajamos en el tren del tiempo, y cada cierto período hay estaciones en las que debemos permanecer. Dichas estaciones contienen en sí energías que fluyen de distintas maneras y hacen que nuestra suerte se vea influenciada y afectada por este factor de fuerza espiritual.

    Estas estaciones periódicas son los meses del año del calendario judío, cuando se ha comprobado totalmente la influencia que ejercen las distintas energías sobre nosotros como yehudim, marcando el momento preciso de la suerte, buena o no según sea el caso.

    Ejemplos de momentos en que el mazal de Am Israel no es tan bueno y propicio son los meses de Tamuz y Av, cuando ocurrieron las mayores desgracias de nuestro pueblo, dejando dolor y desolación por doquier.

    Un mensaje en Janucá

    Sin embargo, ahora nos encontramos en la estación del mes de Kislev. Su energía nos promete un mazal maravilloso, dando cabida a la festividad de Janucá. Y así se renuevan las fuerzas de los nissim ve niflaot en cada año, pues no solo se trata de la historia ocurrida con los hashmonaím hace miles de años. También se trata de la posibilidad de que en nuestra actualidad sigamos luchando contra la maldad y la adversidad que nos rodean, las cuales proyectan una enorme oscuridad que todos percibimos por igual y nos afectan anímica y psicológicamente.

    Kislev es el tiempo en que la naturaleza funciona de forma irregular. Los débiles vencen a los fuertes, los pocos a los muchos, los buenos a los malos, etc. Este es el mes cuando puede revertirse la peor de las situaciones, la más difícil de cambiar, pues con la ayuda de Dios todo es posible.

    Cualquier situación, por más desesperante e imposible de resolver que parezca, puede conseguir revertirse en instantes y convertirse en una gigantesca redención.

    Solo debemos concentrar nuestras energías en lo positivo y en la idea de que todo puede ser posible, de la mano de nuestro Creador.

    Repasando un poco la historia de Janucá, nos conseguimos con el hecho de que en ningún momento de la narrativa se describe la batalla librada físicamente como tal. La guerra que se desató entre los hashmonaím contra los yebanim fue una batalla espiritual. En esa batalla se pretendía lograr que los judíos se arrollidaran, haciéndolos sucumbir ante el proceso de helenización que querían imponer los griegos a la fuerza como modelo político y social a lo largo y ancho de su reinado.

    Ante estos hechos, al referirnos a la lucha de unos pocos contra muchos, lo hacemos para resaltar que los pocos fueron aquellos judíos representados en la fuerza de los hashmonaím. No dieron su brazo a torcer y no se doblegaron frente al proceso helénico llevado a cabo por el imperio griego. Nunca cambiaron sus costumbres ni su fe y menos abandonaron su esencia dada por el estudio y cumplimiento de la Torá y de las mitzvot.

    Sin embargo y de manera triste, un número alto y significativo de judíos sí se arrodilló y perdió su voluntad ante la corriente que los arrastraba a ser como la mayoría. Se vieron inclusive alentados a luchar contra sus hermanos judíos.

    Estos últimos, aun siendo judíos, son los denominados muchos, quienes se unieron a los griegos en la lucha espiritual que pretendía hacer desaparecer la esencia judía. Así pasarían a ser parte de la sociedad homogénea, controlada por el imperio de Alejandro Magno.

    Pero a todas estas el hombre representado por uno de los imperios más poderosos de la historia universal, como lo fue el griego, no contó con la supremacía divina que decidió cambiar el destino que ya se presagiaba.

    Dios imprimió una fuerza sobrenatural en el mes de Kislev que cambió los acontecimientos de forma drástica. De era manera favoreció inesperadamente a ese pequeño grupo de hashmonaím que, con heroísmo y confianza en Hashem, se lanzó a la batalla guiada por su fe inquebrantable.

    Así la historia del triunfo de los pocos sobre los muchos se impuso como uno de los milagros de Janucá, sin olvidar la jarrita de aceite. Obtenida entre las ruinas del templo destruido, bastó para encender la menorá durante ocho días en señal de triunfo, de festejo y, sobre todo, de agradecimiento a Dios.

    Querida kehilá, queridos lectores: sirva esta historia de Janucá para llenarnos de energía positiva, aprovechando la fuerza especial que emana de este mes de Kislev. Aun en el momento más oscuro de nuestra historia privada y como comunidad, la luz de esas velitas que encenderemos próximamente en Janucá es capaz de disipar la más densa oscuridad y traernos ese sosiego que tanto necesitamos…

    Dejemos a un lado la pesadumbre, la negatividad que por desgracia nos acompañan es estos días. Pasemos el swicht hacia una realidad diferente llena de buenas vibras, ánimo y fuerzas renovadas.

    Pongamos en práctica nuestra fe con corazón y con convicción plena de que este mes de Kislev nos dará la yeshua (salvación) que tanto anhelamos conseguir…

    Repitamos en nuestras mentes una y otra vez que, con la ayuda de Dios, Kislev tiene la fuerza para cambiar situaciones inimaginables de cambiar.

    Pensemos en positivo y así atraeremos lo positivo a nuestras vidas.

    Celebremos con emuná y alegría la festividad de Janucá, respetando con esmero todas sus leyes. Esperemos confiados en que para Dios nada es imposible y el hará lo mejor con todos nosotros.

    Janucá Saméaj para toda mi querida kehilá…. Y nissim ve niflaot que veamos como en aquellos tiempos. Bayamim haem. Bazeman haze.

    ¡Amen ve amen!

    Mi agradecimiento a mis amigas, Deborah Sultán y la rabanit Goldie Slavin, por ayudarme y compartir conmigo parte de sus conocimientos.

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    Yossi Bentolila
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    1 Comment

    1. David C. Rebolledo-Vas dice:
      12 diciembre, 2017 a las 8:37 pm

      Bello y esperanzador Mensaje de Hannuká. retorno amplificados los saludos, bendiciones y buenos deseos de esta festividad de las luces y milagros en la esperanza de que este País pueda superar la coyuntura crítica que vive con la asistencia de Hashem así como lo hizo con justicia en aquel momento con nuestros antepasados. Hannuká Jameag !

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