Basado en un discurso del rabino Shlomo Wolbe*
El pueblo judío celebra varios años nuevos (discutidos al comienzo del tratado talmúdico Rosh Hashaná). Uno de esos años nuevos es el 15 de Shvat, el año nuevo de los árboles. El aspecto técnico de esto se refiere a las leyes de separar el diezmo de las frutas y a la prohibición de orlá (comer los frutos de los árboles durante los tres primeros años). La demarcación del año nuevo es cuando la savia sube en el árbol, que es aproximadamente en esta época.
La celebración de Tu Bishvat es bastante simple. La costumbre es comer algunas frutas y recitar la bendición Boré Pri Haetz (“Creador del fruto del árbol”); algunos van un paso más y recitan la bendición sobre un fruto que aún no han comido en esta temporada, para decir la bendición Sheejeyanu: “Quien me ha dado vida y me ha sustentado por otra temporada”.
También es preferible comer frutos de la tierra de Israel, o al menos de las siete especies con las que la tierra de Israel fue bendecida: trigo, cebada, uvas, aceitunas, dátiles, higos y granadas (Devarim-Deuteronomio 8:8). Algunos hasta tratan de comer quince tipos diferentes de frutas.
Aunque Tu Bishvat es una festividad relativamente menor, hacemos más en ella que lo que hacemos en los otros años nuevos mencionados en el Talmud (exceptuando Rosh Hashaná, cuando hacemos sonar el shofar, etc.). Entonces, ¿cuál es la idea espiritual de Tu Bishvat?
Durante todo el exilio, ya sea soportando inviernos helados en Siberia o gozando del calor en la soleada Florida, los judíos siempre mantuvimos la tierra de Israel cercana a sus corazones y conciencias. Los judíos miramos hacia Jerusalén para rezar tres veces al día. Cada vez que recitamos las gracias por la comida, pedimos por la reconstrucción de Jerusalén.
De la misma forma, los judíos siempre celebramos el comienzo de la primavera en Israel. Aunque afuera todavía sea invierno y haga frío, muy dentro del árbol la savia está subiendo y ha comenzado el proceso de creación de un nuevo fruto. Igualmente, nosotros confiamos en que Dios está preparando nuestra redención, aunque en la superficie exterior todavía estemos en el amargo exilio.
(Foto: Radio Sefarad)
En la bendición que recitamos después de comer cualquiera de las siete especies, le agradecemos a Dios por la tierra amplia, buena y atractiva que dio en herencia a nuestros ancestros, para comer de su fruto y ser saciados con su bien. ¿Eso significa que todo el propósito de vivir en Israel es comer las naranjas Jaffa?
El Talmud propone la pregunta: ¿Por qué quería Moshé entrar a la tierra de Israel? ¿Era porque quería comer de sus frutos? El Talmud responde que Moshé deseaba cumplir las mitzvot que solo pueden cumplirse en la tierra de Israel.
¿De quién es la tierra? Una explicación es que nosotros solamente tenemos el derecho de comer de los frutos de Israel, de la misma manera en que uno puede vender su campo o solo los derechos para plantarlo, para que luego vuelva a su dueño original. La tierra de Israel le pertenece al Creador, quien nos da el derecho de comer de sus frutos, pero no debemos olvidar que la tierra es suya: “La tierra es mía; ustedes son forasteros y residentes conmigo” (Vayikrá-Levítico 25:23).
Esto también queda demostrado por la única mitzvá que todos los profesores universitarios respetan: el año sabático. Cada siete años nos abstenemos de cualquier actividad agrícola en toda la tierra. Al igual que shabat, al no hacer ninguna actividad creativa una vez a la semana, proclamamos que el mundo le pertenece a Dios; también proclamamos la propiedad exclusiva de Dios de la tierra mediante no plantar ni cosechar durante todo un año.
El Talmud dice que el Templo fue destruido por el pecado de no recitar la bendición por la Torá. ¡Esta parece una pequeña trasgresión en relación al castigo que recibimos!
El Baj, un comentarista, explica que mediante la recitación de la bendición por el estudio de la Torá, conectamos nuestro estudio con la fuente de la Torá, Dios mismo. Esto causa que la Presencia Divina descienda a la tierra y el suelo de Israel se santifique, lo que es absorbido por el fruto, y cuando uno lo consume inculca santidad.
Esta relación se perdió cuando el pueblo judío se negó a recitar la bendición por la Torá, y consideró su estudio como un objetivo meramente intelectual. La Presencia Divina se fue, causando la destrucción. No fueron las acciones de los romanos o los babilonios las que molieron harina que ya había sido molida; es decir, los judíos mismos ya habían causado la destrucción. Así podemos apreciar la espiritualidad que viene de los frutos de la tierra.
La lección práctica que derivamos de Tu Bishvat es que una persona es similar a un árbol (el desarrollo del feto en el útero es parecido a una planta). Los cabalistas dicen que hay cuatro niveles de vida: objetos inanimados, como la tierra y las rocas; objetos que crecen, como el mundo vegetal; objetos vivientes, como el reino animal; comunicadores, como los seres humanos.
Un ser humano tiene aspectos de todos los niveles. La gente tiene motivaciones puramente físicas (vegetal), desea tener vidas confortables (animal), capacidad intelectual (humano), más un nivel espiritual.
Los árboles crecen continuamente desde la semilla, hasta que mueren. Esta comparación nos enseña que una persona también debe continuar creciendo, porque de lo contrario se estanca, lo que es especialmente cierto en el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot.
Moshé compara la Torá con el agua: “Que mis enseñanzas fluyan como lluvia” (Devarim-Deuteronomio 32:22). ¿Qué crece del agua de la Torá? ¡La persona misma! Un árbol no deja de crecer desde el momento en el que la semilla germina hasta que muere. Por lo tanto, un árbol ejemplifica el crecimiento constante y firme. Así también el hombre debe permanecer creciendo. La peor actitud es matar el tiempo: matar el tiempo es un suicidio.
Nuestra permanencia en este mundo es muy limitada, y debemos conseguir el máximo. Un gran rabino comenzó publicando libros a la edad de noventa años, los cuales se convirtieron en best sellers en el mundo judío. ¡La vida comienza a los noventa! Algunos de nuestros líderes más grandes estaban bien avanzados en edad mientras sostenían al pueblo judío sobre sus hombros.
Vivir con vitalidad y logros refleja la felicidad asociada con el crecimiento. Como concluye el rey David en el Salmo 92: “El recto continuará dando frutos en la ancianidad con frescura y vitalidad”. Esto testifica que nuestra esperanza yace en el Eterno.
Veamos cómo funciona una semilla: cuando uno planta una semilla primero se pudre y luego germina, hasta que eventualmente se obtiene un florecimiento y luego el fruto.
El ateo le preguntó a un sabio: “¿Cómo puedes creer en la resurrección de los muertos? ¿No puedes ver que el cuerpo está completamente descompuesto? ¿Cómo podría volver a vivir?”. El sabio contestó que es lo mismo que una semilla: “Plantamos el cuerpo de los muertos en el suelo y el resultado emergerá en la resurrección final”.
Rabí Akiva comparó a los judíos con los peces que están tratando de evitar la red del pescador. Un zorro invitó a los peces a que salieran a la tierra para resguardarse. Un pez le respondió: “Si estamos en peligro en el agua, que es nuestra fuente de vida, si somos removidos de ella seguramente estaremos sepultados”. De la misma manera, la Torá es la fuente de vida del pueblo judío.
Cuando uno planta una semilla en suelo fértil y agrega agua, debe darle tiempo para crecer. Si se remueve la semilla todos los días para evaluar su progreso, puede que nunca crezca. Igualmente, nosotros debemos conectarnos con nuestras raíces judías, nutrirnos de nuestra fuente de vida, la Torá, y crecer a través de logros como individuos y como nación. Esta es la lección de Tu Bishvat.
Cuando comas de las frutas en Tu Bishvat, piensa en la tierra de Israel y en la conexión entre el pueblo judío y su tierra. Cuando recites la bendición sobre el nuevo fruto, agradécele a Dios por la vida y piensa en el poder de crecimiento en la fruta, en la Torá y en todas las personas.
*Rabino nacido en Berlín y fallecido en Jerusalén (1914-2005).
Autor de Alei Shur, un clásico de musar que analiza el crecimiento en lo que respecta a los estudiantes del Talmud.
Fuente: aishlatino.com.
Versión NMI.